Archive for enero 2006

¿Por qué una Revolución Energética en Cuba?


Por István Ojeda Bello
¿Qué tiene en común las ollas arroceras y un trabajador social en la cabina de camión cisterna de combustible? ¿Qué relación puede haber entre el cambio de los bombillos incandescentes por los ahorradores y el precio del petróleo? A veces el torrente de información publicada a diario y las múltiples opiniones de diverso sello político hacen que se pierda un poco la esencia de asunto.
Los análisis más superficiales se limitan a ponderar el evidente mejoramiento de las condiciones de vida de la población. Si mañana cada familia cubana tuviera un automóvil: ¿no se mejoraría su nivel de vida? Probablemente sí, pero igual continuarían los apagones y con seguridad la hipotética mejoría seria transitoria y con nefastas consecuencias políticas para el prestigio de la Revolución.
Si estudiamos con detenimiento todas las medidas que ha tomado Cuba en los últimos dos años y que Fidel bautizó como Revolución Energética veremos se dirigen a un objetivo único: elevar el nivel de vida del pueblo, sí, pero optimizando al máximo el consumo de combustible del país.

Una razón petrolera
Algunas reflexiones sustentan esta afirmación. Primero examinemos el escenario. Hasta al momento Cuba ha tenido un Sistema Electro-energético apoyado en las grandes termoeléctricas que en muchos casos debían llevar la electricidad al extremo opuesto del país a través de redes deterioradas.
Por toda la geografía cubana funcionan decenas de miles de aparatos electrodomésticos, cocinas y luces altamente consumidoras de electricidad.
La crisis económica de los 90 favoreció el crecimiento de un lucrativo mercado negro de combustible para cocinar, así como la construcción y venta clandestina de toda clase de inventos" cubanísimos" para satisfacer la permanente demanda de la población de alternativas para la cocción de los alimentos.
¿Consecuencias?: El Estado se ve forzado a dedicar más del sesenta por ciento de sus ingresos a las importaciones de petróleo, del cual más de la mitad se quemaba en las termoeléctricas para producir electricidad. Algo así como echar dinero permanentemente en un pozo sin fondo.
En estas condiciones, varios hechos hicieron insostenible la situación. Una grave rotura en la termoeléctrica Antonio Guiteras de Matanzas; el paso de al menos tres huracanes en las dos últimas temporadas; y por último el asenso a niveles exorbitantes del precio de petróleo.
¿Cuál fue el resultado?: 122 días de apagones entre el verano del 2004y el verano de 2005. Las soluciones "clásicas", entiéndase construir nuevas centrales termoeléctricas o llevar el gas licuado hasta todas las cocinas de Cuba, solo serían posibles si mañana descubriéramos el cuerno de la abundancia.
Si recordamos nuestro reflexión inicial entonces todo lo ocurrido después tiene sentido. ¿Cómo es posible hacer más eficiente el consumo de combustible en Cuba y la mismo tiempo elevar la calidad de vida de los cubanos? Evidentemente hubo que actuar sobre el principal abismo adonde iban apara la mayoría de los barriles del crudo: generar electricidad.
Resolver este punto crítico con soluciones definitivas significa atar todos los cabos sueltos. Romper la dependencia de las grandes termoeléctricas que demostraron una fragilidad extrema ha requerido una estrategia integral. Cambiar el sistema de raíz por eso hablamos de una Revolución porque se transforma desde la base.

Atando cabos
Cuba comenzó por el corazón del sistema: la producción de la electricidad. Se van instalando grupos electrógenos por todo el país. La capacidad conjunta de estos equipos equivale a construir casi cuatro termoeléctricas como la Antonio Guiteras de Matanzas, la más grande del país.
Cuando concluya la instalación del equipamiento Cuba producirá 1320Mega Wats / hora de electricidad, se habrá ahorrado mil 700 millones de dólares en inversión, seis años de trabajo y, diariamente, al menos 40 toneladas de petróleo.
Sin hablar de que solo se perderá un 10 por ciento de la energía al disminuir la distancia a la que debe transmitirse la electricidad. Al mismo tiempo evitamos que Pinar del Río, por ejemplo vuelva a quedarse a oscuras tras el paso de un huracán.
Ahora, esto no tendría sentido sino corregimos el otro extremo del cable lo que significa cerrar varias fugas de combustible. Ahí es donde entra en escena el grupo de dispositivos eléctricos para cocinar o de iluminación, así como los aparatos electrodomésticos. Todos con el denominador común de que consumen comparativamente mucha menos electricidad que sus "primos" de fabricación soviética o nacidos de la "creatividad" de algún vendedor clandestino.
Simultáneamente el Estado refuerza sus acciones para eliminar el robo de combustible en el sistema de refinación y distribución del mismo. Una ofensiva cómo esa hubiese sido estéril si al par no se eliminaba la demanda doméstica de queroseno para los fogones.
Las declaraciones de un campesino habanero pueden ser ilustrativas. El agricultor quien recibe mensualmente 40 litros de fuel oil para su tractor, aseguró en un investigador que 25 litros iban a parar a su cocina. ¿Qué tu harías si teniendo en cuenta los kilómetros que recorre tu tractor dispusieras de menos combustible?, se le preguntó en una encuesta. Seguiría usando los 25 para cocinar, dijo. Una determinación semejante solo puede cambiar promocionándole otra opción para preparar sus alimentos y eso es precisamente lo que está haciendo el Estado con la venta de hornillas eléctricas.
Otro de los flancos cubiertos se relaciona con el pan y el agua. Más de100 mil motores mueven el agua de los acueductos cubanos, la mayoría de ellos envejecidos y devoradores de electricidad, los cuales serán gradualmente sustituidos por otros más eficaces.
Casi mil panaderías del archipiélago operan sus equipos con diésel. ¿Qué tiene que ver el diésel con la harina y con el pan?, se preguntó Fidel en su discurso del 17 de enero. Nuevamente se "matan dos pájaros de un tiro": se disminuye el consumo de combustible y se elimina otro de los proveedores del mercado negro del este producto.
La integralidad de la Revolución Energética cubana es evidente cuando se conoce que los planes gubernamentales también comprenden la reparación de la cablería que llega a cada uno de los hogares reduciendo todavía más las interrupciones, las oscilaciones del voltaje y las pérdidas de energía por la mala calidad de las redes eléctricas.
Incluso se busca sustituir el consumo de petróleo mediante la utilización del gas acompañante de los pozos de crudo nacional. Próximamente entrarán en servicio nuevas turbinas de gas y motores de ciclo combinado de gas y crudo nacional, aportando un total de casi medio millón de kilo/Watts. También se emprenden programas de desarrollo de energía limpia como la eólica y la solar.
No se puede dejar pasar por alto que todo el esfuerzo descrito se hace protegiendo a los sectores de menos ingresos mediante el subsidio de los precios y las facilidades de pago.
La Revolución Energética de Cuba no es una campaña transitoria ni demagogia política. Estamos en presencia de, probablemente, uno de los esfuerzos más planificados y consientes que haya hecho nación alguna para elevar el nivel de vida de su población consumiendo el combustible de manera racional y económica.
lunes, 30 de enero de 2006
Posted by Unknown

La Inteligencia cubana en el asesinato de Kennedy: Una fábula perversa

Por István Ojeda Bello
Un documental que involucra a los Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba en el asesinato de Kennedy ha revivido de la peor manera al magnicidio de Dallas.

Otra vez se lanza al ruedo la fábula de una Cuba conspirando para eliminar al presidente estadounidense. Para los cubanos de la Isla, mencionar la idea resulta poco más que risible, sin embargo quienes orquestan una historia semejante piensan en el público estadounidense, habitualmente sometido a todo tipo de campañas desacreditando a la Revolución Cubana.

Conspiración

Varias investigaciones, tanto las gubernamentales como desde la prensa, han demostrado fehacientemente que el asesinato del presiente John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1963, fue el resultado de una conspiración entre la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la mafia y los exiliados contrarrevolucionarios cubanos.

Las indagaciones del Senado mediante el Comité Especial, presidido por el congresista afroamericano Louis F. Stokes; las revelaciones hechas por los periodistas Drew Pearson y Jack Anderson y las investigaciones de los más reconocidos expertos de la inteligencia cubana, como el general Fabián Escalante; todas han demostrado que la muerte de Kenedy beneficiaba tanto a la comunidad de inteligencia de Estados Unidos como a la derecha contrarrevolucionaria cubana, pero en modo alguno al gobierno cubano.

En primer lugar la CIA sabía que su prestigio ante el presidente había salido bien deteriorado tras los fracasos del desembarco en la Bahía de Cochinos en 1961 y la Crisis de los Misiles en 1962. De cierta forma JFK, antes de asumir la presidencia, había idealizado a la inteligencia de su país, al punto de considerarla infalible. No por gusto en la primera reunión del Consejo de Seguridad Nacional tras la catástrofe de abril de 1961, había exclamado colérico: “cada uno de estos hijos de perra (y señaló a los oficiales de la CIA) me aseguró que la operación sería un éxito”. Además poco después había dicho a su colaborador Clark Clifford: "algo muy malo ocurre dentro de la CIA y quiero saber qué es. Quiero hacer mil pedazos a la CIA y esparcirlos a los cuatro vientos".

Es perfectamente lógico entonces, encontrar a varios de los oficiales de la CIA encargados de la Operación Pluto (la invasión de 1961), involucrados en la muerte del mandatario entre ellos: David Atlee-Philips, Richard Helms, supervisor entonces de las operaciones anti cubanas, al general Cabell, ex vicejefe de la CIA, sin olvidar a Frank Sturgis, quien más tarde fuera jefe de los “plomeros” del Watergate.

Desde luego eran los exiliados cubanos los más molestos con Kennedy. Se consideraban “traicionados” tanto en Girón como en octubre de 1962. Además ellos y sus jefes de la CIA, estaban al tanto de los contactos que había iniciado el presiente Kennedy con el gobierno cubano para establecer un “modus vivendis” entre ambos países.

En este sentido se produjeron reuniones entre emisarios de Kennedy y Ernesto “Che” Guevara en Uruguay en 1963. En los previos a su muerte, el presidente encargó a William Atwood evaluar con representantes cubanos en Naciones Unidas la posibilidad de normalizar las relaciones. El delegado cubano en esas conversaciones fue Carlos Lechuga, entonces embajador en la ONU. El asesor de Seguridad de Kennedy, McGeorge Bundy, manifestó que el Presidente quería a su regreso de Dallas un informe sobre la marcha de esas pláticas. Por si todo esto fuera poco, justamente el día del magnicidio, el Primer Ministro de Cuba, Fidel Castro, se entrevistaba en Varadero con un periodista francés, el cual tenía previsto luego tener una conversación similar con el inquilino de la Casa Blanca.

La más remota posibilidad de que Estados Unidos estableciera una convivencia con Cuba, sin que ello significara derrocar al gobierno de la isla espantaba a los exiliados anticastristas.

El ya mencionado Comité Especial del Senado, por ejemplo, estableció claramente los nexos existentes entre Lee Harvey Oswald, la organización Alpha 66 y la llamada Junta Revolucionaria Cubana (JURE) que integraban, entre otros: Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, los hermanos Guillermo e Ignacio Novo Sampol, Eladio del Valle, Jorge Mas Canosa, a quienes se les vio en Dallas antes y después del 22 de noviembre de 1963.

Los hilos de la industria de la contrarrevolución nos conducen a otros de los interesados en quitar del medio al primer presidente católico de Estados Unidos: la mafia.

Santos Trafficante, Sam Giancana y John Roselli tenían estrechas relaciones con el exilio anticubano. Vínculos establecidos desde los años del dominio de las familias mafiosas en La Habana. Tal era el odio hacia la Revolución Cubana que cuando la CIA le propuso a Santos Trafficante, 250 mil dólares para asesinar a Fidel Castro, el capo contestó. “A Castro lo matamos gratis”. Poco antes de ser asesinado, John Roselli, dijo al columnista Jack Anderson, que cubanos de la banda de Trafficante habían participado en el magnicidio en Dallas.

Sencillamente una estupidez

Analizar desde la real politic el asesinato de Kennedy es suficiente para demostrar que Cuba era la menos interesada en inmiscuirse en una operación que terminara con la vida del presidente.

La Habana estaba dispuesta a negociar, de lo contrario no hubiera mostrado atención y respeto a los tanteos desde la Casa Blanca. Además, promover una acción semejante solo hubiera agravado la ya tensa situación entre ambos países. Cuba sería la primera acusada y la realidad posterior demostró que sin mover un dedo, el G-2 cubano fue incluido entre los sospechosos.

Razones de principios impiden a la seguridad cubana usar el asesinato político contra el adversario. De lo contrario terroristas como Luis Posada Carriles u Orlando Bosh no hubieran llegado a la tercera edad.
martes, 10 de enero de 2006
Posted by Unknown

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