martes 19 de agosto de 2008

El 2042 y la unión más perfecta

Por Eliades Acosta Matos
Enviado por cuba-coraje@googlegroups.com

En medio de una contienda electoral como la que tiene lugar en los Estados Unidos, donde uno de los virtuales candidatos a la Presidencia es negro, no es de extrañar que el tema racial vaya colándose de contrabando en las opiniones de los periodistas y analistas, aún cuando todos juren que esa no es su intención. Porque, claro, se trata de un tema políticamente incorrecto, de esos que no es bien visto y que es temido, como si fuese capaz de destapar los odios del pasado, suponiendo que estos sean, realmente, un asunto circunscrito a la historia.

Al racismo de la sociedad norteamericana se le esconde en los aposentos más retirados de la mansión común, como haría una familia bien con la loca de la casa. No se quiere siquiera admitir que existió y existe, que lo sigue reflejando en las leyes anti-inmigrantes y en el muro que se construye en la frontera con México, en momentos en que el mismo candidato negro a la Presidencia acaba de irse a Berlín a hablar de libertad e igualdad de oportunidades, y a felicitar a los alemanes por haber hecho añicos el muro que dividía a esa ciudad.


En los años más duros de la Guerra Fría, un genio del pensamiento estratégico neoconservador llamado Albert Wohlstetter escribió, por encargo del gobierno, tres artículos para profundizar en las causas del creciente malestar y confrontación alrededor de la cuestión racial en los Estados Unidos, que tenían al país al borde de una guerra civil, agregando otro frente, esta vez interno, al de la catastrófica guerra de Vietnam. En "Metaphors and Models: Inequalities and Disorder at Home and Abroad", del 27 de agosto de 1968, Wohlstetter planteaba, sin tapujos:


"Nuestras inequidades internas, tanto como los desórdenes civiles asociados a ellas, afectan nuestras relaciones con el Tercer Mundo, y también con nuestros aliados europeos. Los desórdenes raciales y la violencia sugieren una inestabilidad en el gigante americano, del cual Europa depende para su protección nuclear. La inequidad, que es la raíz de la violencia, afecta nuestro ejemplo ante el mundo"


Las medidas que sugería hace cuarenta años Wohlstetter para resolver este problema de imagen exterior y de relaciones públicas de su país, por supuesto que no iban dirigidas a atacar las causas profundas, más clasistas que raciales, que producían esas "inequidades", que a su vez generaban la violencia racial. Jamás lo haría un neoconservador empeñado, ya se sabe, en preservar a toda costa el status quo. "Intentar desconectar nuestros problemas internos de los externos-era la primera recomendación-…y alentar el crecimiento de una clase media entre los negros"-era la segunda.


Hay que reconocer que el establishment paga bien a especialistas como Albert Wohlstetter, y que en consecuencia, suele tomar en serio sus recomendaciones. Transcurridos cuarenta años, más que molestarse por el éxito o ascenso social de personas pertenecientes a las minorías, lo alienta, en el entendido de que una clase media con tales orígenes vale su peso en oro, no solo a los efectos de desmentir la acción del racismo en Norteamérica, sino también para que actúe como estado-tapón conservador entre quienes participan de las ganancias de la explotación y son recompensados, y las mayorías que siguen en la misma situación de exclusión, marginalidad, violencia y desesperanza de los tiempos de Wohlstetter. ¿Acaso Condoleeza Rice, Colin Powell, Barack Obama, Tiger Wood y Armstrong William, por citar solo el caso de los negros, no lo evidencian?


Pero he aquí que Wohlstetter propone y la historia dispone. Un reciente artículo de Sam Roberts, publicado el pasado 14 de agosto en "The New York Times", bajo el título de "En una generación las minorías podrían ser las mayorías en USA", anunciaba que… "en el 2042 los norteamericanos que se identifican como hispanos, negros, asiáticos, indios americanos, nativos de Hawai y otras islas del Pacífico, de conjunto, superarán a los blancos no hispanos. Hace cuatro años se había pronosticado que esto ocurriría en el 2050."


En el censo de 1790, la población blanca en los Estados Unidos representaba el 64%. En el 1909, tras la avalancha de inmigrantes europeos de fines del Siglo XIX y principios del XX, nueve de cada diez norteamericanos era blanco. Según las investigaciones del Census Bureau Projections, en las que se basa Sam Roberts para su artículo, "… en el 2023 la mayoría de los menores de 18 años, y en el 2039, de los norteamericanos en edad laboral, serán de las minorías…" No creo que las clases medias prefabricadas, de esos mismos segmentos poblacionales de que hablaba Wohlstetter como garantes de la perpetuación del sistema, puedan crecer a ese mismo ritmo. A menos que algo revolucione las raíces profundas de la exclusión, la marginación y las diferencias de oportunidades presentes en la sociedad norteamericana, los descontentos crecerán a un ritmo arrollador con respecto a los encargados de mantenerlos a raya con la utopía de que todos pueden alcanzar el sueño americano.


No exagero al hacer el anterior análisis. La situación actual de las minorías en los Estados Unidos, a pesar de la manera hipócrita en que un sistema profundamente racista intenta vendernos una imagen renovada, ha sido reconocida por el propio Barack Obama el pasado 18 de marzo, durante su discurso más acabado sobre este tema, pronunciado en Filadelfia y conocido como "A More Perfect Union". Entonces Obama fue inusualmente claro, demostrando que a pesar de los esfuerzos de la familia bien por disimular su existencia, la loca de la casa sigue viva:


"En las comunidades blancas, el logro de una unión más perfecta significa reconocer que lo que ha dañado a la comunidad afro-norteamericana no existe sólo en las mentes de los negros; que el legado de discriminación, y los incidentes de discriminación actuales, aunque con menos frecuencia que en el pasado, son reales y deben ser enfrentados, no solo con palabras, sino mediante acciones, como por ejemplo, invirtiendo fondos en nuestras escuelas y en nuestras comunidades, garantizando nuestros derechos civiles y juicios justos en nuestras cortes; brindando a las presentes generaciones oportunidades de que no dispusieron las precedentes. Eso exige de todos los norteamericanos que no cumplan sus sueños a expensas de mis sueños; y que destinar fondos para la salud, la seguridad social y la educación de los niños de todas las razas ayudará a la prosperidad del país."


El pasado 21 de junio, en el diario Las Américas de New York, un señor llamado Marcos Antonio Ramos publicó un curioso artículo titulado "Obama y Cuba". En él, asombrosamente y desdiciendo lo reconocido por el propio candidato demócrata, se tilda a las criticas al racismo en los Estados Unidos como "propaganda anti-norteamericana", algo así como el fruto de una campaña de calumnias urdidas en medio de alguna de las fantasmales conspiraciones que Franco denunciaba cada cierto tiempo en España, y a las que denominaba como "judeo-masónicas-bolcheviques". La manipulación del Sr.. Ramos no tiene desperdicio. "El discurso oficial cubano hace énfasis en la discriminación racial en los Estados Unidos, -afirmó-… pero ahora se trata de la Casa Blanca, y no puede imponerse ya un límite a las lógicas aspiraciones de una persona de la raza negra en Estados Unidos o el mundo. La propaganda anti-norteamericana recibiría un golpe devastador en todas partes, incluyendo a Cuba…"


En efecto, más que curiosa esta lógica del Sr.. Ramos: tal parece que las denuncias contra el racismo y los racistas norteamericanos provienen de una línea oficial cubana, y no de la más palpable realidad norteamericana. Tal parece que se trata de una campaña de mentiras anti-norteamericanas, y no de los testimonios de problemas que siguen siendo tan agudos como para que Barack Obama, un estilista de la evasión y la espuma discursiva, se viese obligado a abordarlos con toda crudeza en un discurso especialmente dedicado a ello, moviéndose, como es natural, en el filo de la navaja de una opinión pública que sigue divida alrededor del tema, casi igual que en los tiempos -para unos, benditos- de la Confederación y Jefferson Davis. Y lo más curioso en este razonamiento algo tontorrón del señor Ramos: de ser proclamado Presidente de los Estados Unidos un negro, eso significaría que se habrá decretado extinguido al racismo y a los racistas de ese país.


Lo que vale la pena es enlazar esa posibilidad, sin dudas real, con los cambios demográficos ya en marcha, y los efectos de la propia lucha del pueblo norteamericano, y especialmente de sus minorías, contra los racistas y el racismo. Lo que vale la pena recordar al Sr. Ramos es la derrota del apartheid sudafricano, amamantado por el mismo imperialismo que hoy promueve a un representante de la clase media negra por la que clamaba hace cuarenta años Albert Wohlstetter, como candidato a la Presidencia de su país; y que esta derrota ocurrió a manos de los descendientes de los esclavos africanos, llevados a una islita del Caribe, junto a luchadores de Angola, Sudáfrica y Namibia. Y si queremos hablar del "representante de la etnia negra o mestiza de mayor importancia en la historia política de la Humanidad", título casi nobiliario con el que identifica el seráfico Sr. Ramos a Barack Obama, conviene también recordarle un nombre que sí es un símbolo inspirador en estas lides y no el fruto de los consejos de George Clooney como asesor de imagen del candidato demócrata: el de Nelson Mandela.


Para disgusto de los eternos muñidores del imperialismo, y de sus estrategas más lúcidos, no será el verbo fácil ni las promesas de un candidato presidencial norteamericano los que garantizarán esa "unión más perfecta", sin dudas, deseable, sino los procesos demográficos en marcha y el avance de la lucha de las minorías por sus derechos.


Habrá que ver si llegado el 2042 esos mismos hipócritas seguirán intentando negarle al mundo la existencia, atormentada y trágica, de la loca de la casa, como han hecho hasta el presente.

Un paréntesis para la paternidad


Hago un alto en la lucha cotidiana para compartir con el mundo la alegría de la parternidad. Mi niña vino la mundo este 13 de agosto, como para celebrar con el resto de sus compatriotas el cumpleaños 82 de Fidel. Nació con la segurida de vivir en un país donde los niños son los más importante, incluso antes de ver la luz.

miércoles 13 de agosto de 2008

Bolivia post revocatorio: Duras pruebas en el futuro

Los resultados del referendo revocatorio del pasado 10 de agosto en Bolivia, despejaron algunas dudas pero también dejaron un buen número de interrogantes.
Los diferentes conteos coincidieron en la ratificación del presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera, con al menos el 63 por ciento de los votos. Es innegable el espaldarazo a la gestión del mandatario, quien obviamente sale fortalecido de esta jornada. Así las cosas, podrá enfrentar mucho más consolidado los numerosos desafíos por venir.
Lo mismo podrán decir las principales figuras opuestas a alterar las profundas desigualdades y la dependencia imperantes en Bolivia. Si por un momento pudo soñarse que el revocatorio sacaría de sus cargos a los prefectos de la llamada Media Luna, las urnas dijeron otra cosa, incluso peor, pues tendrá que abandonar su cargo un aliado del gubernamental Movimiento al Socialismo (MAS). Solo fueron claramente revocados los prefectos José Luis Paredes, de La Paz, quien solo obtuvo el 35 por ciento de los sufragios y Manfred Reyes Villa, de Cochabamba, con el 40 por ciento.
En una decisión de última hora la Corte Nacional Electoral (CNE) esgrimió el criterio técnico de que los prefectos podrían revocados solo con el 50 por ciento más uno de votos negativos; a despecho de la ley aprobada en el Senado la cual había ubicado la cuantía requerida en un porcentaje del “NO” a su gestión, superior al obtenido en la elección de diciembre de 2005. Fue así que Alberto Aguilar, prefecto de Oruro, pudo conservar su cargo.
Así las cosas la jornada de segundo domingo de agosto fue una victoria, sí, pero no en la profundidad soñada por los sectores partidarios de los cambios sociales que necesita la nación sudamericana.
Entre otras cosas porque la posición de los prefectos separatistas es cada vez más beligerante, haciendo ya inocultable sus intensiones de no convivir con un individuo proveniente de los pueblos originarios en el recinto principal del Palacio Quemado. Aunque en honor a la verdad el “pecado” de Evo Morales no es ser “indio” como lo llaman, sino querer alterar un orden social que apenas ha cambiado desde la independencia.
El revocatorio podría ser útil tanto para el gobierno como para los prefectos. Ambas partes podrán levantarlo como una evidencia de legitimación de sus respectivas posiciones aunque estas se hagan cada vez más antagónicas.
Sin ánimos incendiarios alguno, son preocupantes de la postura cada vez más violenta de los sectores oligárquicos. ¿Será el presagio de acciones más peligrosas u insurreccionales? Solo el tiempo lo dirá. Recordando siempre, por ejemplo, las denuncias sobre la paulatina militarización de determinados grupos como la denominada Unión Juvenil Cruceñista, la cual estaría recibiendo entrenamiento para convertirse en una especie de estructura paramilitar bajo las órdenes del prefecto separatista de Santa Cruz, Rubén Costas.
Es, quizás el aviso de que el enemigo sigue ahí, quien sabe si más violento. Por tanto la lucha continuará en las duras pruebas que traerá el futuro.

¿Qué es hoy ser de izquierda?

Por Darío L. Machado Rodríguez *

* Periodista y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filosóficas e investigador titular. Profesor titular de la Universidad de La Habana y de la Universidad de Ciencias Informáticas. Profesor principal del Instituto internacional de Periodismo José Martí y secretario de la Academia de Ciencias, amabas de Cuba. Fungió como director de los centros de Estudios Sociopolíticos y de Opinión, y del de Estudios de América. Integró las filas del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

En realidad, la humanidad no demoró mucho en poner nuevamente sobre la mesa la discusión acerca de conceptos como "progreso", "socialismo", "izquierda", "revolución" y otros que quedaron velados cuando no sepultados, luego de la desaparición del campo socialista de Europa del Este y la URSS como resultado de la victoria del mundo capitalista desarrollado en la llamada "Guerra Fría". Y no demoró, porque luego de la euforia del pensamiento único, del brillo fugaz de teóricos como Francis Fukuyama, quedó el capitalismo con sus contradicciones insalvables y su darwinismo social, y una humanidad necesitada de alternativa ante la catástrofe; el "Fin de la Historia", como escribió el intelectual cubano Eliades Acosta, no fue sino el fin de las teorías de Fukuyama.

La secuencia de artículos que me propongo publicar sobre el tema tiene la intención de ensayar una aproximación a responder la pregunta del título desde diversos ángulos o características. No es el caso repetir al inicio la conocida historia del surgimiento del concepto político de "izquierda", pero sí decir que en la tradición de las luchas sociales de los siglos XIX y XX se generalizó y afianzó una interpretación, un código compartido: "a la derecha" estarían las fuerzas del conservadurismo, "a la izquierda" las fuerzas del cambio, "a la derecha" quedaba la reacción, "a la izquierda" la revolución, "a la derecha" estaba el retroceso, "a la izquierda" el progreso, a "la derecha" los capitalistas, "a la izquierda" los socialistas, etc.

Como que derecha e izquierda aluden inevitablemente a un posicionamiento en el espacio, no es difícil entender el carácter convencional y relativo de tales denominaciones. ¿A la derecha de qué o de quién?, ¿A la izquierda de qué o de quién?, pero el entendimiento universal, el hábito en la actividad social y política, entronizó un uso que no desbancó ni siquiera la desaparición de lo que la humanidad conoció como campo socialista europeo; acontecimiento que significó un viraje en la historia que también repercutió en los usos tradicionales de estos términos y derivó en no poca confusión.

Los artículos que siguen retoman el concepto en la tradición de su uso en el pasado siglo, pero con algunas precisiones para lo cual considero imprescindible, de entrada, diferenciar dos conceptos: "estar a la izquierda" y "ser de izquierda". Esta precisión es netamente conceptual, está destinada a la metodología en el estudio y análisis de los procesos políticos y no tiene nada en común, como veremos con más detalle en los próximos textos, con el establecimiento de líneas divisorias, etiquetas, etc. para "diferenciarse" en el ejercicio de la actividad política entre los "poseedores de la verdad" y "los demás". La finalidad es contribuir a captar los grados de enfrentamiento a la realidad del capitalismo tardío, estudiar los eslabones mediadores del movimiento anticapitalista.

Cuando un individuo, grupo organización política, rechaza, por ejemplo, el neoliberalismo y la acción depredadora de las transnacionales, se sitúa "a la izquierda" de esa realidad, pero para ello no necesariamente se es "de izquierda". Un posicionamiento y accionar político de tales características identifica en un determinado grado a los que "están a la izquierda" con los que "son de izquierda" y obviamente juegan un papel histórica y políticamente positivo. De hecho, en las realidades de hoy ese "estar a la izquierda" resulta identificarse con muchas finalidades que están en el pensamiento y proceder revolucionarios.

Para el socialismo como propósito y salvación de la humanidad debe desarrollarse un pensamiento y una actividad concretas, cuya organicidad es compleja y diferenciada según las características específicas de la existencia actual del capitalismo.

El debate renovado acerca de la caracterización de la izquierda, es relativo, está sujeto -como todo debate sobre la sociedad- a determinantes históricas concretas. Estar "a la izquierda" puede significar hoy una cosa y mañana otra que presente determinadas características nuevas. Así, por ejemplo, sectores de empresarios medios que defiendan la recuperación de los recursos nacionales usurpados por las transnacionales se sitúan hoy indiscutiblemente en línea con posiciones de izquierda, aunque no compartan los propósitos estratégicos anticapitalistas.

Una definición de la "izquierda", en el sentido de "ser de izquierda", en una perspectiva histórica integral, estratégica, de largo plazo, debe en mi opinión incluir las cualidades de anticapitalista, científica, incluyente, ética, revolucionaria, activa y creativa e internacionalista. Estas cualidades o rasgos merecen ser explicados, lo cual me propongo en este y en los artículos que siguen y que cierran con una reflexión acerca del carácter abierto del debate sobre el tema.

Ser de izquierda es ser anticapitalista
Luego de lo dicho en el artículo anterior, parecería una verdad de Perogrullo, decir que ser de izquierda es ser anticapitalista, pero hay aún no poca confusión y por ello vale reiterar que "estar a la izquierda" hoy no necesariamente implica una clara definición anticapitalista. Todo aquel que rechace el capitalismo neoliberal, todo aquel que se oponga a la dominación de las transnacionales, al saqueo de los recursos materiales y humanos de las naciones menos desarrolladas por parte de las desarrolladas, todo aquel que se oponga a las guerras imperialistas de rapiña se situará en algún punto "a la izquierda", pero "ser de izquierda" implicará estar en contra de la explotación del hombre por el hombre, del egoísmo que genera la propiedad privada, implica la conciencia de la necesidad de superar integralmente el sistema capitalista.

El capitalismo existe hace más de 500 años. En su devenir ha acumulado experiencias acerca de cómo superar sus crisis, aun a costa de la naturaleza y de la salud física y mental de la humanidad, su superación es una necesidad, pero no se producirá sin la acción en su contra. Las posiciones de izquierda y sus acciones tienen que ser claramente, argumentadamente anticapitalistas, de lo contrario podrá tratarse de una posición "a la izquierda", pero no "de izquierda", será una posición "más a la izquierda" del neoliberalismo, pero "a la derecha" de la "izquierda" definidamente anticapitalista, aunque se autoproclame por ejemplo, de "centro". Las formas que velan lo que podríamos llamar "insuficiencia anticapitalista" de algunos posicionamientos sociopolíticos autodenominados "de izquierda" son diversas. Muchos se autocalifican por ejemplo de "centroizquierda", otros como "socialistas democráticos", pero como escribió en una ocasión Lenin, a los movimientos políticos hay que valorarlos por lo que hacen no por lo que dicen, los hechos concretos resultan el principal indicador de sus motivaciones verdaderas.

Por lo tanto, aunque estoy empleando calificativos en uso a manera de ejemplo, me estoy refiriendo a los temas de contenido, no a las denominaciones. Los rótulos que asumen los movimientos sociales y políticos pueden ser más o menos logrados, eficientes para la comunicación, etc., pero para el estudio de las características de los movimientos sociopolíticos que reaccionan frente a la explotación y degradación del capitalismo tardío, frente a su esencia depredadora, sigue siendo definitorio lo planteado acerca de las políticas reales y los hechos políticos.

Por otra parte, el esclarecimiento de las definiciones, vale repetirlo, no implica sectarismo alguno, oposición a las alianzas, comprensión de las mediaciones imprescindibles, sino simplemente eso: una precisión política que persigue contribuir a comprender la complejidad de esos movimientos sociopolíticos, las transiciones al interior de éstos, su calidad en el sentido social filosófico de la palabra, una contribución a esclarecer la confusión con la que de modo perverso no pocas veces los sectores aliados al poder capitalista logran desviar las conductas sociales y políticas de sectores de la población que buscan hoy su redención.

Parte de los hechos políticos de una organización la constituyen su plataforma ideológica, su programa político, su lucha concreta. Ello requiere un enfoque riguroso de la realidad social, que no excluya todo lo contingente inherente a la riqueza de los procesos sociopolíticos, pero necesitada del examen riguroso del devenir social. La izquierda, por tanto debe ser científica, pero eso será objeto de un próximo artículo.


¿Qué es hoy ser de izquierda? (2)

La izquierda debe ser científica
La actitud revolucionaria ante la sociedad no puede ser dejada a la espontaneidad ni puede ser un simple asunto de fe o de tener construidos sentidos de la vida a partir de presupuestos falsos, tiene que ser, sobre todo, consciente, como igualmente consciente es la acción del capitalismo para contrarrestar las fuerzas del cambio.
Una de las luchas fundamentales que plantea el enfrentamiento actual contra el capitalismo estriba precisamente en la necesidad de recuperar una visión científica, que contribuya a elucidar los nexos existentes en el proceso social hoy visto de modo desestructurado, fragmentado, convertido en infinitos micromundos, sin relación entre sí, tan pulverizados que muy frecuentemente un trabajador, sin otra propiedad que su capacidad de trabajar, encuentra hoy más razones para enfrentar a otro igual que él, en las mismas condiciones sociales ante los dueños del poder económico, que para identificarse ambos.
Si no se encuentra la explicación científica de realidades como la arriba descrita, si no se estudian los procesos que han dado lugar a la crisis civilizatoria que hoy afecta tanto las conciencias y las actitudes de las personas, si no se comprenden las estructuras socioeconómicas y políticas vigentes que han logrado hoy los niveles de dominación que exhibe el capitalismo tardío, tampoco se podrá trabajar en la concertación de voluntades, en la concienciación de la gente.
Al desaparecer virtualmente los nexos reales, desaparecen también las explicaciones lógicas. Nada más conveniente a la ideología del mercado, se queda sola en el cuadrilátero y tiene al árbitro de su parte.
La batalla de ideas requiere de un arsenal de ideas, pero estas no pueden salir de una construcción arbitraria de sentidos para la vida, sino de una construcción de sentidos que se base en los procesos reales, que parta de la caducidad social y de la perversidad del capitalismo tardío, las desnude, pruebe el daño actual y futuro que ese sistema hace a la humanidad en su conjunto y para sus realidades culturales diversas y fundamente los programas de acción.
La visión científica acerca del capitalismo que aportó el marxismo, sigue siendo hoy el mejor punto de partida para reconstruir su crítica, pero la visión de Marx era una visión integral, no puede, por tanto, so pena de caricaturizarla, tomarse por pedazos según la conveniencia. El carácter científico del enfoque marxista de la sociedad es precisamente integral por su esencia. Marx descubrió las contradicciones fundamentales de la sociedad capitalista y puso en manos de los seres humanos un camino totalmente terrenal, científico, para cambiar las cosas.
La ciencia no puede nacer de otro lugar que no sea de la relación hombre – naturaleza, las ciencias naturales, explica Marx, "...perderán su tendencia abstractamente material –o más bien, idealista- y se convertirán en la base de la ciencia humana, así como se han convertido ya en la base de la vida humana real, aunque en forma alienada."[1]
Estas consideraciones las hace Marx a partir de su análisis del papel de las ciencias naturales en el desarrollo de la industria. En realidad, la industria aparece como una realización histórica de la relación hombre – naturaleza, y las ciencias naturales que han desarrollado la industria, como un factor de transformación de la vida humana. ¿De dónde puede producirse la ciencia sino es de la realidad, de la naturaleza y de la segunda naturaleza en su constante interacción con los seres humanos en tanto individuos y grupos sociales? La propia segunda naturaleza, es la cultura propiamente dicha y esta es objetiva respecto de los individuos, que nacen y se desarrollan interactuando con la naturaleza, mediados por esa segunda naturaleza. El material científico, en tanto sistematización, conocimiento de la realidad, tiene como origen a la naturaleza propiamente dicha y a la segunda naturaleza, ambas identificadas por su materialidad como rasgo esencial y determinante. Por eso Marx prosigue:: "Una base para la vida y otra base para la ciencia es una mentira a priori."[2]
La creciente complejidad de la humanidad y de las sociedades humanas en todo el planeta, la enorme profusión de conocimientos, su relativa independencia de la realidad de la cual nace, la especulación con lo ya sabido, la imaginación que puede conducir a numerosas conclusiones erradas, en capacidad de conquistar mentes humanas e incidir en la realidad social, constituyen el medio en el que debe desenvolverse el conocimiento científico, en el que debe realizar su finalidad práctica.
Las ciencias del hombre, las ciencias de la sociedad, también. "La naturaleza que se hace historia humana –la génesis de la sociedad humana- es la verdadera naturaleza del hombre;..."[3], escribe Marx, de ahí también concluye que solo cuando la ciencia procede de la naturaleza es verdadera ciencia.
En consecuencia, una visión revolucionaria del mundo, si es consciente o pretende ser consciente, tiene que ser también científica, tiene que explicar la sociedad con argumentos sólidos, con base real, capaces de concitar voluntades, de lograr la racionalidad práctica que permita poner fin a la dominación capitalista. Otra es la discusión –aunque vinculada a lo anterior- respecto al proceso del conocimiento científico, de los elementos que deben integrarlo, del modo en que se debe construir ese conocimiento, de los métodos, y del modo con el que pedagógicamente deben compartirse los conocimientos colectivamente obtenidos, pero eso en nada cambia la esencia de la historia, como parte del proceso de la naturaleza: "La historia misma es una parte real de la historia natural: de la naturaleza que viene a ser hombre, lo mismo que la ciencia del hombre incluirá a las ciencias naturales; habrá –concluye lapidariamente Marx- una sola ciencia."[4]
No hay espacio en este artículo para un análisis exhaustivo del pensamiento de Marx sobre el tema, pero vale la pena reproducir finalmente otras líneas de los Manuscritos que expresan el vínculo marxista de teoría y práctica, de ciencia y ética, "Puesto que para el hombre socialista toda la llamada historia universal no es sino la procreación del hombre a través del trabajo humano, nada sino el devenir de la naturaleza para el hombre, él posee la prueba visible, irrefutable de su nacimiento a través de sí mismo de su proceso de llegar a ser. Puesto que la existencia real del hombre y la naturaleza se ha hecho práctica, sensorial y perceptible –puesto que el hombre se ha hecho para el hombre como el ser de la naturaleza, y la naturaleza para el hombre como el ser del hombre- la cuestión del ser alienado, acerca de un ser por encima de la naturaleza y del hombre –una cuestión que admite la insubstancialidad de la naturaleza y del hombre- se ha hecho imposible en la práctica."[5]
Ciertamente, la ciencia de Marx se inscribe en el dominio de las certezas; en su lógica histórica la revolución que finalmente transformaría la sociedad la vio como el resultado inevitable del desarrollo capitalista, en ese continuum contradictorio aparecería la negación de la negación.[6] Más allá del debate acerca de la causal y lo casual, de lo necesario y lo contingente, los argumentos de partida de Marx, explicados básicamente en los Manuscritos, tienen, a mi modo de ver, una indiscutible vigencia.
De los tiempos en que Marx estudió la sociedad capitalista hasta nuestros días, muchas cosas han cambiado, pero la esencia del capitalismo se mantiene en su fase tardía, sus rasgos esenciales siguen siendo: la propiedad privada, la explotación del hombre por el hombre, el egoísmo, el predominio de la ley de la ganancia, la violencia económica y extraeconómica y las guerras.
Los argumentos de la izquierda no pueden ser hoy, como tampoco ayer, improvisados, superficiales, místicos ni míticos. Tienen que ser racionales, científicos, claros, explicables. La mística posible de una izquierda tiene que nacer de su capacidad real de conquistar las conciencias con las verdades que construye y las conquistas que se alcanzan en el devenir de su lucha.
En otras palabras, la unidad de pensamiento y acción, incluye como elemento fundamental el pensamiento científico. Si la finalidad es la transformación de la sociedad capitalista, entonces hay que pensar las vías y modos, que serán los más disímiles en condiciones históricas concretas de las diferentes existencias culturales humanas.
En el transcurso de la lucha revolucionaria confluyen con todo derecho en los objetivos de liberación social personas y grupos sociales de diferentes cosmovisiones, se producen alianzas estratégicas, numerosas articulaciones necesarias, coexisten diversas explicaciones del mundo, que generan interacciones sociales, expresiones culturales del más variado tipo, influencias e interinfluencias de diferentes calidades y duración, ninguna de las cuales puede eliminar la necesidad de la explicación científica de la realidad que trace caminos ciertos, que genere soluciones posibles, cuyo signo esperanzador nazca del argumento, no de la contemplación enajenada, no de una fe vana. La izquierda, revolucionaria, se identifica con la cientificidad y el laicismo.
Eso significa la capacidad de mostrar caminos para superar la explotación del hombre por el hombre, la propiedad privada, el individualismo, el egoísmo, la insensibilidad ante la naturaleza, definir y recrear sitemáticamente la estrategia y las tácticas de esa lucha. Esa labor imprescindible para el movimiento revolucionario es una labor colectiva, nadie puede, en medio de la creciente complejidad de la sociedad humana, pretender erigirse como un sabio universal, todos pueden y deben contribuir a construir ese saber de la revolución, pero si nadie se ocupa de eso, dentro de "la izquierda" ¿cómo se logrará aunar las voluntades para el cambio?, ¿cómo se logrará la integridad sistémica imprescindible para derrotar al capitalismo?. Es evidente que impulsar a la gente bajo consignas, con sentidos construidos sin asidero en la realidad o con prédicas de fe puede alcanzar para un tramo de la lucha, pero si no hay contenido científico, si no se tiene una perspectiva científica en ello, a la larga todo se diluirá y finalmente el favor se le hará al capitalismo, ese reto debe ser encarado, sin detrimento de la mayor participación colectiva, sino por el contrario con la mayor participación colectiva posible.
Precisamente una de las aristas del pensamiento neoconservador de hoy es (precisamente) aquella que anula el contenido, la existencia como necesidad, de las ideologías, cuya finalidad política particular es la anulación de la ideología revolucionaria, de los metarrelatos que den cuenta del carácter sistémico del capitalismo y expliquen sus contradicciones, así como los caminos de su superación.
La ideología del movimiento revolucionario se construye sobre bases científicas, su ética debe ser una ética de carne y hueso, que incluye la espiritualidad, pero no el esoterismo. En esa ideología revolucionaria confluyen inevitablemente diferentes sistemas éticos que comparten principios fundamentales deviniendo en la práctica una alianza histórica y estratégica debido a la indiscutible complejidad del proceso mismo de transformación de la sociedad; la propia ideología revolucionaria es una construcción dialéctica, histórica concreta, inacabada, es el sistema de ideas y valores que aglutina y orienta la acción, es la base de la eficiencia del esfuerzo transformador, su aprendizaje debe comprender todas las experiencias positivas, pero su eficiencia se fundamenta en el contenido científico de sus postulados, en el conocimiento de las realidades, saber colectivo que fundamenta la explicación eficiente del mundo cambiante que nos rodea, traza el camino del cambio y aporta las herramientas para su corrección.

Notas
[1] Carlos Marx, Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, Editora Política, La Habana, 1965, p.
[2] Ibídem.
[3] Ibídem.
[4] Op. Cit., p. 117.
[5] Op. Cit. P. 120.

[6] Para ampliar en este debate puede consultarse del propio autor: Pensar la sociedad. Las ciencias sociales en Cuba, Editora Política, La Habana, 2006, Capítulo: Las ciencias sociales y el marxismo, pp. 9 – 60.

¿Qué es hoy ser de izquierda? (3)

La izquierda no puede ser sectaria
Uno de los más graves errores cometidos por la izquierda en el pasado siglo ha sido el espíritu sectario, el considerarse algunos "la" vanguardia, el asumir que o se está con uno o se está contra uno. Tal punto de vista, muy difundido en el espectro mundial de la izquierda en el siglo XX, fue causa de divisiones, de pérdidas de energía y tiempo en discusiones muchas veces estériles, de falta de transparencia y de freno al conocimiento real de los problemas.
El velo que impuso a muchos sectores de izquierda el rechazo a nuevos argumentos, simplemente porque no se correspondían con los dogmas asumidos por unos u otros, impedían ver con claridad las motivaciones de aquellos sectores que también buscaban su espacio en la lucha contra el capitalismo. La izquierda soberbia que se autoproclamaba la meca del cambio revolucionario no aceptaba ella misma cambiar.
Esa visión dogmática y sectaria impedía ver a los demás como lo que realmente eran, los nuevos enterradores que le habían nacido al capitalismo como resultado de sus propias y para éste insolubles contradicciones, y los veían muchas veces como sectores "que le hacían el juego al capitalismo" o, en el mejor de los casos, como advenedizos equivocados. En lugar de comprender la posición social de esos sectores, sus motivaciones, su situación real, sus necesidades y su interpretación de los problemas, recibían el rechazo por la opinión diferente, produciéndose roces y enfrentamientos que laceraban la necesaria articulación de fuerzas y dejaban heridas muchas veces difíciles de sanar.
Aquel proceder, lejos de multiplicar la labor de aquella izquierda, lo que hizo fue debilitarla. El querer alzarse con una única verdad, convirtió a ésta en absoluta, en consecuencia, acabada y total, incapaz de desarrollo y enriquecimiento, cerrada para comprender eficientemente los cambios. Y la correcta comprensión acerca de los cambios que se han producido y producen en el mundo es arma principal en el arsenal político de la izquierda.
No ser sectario resulta hoy, no simplemente "una posición política correcta" sino una necesidad de la propia lucha, lo fue ayer, pero lo es mucho más hoy y lo será cada día más. La lógica de esa necesidad estriba en las características propias del capitalismo tardío, en la dispersión, la desestructuración social que sus prácticas entrañan.
La homogeneización de los seres humanos que impone el capitalismo tardío implica una atomización de la gente frente al mercado, un extrañamiento de unos y otros, articulados cada vez más solo por el mercado omnipotente, por donde todos tienen que pasar, en el que junto a los marginados y excluidos del mercado hay un movimiento consumista febril que está deteriorando crecientemente el equilibrio medioambiental y el equilibrio emocional de las personas. La crisis del sistema es evidente, pero su superación ya no será con un esquema vanguardista–uniclasista, sino multiclasista, incluyente, colectivista, participativo, profundamente democrático y horizontal.

La izquierda debe ser ética
La transparencia es aliada de la izquierda. Si alguien tiene que mentir, disfrazarse con pseudoargumentos, esas son las fuerzas del conservadurismo, las de la derecha. La izquierda debe ser siempre consecuente en su actuación con lo que piensa y proclama. La ética de las convicciones solo se prueba en la práctica política.
Por ello -como asegura Fidel Castro- el socialismo es la ciencia del el ejemplo. Se trata entonces para decirlo con palabras de Isabel Rauber, de "transformarnos para transformar". Ello implica que la construcción sistemática del nuevo mundo comienza desde dentro mismo del movimiento revolucionario, desde la actuación de cada uno de sus integrantes, comienza con la construcción de un nuevo tipo de relaciones dentro del propio movimiento que constituyan prácticas alterativas, comportamientos diferentes que transmitan la nueva ética que debe regir el comportamiento desde las cotas de poder que se vayan conquistando en la lucha.
Altruismo, colectivismo, tolerancia, democracia, diálogo, persuasión, educación, humanismo, solidaridad, justicia, igualdad, deben ser valores que constituyan la axiología del revolucionario, la estimativa de la izquierda. Igualmente, su capacidad para aprender solo puede estar asegurada por la necesaria modestia, la izquierda no puede ser soberbia; ella debe reconocer el derecho al error y a la rectificación, de igual manera también al acierto donde quiera que este esté y la difusión de la experiencia y, en cualquier caso, el aprendizaje.
Finalmente, la ética de la izquierda tiene que identificarse con prácticas totalmente diferentes de las habituales del poder que quiere desplazar, sustituir. En consecuencia, la izquierda no puede ser arbitraria, ni impositiva, ni verticalista, ni autoritaria. La nueva ética del poder revolucionario tiene que nacer con prácticas, estilo y métodos raigalmente diferentes de los practicados por el capitalismo y por los anteriores ordenamientos sociales fundados en la propiedad privada, el individualismo y el egoísmo. Estas prácticas deben ser naturalmente revolucionarias, a ello nos referiremos a continuación.


La izquierda debe ser por definición revolucionaria
Ser "de izquierda" significa ser revolucionario. Ser revolucionario implica una actitud activa frente a la necesidad del cambio, una actitud consecuente con la necesidad de transformar el mundo. Una izquierda que se autoproclame tal, pero en los hechos no actúe en dirección al cambio, no puede considerarse "izquierda", será presa del conservadurismo, no será revolucionaria. En política ser es hacer. Ser de izquierda es hacer la revolución.
Aquí no estoy, por supuesto, asumiendo un único modo de hacerla, por el contrario, las vías, modos, plazos, objetivos estratégicos y tácticos, abren un amplio y abigarrado espectro de variantes, tan amplio como condiciones históricas concretas haya en la multiplicidad de realidades culturales políticas que existen en constante movimiento y cambio el mundo de hoy. El sistema capitalista padece de un evidente agotamiento, pero sigue siendo un sistema vivo. Hacer la revolución es el modo de demostrar en la práctica su agotamiento, aunar conciencias para acelerar su superación. Es la única posición verdaderamente anticapitalista, por ello pasa a ser fundamental el propio concepto de revolución.
Hoy se ha extendido y globalizado el capitalismo monopolista transnacional, y la sociedad humana es en su conjunto una clara demostración de su desarrollo desigual. Ningún país donde se haya iniciado una revolución socialista ha logrado instalar de modo irrefutablemente irreversible el socialismo. Sin embargo, la pregunta es si es posible mantener el rumbo socialista en un determinado país y eventualmente por cuánto tiempo sin que exista un movimiento mundial generalizado de superación del capitalismo. Las respuestas definitivas a esas preguntas solo puede darlas la historia, sin embargo, ejemplos como el de la revolución cubana, demuestran que es posible mantener un rumbo de transformaciones de signo socialista, aún en medio de la creciente complejidad de la sociedad humana actual. Para ello es imprescindible mantener la actividad revolucionaria transformadora con un sentido de integralidad y con toda la flexibilidad posible según lo exijan las circunstancias.
Fidel Castro ha sintetizado el concepto de revolución, que a continuación transcribo por su importante significado actual para el enfrentamiento al capitalismo. Este se inscribe en la tradición práctico-transformadora del marxismo, y constituye en esa dirección un importante referente para la izquierda en la actualidad.
"Revolución –dijo Fidel Castro el 1ro de mayo de 2005 en la Plaza de la Revolución en Ciudad de La Habana- es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado, es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo".
En consecuencia, situarse a la izquierda y ser de izquierda es situarse en todo momento del lado del progreso social. De esta suerte, la izquierda tiene que ser por definición también ajena a todo burocratismo, opuesta a todo lo que frene las necesarias soluciones de continuidad a los problemas de la sociedad. Tiene que interiorizar el carácter efímero del Estado desde que se esté cumpliendo el deber de fortalecerlo para asegurar las tareas socialistas. Tiene, en consecuencia, que concebir al poder como un instrumento colectivo de la transformación revolucionaria de la sociedad, y en ningún caso como un fin en sí mismo, lo cual significaría imitar las prácticas habituales del poder político del capitalismo.
La izquierda, por tanto, tiene que estar siempre dispuesta al cambio, a comprender los problemas nuevos y buscar y encontrar las soluciones nuevas que reclaman. Debe ser creativa y actuar, a eso me referiré en el próximo artículo y final.

¿Qué es hoy ser de izquierda? (4)

La izquierda tiene que ser creativa y actuar
El pensamiento revolucionario de la izquierda anticapitalista tiene que estar acompañado de la acción. Una "izquierda" que solo piense y enarbole argumentos y puntos de vista, pero no practique políticamente, no corra riesgos, quedaría en la contemplación de los problemas y, de hecho, sus puntos de vista estarían lastrados por la falta de comprobación práctica, además de resultar poco o nada útiles a la sociedad y las más de las veces contraproducentes.
De nada sirve llenar cuartillas y gastar tiempo, haciendo revoluciones en el papel o en el discurso. El vínculo entre el pensar y el hacer constituye un principio de la existencia de la izquierda como fuerza del cambio.
Aquí se trata del carácter del movimiento social, no de enarbolar nombres o proclamarse "de izquierda", sino del reconocimiento de la existencia de intereses raigalmente opuestos en el mundo de hoy, que exigen deslindar propósitos, explicar alternativas, construir objetivos que se conviertan en líneas de acción y actuar en consecuencia, acumular la experiencia, tanto del éxito como del fracaso, y seguir adelante. La derrota se convierte en experiencia solo si se continúa la lucha.
Cuando se habla de construir sentidos y de trazar finalidades de la lucha, no se está aludiendo a ningún programa en específico, ni a un modo determinado de concebirlo. Por ejemplo, las condiciones del mundo de hoy convierten en una finalidad revolucionaria el rescate de la soberanía, el rescate de las riquezas, la defensa de la cultura y la identidad nacional, propósitos elementales todos que permiten incluir dentro del concepto de pueblo y gestores del cambio a sectores que muy probablemente no compartirían propósitos ulteriores más profundos.
Sin embargo, son muchos los dogmas que el capitalismo ha sembrado en la conciencia de la población, los esquemas mentales que hacen entender sus señales y estereotipos de modo casi automático y que deben ser objeto de la batalla de ideas que tiene que enfrentar la izquierda.
Conceptos actuales como los de Estado de derecho, derechos civiles, derechos humanos, libertad, democracia, política, etc., constituyen para la izquierda objeto primario de abordaje revolucionario, de pensamiento crítico, de esclarecimiento de su torcida interpretación por los aparatos ideológicos de la dominación capitalista.
Eso implica para la izquierda un reto, el de ser renovadamente creativa, debe autoconocerse mejor, reconstruir su autoestima, sobre la base del reencuentro entre la militancia revolucionaria y la cotidianidad de la sociedad, para eso no tiene otra opción que salir del laberinto de sus propios mitos, de sus errores y esquemas mentales.
La creatividad siempre implica una ruptura con lo anterior, pero también una continuidad. Ser creativo es ser uno mismo y diferente a la vez. La creatividad es la negación del sometimiento a la rutina, al conocimiento alcanzado, pero no vigente; para la creatividad resulta imprescindible el optimismo, la confianza en el pueblo, el repudio a la soberbia que conduce inevitablemente al aislamiento y la soledad. La creatividad no puede ser autosuficiente, porque solo puede nacer de la realidad que existe, las personas sí, los individuos sí, porque los comportamientos humanos pueden estar guiados por desviaciones, hijas de la ignorancia y los malos hábitos.
Solo en un estrecho vínculo con la sociedad, puede la izquierda encontrar el camino de la creatividad. Aun en medio de la maleza a veces implacable de las costumbres corruptas que anidan en la propia población como resultado de largas décadas de enturbiamiento de las conciencias, es posible encontrar un hilo conductor para reinventar el tejido popular consciente en las nuevas condiciones.
Lo primero para ello es que cada quien con conciencia anticapitalista, con conciencia de izquierda, sea capaz de desembarazarse de sus propios fantasmas, de sus propios ariques y encontrar lo nuevo, aprender de ello y transformarse a sí mismos junto con todos.
La izquierda en su expresión cotidiana, esto es, las personas conscientes de su posición anticapitalista y las más diversas formas de asociación e integración de estas para luchar contra ese sistema, deben integrarse al máximo en los espacios prepolíticos o antepolíticos para vivir desde la cotidianidad su propia experiencia de lucha. No pocas veces la mayor debilidad de las izquierdas en el pasado siglo y todavía hoy estriba en ofrecer un mundo tan inalcanzable como ininteligible para los demás, no porque los demás sean ignorantes, sino porque esa izquierda ha sido ignorante, no ha sabido explicar ni explicarse a sí misma los caminos de los sentimientos humanos.
Lo anterior implica poner en un primer plano para todos el objetivo de la formación política, que toca a todos los revolucionarios. Una formación que debe ser en sí misma creativa en todos los órdenes, tanto en sus contenidos como en las formas de hacerse.
Lamentablemente, no pocas veces se asume la formación política como más de lo mismo, como repetición de lugares comunes, con el empleo de un lenguaje en desuso, como si nada en este mundo hubiera cambiado. Obviamente, las nuevas generaciones, quedan fuera con tales conceptos y prácticas. La creatividad de la izquierda implica constituirse en un foco de atracción para las personas, particularmente para la juventud.
La izquierda tiene que unir la creatividad a la alegría. La izquierda debe ser alegre porque le sobran razones para el optimismo histórico; el tono hierático y grandilocuente explicable y aceptable en muy escasas coyunturas históricas, no puede ser el estilo de comunicación de la práctica política de la izquierda.
La responsabilidad de cualquier movimiento sociopolítico que se reconozca de izquierda para con la sociedad en la que actúa implica la necesidad de verse en su realidad cultural como un ente requerido constantemente de renovación, a partir de su propia realidad le corresponde encontrar caminos para enfrentar con éxito el capitalismo tardío, caminos en los que lo nacional y lo internacional están hoy indisolublemente vinculados.


La izquierda es internacionalista por definición
Enfrentar al capitalismo tardío es una tarea de doble vía, es un problema nacional, pero simultáneamente es la expresión concreta de la crisis de un sistema mundial. Nadie puede avanzar en el mundo de hoy en el aislamiento total, nadie es autárquico, ni económica, ni políticamente.
La lógica internacionalista de la lucha contra el capitalismo es correspondiente con la realidad internacional del sistema, cuya voracidad no ha dejado prácticamente espacio donde no haya penetrado con sus reglas y ambiciones.
Lo que ha ocurrido en el mundo, luego de la desaparición del equilibrio bipolar, ha sido el reforzamiento de las formas institucionales globales de dominación de los poderes nortecéntricos. Las articulaciones de los centros de poder del primer mundo capitalista a través de reuniones de sus representantes gubernamentales, las internacionales liberales y socialdemócratas, la Unión Europea, la OMC, la expansión de la OTAN, la dominación mediática, el renacimiento de la IV Flota y muchas otras formas, contrasta con la aún escasa articulación de las fuerzas anticapitalistas.
Ante esta realidad, renunciar al internacionalismo significa abandonar el terreno estratégico de la lucha anticapitalista.
El principio del internacionalismo es para la izquierda un imperativo ético y político nacido de la realidad elemental que entraña la necesidad del apoyo mutuo; no es un principio imponderable, etéreo, sino necesario en el sentido más auténtico de la palabra. La solidaridad internacionalista es un propósito que da contenido a la lucha y se construye como uno de los sentidos de esa lucha, ante todo por su carácter de condición sine qua non para el éxito.
De hecho, hoy resulta muy difícil cuando no imposible lograr objetivos básicos de liberación, como la recuperación de las riquezas en manos de las transnacionales, o condiciones elementales para el desarrollo, sin avanzar en la cooperación e integración regional cada vez más plena, en el multilateralismo y en otras formas de cooperación internacional e integración regional. incluyendo eventualmente la integración política.
En la lógica de una estrategia revolucionaria, las posiciones de izquierda irían contra natura si no fuesen cada vez más internacionalistas. Lo anterior implica comprender dónde están los enemigos verdaderos de los pueblos y sin perder el fiel de esa brújula proyectar su estrategia de conocimiento de la realidad y de actividad sociopolítica transformadora.
A modo de "cierre" de lo que no puede ser "cerrado".
He intentado explicar siete rasgos o características que pueden contribuir a conceptuar lo que hoy debemos entender por "ser de izquierda". Sobra decir que todos son rasgos estrechamente vinculados entre sí, que se complementan mutuamente, pero que pueden ser diferenciados para contribuir a esclarecer la estructura del concepto que he querido esbozar.
Considero oportuno también recalcar al final de estos artículos la intención de contribuir a la elaboración de un mejor enfoque metodológico para el análisis, no para establecer diferenciaciones sectarias en política. Una cosa es la caracterización de una tendencia, como concepto general, otra los postulados y las acciones concretas de tal o cual expresión política orgánica.
La crítica obligada y necesaria de los errores del socialismo y de la izquierda como tendencia política, particularmente durante el siglo XX, pero también ahora, en modo alguno puede conducir a vaciar de contenido teórico el accionar político del enfrentamiento al capitalismo hoy globalizado y sostenido por los poderes nortecéntricos con una orientación neoliberal y la imposición de un pensamiento único, a lo cual se resisten masas cada vez más amplias de seres humanos. No puede oponerse al pensamiento único otro pensamiento único, pero tampoco puede vencerse al capitalismo sistémico, articulado mediante numerosos instrumentos económicos, financieros, comerciales, políticos, jurídicos, ideológicos, psicológicos, mediáticos, militares, sin una concepción también sistémica, sin una teoría del cambio, parte de la cual es también el estudio y conocimiento de las características de las fuerzas sociales que lo enfrentan.
Claro está, en el terreno de lo que debe comprenderse hoy como "ser de izquierda" no hay un punto final. Podría eludirse el debate sobre las posiciones, sobre el análisis de lo que significa hoy ser de izquierda, con el argumento de que ello provocaría obligadamente un enfoque sectario y traería la división. Ojalá el problema del sectarismo, tan vinculado con el egoísmo y la soberbia, con la tozudez y el engreimiento humano tuviera su solución con el silenciamiento de una discusión.

lunes 11 de agosto de 2008

Censurado video de Cubainformación en You Tube y amenazas de Armando Valladares

(Enviado por cuba-coraje@googlegroups.com)

La redacción de Cubainformación ha recibido varios mensajes de usuarios de You Tube, a cuyas cuentas habían subido el video de Cubainformación titulado "Armando Valladares: de falso poeta inválido a especulador empresarial". En los mensajes nos confirman que You Tube ha retirado dicho video de numerosas cuentas, incluida una abierta por Cubainformación, tras las presiones del propio Armando Valladares y de la Human Rights Foundation, organización con sede en Nueva York dedicada a la defensa de la política exterior de EEUU en el mundo. En estos momentos, todos los videos en You Tube referentes al caso respaldan posiciones de defensa de la figura de Valladares, como el titulado "Armando Valladares, el gulag de Castro".

Asimismo, dichos usuarios han recibido dos mensajes, que incluimos al final de este texto, uno de la Human Rights Foundation y otro del propio Armando Valladares, con amenazas referentes al inicio de un proceso judicial.

Cubainformación, medio autor del citado material, no ha recibido aún comunicación de Armando Valladares, al que le trasmite su solicitud de entablar un debate abierto, en cualquier soporte, sobre el tema.

Hacemos un nuevo llamado a la difusión internacional, ahora con más fuerza, de este video que narra la biografía de Armando Valladares.

Video: http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&task=view&id=3330&Itemid=86

Texto escrito: http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&task=view&id=3327&Itemid=65


¿Quién es Armando Valladares?

Ex policía de la dictadura de Fulgencio Batista y autor de actos terroristas en La Habana tras el triunfo de la Revolución, fue reconvertido en "poeta disidente encarcelado" a través de una gigantesca campaña internacional, descubriéndose posteriormente que fingía una discapacidad física creada -según el guión de dicha campaña- por supuestos malos tratos en presidio. Tras un acuerdo entre los gobiernos de Francia y Cuba, fue puesto en libertad, y fue nombrado por Ronald Reagan embajador de Estados Unidos en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Hoy es un activo especulador empresarial en diferentes lugares del mundo, como Cantabria, donde representa a un grupo de inversores inmobiliarios que pretenden construir el parque temático llamado La Ciudad del Cine y las Artes.

"¿Se sabe quién es ese personaje? Ese es el policía de la dictadura batistiana Armando Valladares, arrestado -ahí está la prensa de la época- por poner en lugares públicos de La Habana, bombas metidas en cajetillas de cigarro; miembro de una célula terrorista en la que participó también Carlos Alberto Montaner. Fueron condenados y por esa razón Armando Valladares fue a prisión en Cuba. Sin embargo, miren cómo empezó a reflejarse en la prensa: "Un poeta inválido está preso en Cuba"; "Piden la libertad de Armando Valladares"; "Preso en Cuba Armando Valladares"; "Libertad para Valladares"; "Preso en su silla de ruedas"; "Un poeta que en las cárceles cubanas languidece"; "Desde mi silla de ruedas", el libro de poemas de Armando Valladares, tercera edición; "El corazón con que vivo". Miren, ilustración de un importante periódico internacional: "Un poeta inválido"; sin embargo, miren las imágenes que un día se conocieron sobre el supuesto poeta inválido en su celda de la prisión, helo ahí, haciendo ejercicios de calistenia. (Se muestra video.)Profesor Álvarez Cambra.- La junta médica de profesores de alto nivel, formada, como decíamos, por los compañeros de más prestigio de las cuatro especialidades, neurología, cirugía, ortopedia y rehabilitación, concluyó que el paciente Armando Valladares era un simulador, es decir, era un farsante que quería sacar ganancias de esa apariencia de inválido y que, en realidad, en ningún momento desde que ingresó a nuestro hospital era inválido. Esas son las conclusiones de esta comisión.Felipe Pérez.- Ahí está corriendo el "poeta inválido", antes de salir de Cuba. Se le dijo: "Bueno, tienes que dar la prueba, porque Cuba tiene que probar que efectivamente tú no eres inválido."(Se muestra video.)Locutor: En octubre de 1982 el exmiembro de los cuerpos represivos del general Batista y connotado terrorista, Armando Valladares, partió del aeropuerto de La Habana con destino a París, luego de haber devenido protagonista de una campaña internacional que más parecía dirigida a dañar la imagen de un país, que a establecer rigurosamente la verdad.Felipe Pérez.- Ocurrió como en la Biblia: "Levántate y anda." Hizo como Lázaro: la verdad lo hizo caminar (Risas).

Tomado de la Conferencia de prensa ofrecida por Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, a la prensa nacional y extranjera, en la sede del MINREX, el 25 de marzo de 2004

Mensajes recibidos por varios usuarios de You Tube

Mensaje 1

A quien pueda interesar,

Información sobre Armando Valladares contenida en un vídeo que Usted ha colgado en Youtube es difamatoria y falsa. Por razones similares, Armando Valladares demando, y gano, dos juicios en Europa: uno en Francia y otro en Grecia.

Sepa Usted que de no retirar este video de inmediato iniciaremos el proceso de queja formal ante Youtube y su persona, quien quiera que sea.

Cordialmente,

Alek Boyd
Vice President of Program
Human Rights Foundation
350 Fifth Avenue, #809
New York, NY 10118
Mob: +44 7766-692348
Ph: (212) 246-8486
Fax: (212) 643-4278
alek@thehrf.org
www.humanrightsfoundation.org


Mensaje 2

A quien pueda interesar,

respetuosamente le pido que retire inmediatamente el video sobre mi persona. Sepa Usted que he demandado exitosamente a periodicos y periodistas franceses y griegos, quienes han tenido que pagar daños por difamacion.

Atentamente,

Armando Valladares

José Manzaneda - Coordinador Cubainformación
Tel.: 94-4151107
cubainformacion@cubainformacion.tv
www.cubainformacion.tv

La diosa Isis, Rafael Rojas y la fiesta de la regeneración

Por Eliades Acosta Matos

El 10 de agosto de 1793, sobre las ruinas de la fortaleza de La Bastilla, tomada y demolida por el pueblo revolucionario francés como símbolo de la opresión del viejo régimen, tuvo lugar una curiosa ceremonia llamada "Fiesta de la Regeneración". En un escenario decorado por el pintor David, una gigantesca estatua de la diosa egipcia Isis daba leche de sus pechos para rellenar una copa romana que le presentaba Herault De Séchelles, Presidente de la Convención. Ante una multitud deslumbrada y expectante, la copa fue pasando de mano en mano y mojando los labios de los principales dirigentes revolucionarios, como símbolo del sacrificio y de la regeneración que la propia Revolución había traído a la nación.
La faceta religiosa fue una de las aristas más curiosas y aparentemente paradójicas de una revolución como la francesa, que había sido precedida y preparada por la obra de los Enciclopedistas, y por el culto a la razón y las luces como antídotos contra la tiranía, la ignorancia y el fanatismo religioso. Pero lo que a primera vista podría parecer irracional, no lo era tanto si tenemos en cuenta que el desmontaje del régimen absolutista era a la vez el desmontaje de su antigua maquinaria de dominación espiritual concentrada en el dominio aplastante de la Iglesia. "La reorganización del Estado entrañaba forzosamente la reorganización de la Iglesia, ya que ambos aparecían ligados desde hacía siglos", afirmó Albert Mathiez. Y por mucho que quisieran los revolucionarios más radicales, aquellos jacobinos que clamaban por demoler hasta los cimientos todo lo que remitiese al pasado de ignominia e injusticias, como se había hecho con los muros de la odiada Bastilla, existían convenciones y hábitos arraigados en el pueblo, que no podían ser arrancados de cuajo, sin crear un peligroso vacío espiritual y una desorientación que sería rápidamente aprovechada por la contrarrevolución y el clero refractario. La Constituyente, en medio de sus flagrantes contradicciones y vacilaciones, apeló al expediente de intentar crear una Iglesia nacional y patriótica, mezclando símbolos diversos, de ahí la exótica presencia de una diosa egipcia bendiciendo la regeneración del pueblo revolucionario francés.

Y no era nada nuevo. "Desde 1791, una parte de los jacobinos y los lafayettistas -subraya Mathiez- imaginaron completar, después de reemplazar la constitución civil del clero por todo un conjunto de fiestas nacionales y de ceremonias cívicas… Así se sucedieron fiestas conmemorativas de los grandes sucesos revolucionarios, el 20 de junio, el 4 de agosto, el 14 de julio, la Fiesta de los Mártires de la Libertad, el traslado de las cenizas de Voltaire a París, etc… Así se elaboraba una especie de religión nacional, de religión de la patria mezclada aún con la religión oficial, y desde luego, calcando de ella sus ceremonias, pero (en la creencia de que) los espíritus libres se esforzarán más tarde en hacerle vivir una vida independiente… Así avanza el culto patriótico, que encontraría su expresión definitiva bajo el Terror…"

No fue la Revolución francesa fuente de supersticiones, más bien un paso de avance en la larga marcha del hombre por su redención social y espiritual. Si bien es cierto que pactó transitoriamente con los rituales religiosos antiguos, sustituyó el culto de la fe por el de la razón. No podía hacer otra cosa teniendo como base un pueblo analfabeto, acostumbrado a ciertas prácticas que llenaban su vida desde hacía siglos, y que siempre se habían reputado como divinas e inmutables. Una gran parte de lo que llamamos espíritu o sensibilidad moderna occidental tiene ahí su origen, y está lejos de caracterizarse por el fervor religioso.

Un Rafael Rojas, malabarista y fabulador, quien en los últimos tiempos se ha mostrado digno heredero del método explicativo de Grau San Martín cuando ha pretendido desentrañar los, según él, misterios tremebundos de la Revolución cubana desde las páginas del "Nuevo Herald", nos ha endilgado sin prueba alguna, más allá de ciertas vagas referencias a Robespierre y su Diosa Razón, un apotegma de campeonato. En su artículo "Misterios de la Sierra", del pasado 21 de abril, se puede leer: "Las revoluciones no son, como pensaban tantos pensadores clásicos y románticos, hechuras racionales: la superstición y el misticismo las acompañan desde sus orígenes hasta sus decadencias". Dicho así, las revoluciones no se hacen para redimir a los hombres de la ignorancia y las tinieblas en que las tiranías los suelen sumir, en el entendido de que nada remacha mejor las cadenas de la sujeción y el servilismo que el desconocimiento y la fe ciega. Rojas acaba de descubrir, dejando atrás, como a pigmeos inútiles a "clásicos y románticos", que las revoluciones se hacen para implantar nuevas formas de misticismo y supersticiones, o sea, lo cambian todo, como pediría Tancredi Falconeri en "El Gatopardo", para que nada cambie.

De un golpe de dedos, de un chasquido esperpéntico, sin dignarse a demostrar nada, como ya viene siendo habitual en esos artículos del "Nuevo Herald", que tan poco le favorecen, Rojas ha puesto a girar en un círculo vicioso a la Historia de la Humanidad; ha reducido al papel de reformadores religiosos y predicadores de parroquia a revolucionarios de la talla de Marx, Lenin, Martí, Zapata, Ho-Chi Minh o el Che, por solo citar algunos. No hay progreso, ni luces, ni avances, solo tinieblas y oscurantismo en esas sacudidas sociales telúricas que ponen en marcha a millones de seres humanos, y por cuya causa millones más han estado dispuestos a dar su sacrificio, su trabajo y hasta su vida. Simple relevo de sermones, sustitución de altares, modernización de cazullas, renovación cosmética de los mismos incensarios, una burla cruel, un engaño.

¿Cómo hará Rojas para explicar, por ejemplo, que el nivel cultural y académico de los cubanos educados por esta Revolución supersticiosa y decadente sea el mayor alcanzado jamás por un pueblo sobre este suelo? ¿Y que, en apenas unos meses, como una de las primeras medidas revolucionarias, se erradicase el 23 % de analfabetismo heredado del viejo régimen? ¿Y que Venezuela entera, bajo el gobierno revolucionario bolivariano, esté estudiando y logrando metas educacionales que antes se le negaban al pueblo? ¿Y por qué será que un revolucionario oscurantista y místico como Evo Morales, acaba de declarar que para fines de este año su gobierno habrá erradicado el analfabetismo en Bolivia que más de 400 años de gobiernos anteriores no lograron?

Lo único que puedo recomendarle a Rafael Rojas, para ser medianamente convincente en su saga contra la Revolución cubana desde el "Nuevo Herald" es que se regenere. Por eso, y como se acerca el 10 de agosto, le aconsejo esperar la fecha ante la esfinge más cercana de la diosa Isis, con una copa en la mano y rezando por un milagro. A fin de cuentas, lo que si está más que probado desde las rebeliones de los chuanos en la Vendee, es que las contrarrevoluciones si son probadamente rezanderas y ojalateras.

Agosto del 2008.

viernes 8 de agosto de 2008

Crueldades y egoísmos

Las crueldades del enemigo no justifican las propias, al contrario, las vuelven más condenables. Ese es, creo, el único sentido que tuvieron las reflexiones del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, sobre la estrategia de secuestros llevada a cabo en los últimos años por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Cualquier otra interpretación de analistas que aún sangran por las heridas de su egocentrismo es puro resentimiento.
Fidel simplemente se limitó a expresar su parecer sobre una política que no ha dado los resultados esperados por las FARC. El objetivo principal de los secuestros: liberar a los guerrilleros presos no se ha logrado, al contrario, solo consiguieron deteriorar la imagen interna y externa de la organización.
Esos mismos analistas que pretenden dárselas de más revolucionarios que nadie deberían mirarse en el espejo del cuidado de Fidel al opinar y la cautela al responderle, sin ocular su malestar, del Comandante Iván Márquez, integrante del Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC.
Ser firme e intransigente con el enemigo no es un cheque blanco para asumir estrategias de lucha que al final solo consigan enemistarnos con el pueblo. Tampoco es soñar que la reacción va a jugar limpio, pero eso no es razón suficiente para imitarlos. Si algo se ha cuidado Cuba siempre es de no imponer sus opiniones al resto de los movimientos revolucionarios. Además el Imperialismo y las oligarquías dígase como se diga, siempre las empleará en su propaganda, por eso es mejor hablar claro.
Cuando Salvador Allende confió demasiado en el constitucionalismo de un Ejército que luego lo derrocaría, se lo advertimos. A los sandinistas les manifestamos nuestro desacuerdo con el servicio militar obligatorio para combatir a los “contras”. De Angola nos fuimos cuando Sudáfrica dejó ser un peligro, pero el asunto de la UNITA lo resolvieron a su manera. ¿Somos infalibles?, no, pero sí francos.
Los superrevolucionarios se rasgan las vestiduras por lo que llaman ambivalencia Chávez con Colombia y en particular con su presidente; al hacerlo pasan por alto algo. El líder bolivariano nunca ha dejado pasar ninguna declaración ofensiva de cualquier funcionario colombiano, quienes, dicho sea de paso, hablan con una “libertad” que hace pensar que alguien de más arriba los apoya.
Los hechos hablan por sí solos: Uribe quiere imponer la paz de los sepulcros y para lograrlo se está convirtiendo a su país en el Israel de Latinoamérica. Pero la respuesta firme no es caer en provocaciones que llevarían a un guerra fraticida y eso Chávez parecer tenerlo claro. De lo contrario no se hubiera mostrado receptivo a cualquier señal de reconciliación, o cuanto menos, de paz con Colombia.
Asumir el reto de juzgar la actuación de otros o criticar determinadas afirmaciones, es mucho más que llenar cuartillas y o amenazar con que la historia no absolverá a quienes opinen lo contrario.

viernes 1 de agosto de 2008

El fraude es otro capítulo de la ignominia

Tanto fue el escándalo que el Congreso de los Estados Unidos, retuvo, por poco tiempo, los fondos federales destinados a la subversión del gobierno legalmente constituido en Cuba.
Se trataba de 45 millones de dólares asignados por el órgano legislativo a la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID) con el propósito de financiar a ciertas organizaciones del sur de la Florida, y sus sucursales en Cuba, las cuales conspiran abiertamente para subvertir el orden interno en nuestro país.
Con ese dinero debían sufragarse los gastos de las “sacrificadas” vidas que llevan los asalariados del Imperio, costearles sus teléfonos celulares, materiales de oficina, bibliografía… en fin, todo lo que piden para realizar su “austera” y “humanitaria” labor de esparcir rumores, divulgar mentiras, promover el desaliento, la desobediencia civil y, para no perder la costumbre, realizar actos terroristas.
Pero ocurrió que la Oficina Fiscalizadora del Gobierno (GAO) descubrió un desfalco de aproximadamente 500 mil dólares en el Centro para una Cuba Libre, dirigido por el agente de la CIA Frank Calzón; y se supo que un funcionario del llamado Grupo de Apoyo a la Democracia usó la tarjeta de crédito de la organización para comprar por lo menos 11 mil dólares en artículos personales.
Las estimaciones más conservadoras indican que un 17 por ciento de los 65 millones invertidos durante la última década en asistencia federal para los “altruistas” propósitos referidos anteriormente, jamás salieron del país, sino que costearon estudios académicos y gastos de dichas organizaciones, fundamentalmente en Miami y Washington. Pero a juzgar por la fuente, también vinculada al negocio de la contrarrevolución, la cuantía debe ser mayor.
Sin embargo no ocurrió nada. Tras el compromiso de la USAID de que “implementarán inmediatamente auditorías más estrictas para evitar despilfarros y vulnerabilidades financieras que pudieran desnaturalizar el objetivo del programa”, el Congreso volvió a descongelar los fondos y… paz en la tierra y en el cielo gloria.
Simplemente investigarán y a lo sumo regañarán a quienes se equivocaron y tomaron, para uso personal, el dinero que debía ser gastado en violar el orden y la paz de un país con el que no se está oficialmente en guerra.
Desde luego la Oficina Fiscalizadora del Gobierno, no está para cuestionar el uso del presupuesto, sino para velar que se cumpla lo establecido. Es precisamente en eso “establecido” donde radica la flagrante violación del derecho internacional y de los principios que rigen las relaciones entre los Estados.
¿Qué derecho tiene Estados Unidos de dedicar una parte de su presupuesto a acciones que evidentemente tienen un carácter ilegal y clandestino contra Cuba?. En reiteradas ocasiones los personeros de las organizaciones contrarrevolucionarias han reconocido el carácter secreto y clandestino de sus acciones contra Cuba. De esta manera es claro que conocen que están violando nuestras leyes.
Todo esto es pasado por alto, intencionadamente, por el Congreso y la mayor parte de la prensa que ha cubierto todos los escándalos relacionados con la corrupción imperante en el manejo que hace la USAID del dinero asignado a “promover la democracia en Cuba”.
Los damnificados del huracán Katrina o quienes están perdiendo sus casas por la crisis inmobiliaria, agradecerían mucho que ese dinero se dedicara a paliar su difícil situación, en vez de usarlo en una agencia gubernamental que trabaja descaradamente para desestabilizar gobiernos “incómodos” para Washington.
Este crucial detalle es obviado a propósito en el debate sobre el fraude y la corrupción en la USAID. Es legalizar la subversión y la guerra encubierta, ni más ni menos.

Lea Más sobre los antecedentes de la actividad desetabilizadora de la USADI:

USAID en Bolivia y Venezuela: la subversión silenciosa


Consecuencias de la mentira

Por Eliades Acosta Matos

Acabo de leer a un airado periodista de origen inglés llamado Christopher Hitchens quien publicó
en Slate una arenga, que por momentos me hizo recordar a ese profesional de lo incendiario que fue el monje Savonarola. Lo que ha provocado la santa cólera del Sr Hitchens, poniéndolo al borde del soponcio, ha sido constatar lo que califica como "la cobardía del establishment de la cultura estadounidense", más o menos, la autocensura que muestra la prensa de aquel país, y especialmente sus editores, ante ciertos temas difíciles o que impliquen una toma de partido. Es importante decir que al Sr Hitchens le pica lo que sucede en Wáshington porque reside allí.

Al parecer el Sr Hitchens acaba de desembarcar en la Tierra, junto a Flash Gordon, tras hacer un viaje interestelar que debió iniciarse cuando aún la perrita Laika no había sido puesta en órbita por los soviéticos, o se estrenaba "Lo que el viento se llevó". Solo tan prolongada ausencia de los escenarios terrestres disculparía en algo la sorpresa de campeonato que muestra un periodista que viva en los Estados Unidos, dizque honesto y objetivo, ante algo tan pedestre y cotidiano en aquel país, y en muchos otros países del mundo, como la existencia de la más férrea e hipócrita censura de la prensa contra ciertos temas y ciertas noticias.

Yo pensaba, al comenzar a leer el artículo en cuestión, titulado "La verdad y sus consecuencias", que el Sr Hitchens bramaba al leer la lista de los 25 temas más censurados en la prensa de ese país, que cada año compila el proyecto "Censored", de la Universidad de Pomona. Tuve, incluso, la ingenua esperanza de que un profesional de la noticia de una nación tan poderosa como los Estados Unidos, y que tanto alardea de las amplias libertades de prensa, palabra e información, que supuestamente se garantiza a sus ciudadanos, hubiese quebrado lanzas porque se respetase, al menos un poco, la inteligencia de ese pueblo cuando se le presentan informaciones sobre el desastre iraquí, las bajas mortales de ambos bandos en conflicto, quién es Luis Posada Carriles o el origen y el sentido de los cambios sociales en América Latina. Era esperar demasiado. El Sr Hitchens está rabioso por encargo, y como suele hacer todo transformista de alquiler, alardea de lo que carece para encubrir lo que le sobra.

Según las doctas palabras del Sr Hitchens, "el enemigo más grande de la libertad de prensa… no es un Estado que censura, un propietario monopólico, el anunciante que quiere una cobertura favorable o al menos la ausencia de una cobertura desfavorable, sino… un periodista o editor cobarde que no necesita que le digan lo que debe hacer, pues ha internalizado(sic) la necesidad de agradar o al menos de no ofender a la pero tiranía de todas, la de cierta opinión pública que considera que su logro más alto es saberse cubrir las espaldas". Hermosos retruécanos verbales estos del Sr Hitchens, concedamos, lo suficientemente explícitos como para poder descubrir que se especializa en esa difícil variedad circense que es la neolengua, atribuida por muchos a su admirado George Orwell.

Porque, en rigor, por ejemplo, cuando el periodista neoconservador afronorteamericano Armstrong William fue hallado culpable de cobrar cifras de cientos de miles de dólares del gobierno de George W. Bush, por defender en sus columnas de opinión, oblicuamente, y como el que no quiere la cosa, el programa gubernamental "No Children Left Behind", ¿a qué dictadura obedecía y qué espaldas cuidaba? Y tras Armstrong comenzaron a destaparse payolas canallescas y rumbosas en toda la Unión, surtidores de aguas fétidas que regaban las verdes lechugas que con esmero cultivaban todo tipo de periodistas venales del país que da cátedras de periodismo pulcro al resto del universo. ¿Sabrá el Sr Hitchens, melancólico héroe intergaláctico que se ha quedado en la era Eisenhower, que el escándalo salpicó también a casi una decena de esforzados paladines del "Nuevo Herald", empeñados con denuedo en enseñar objetividad a los periodistas cubanos?

Lo que le pidieron decir al Sr Hitchens los mismos neoconservadores fulleros que pagaban al Sr Williams es que las autoridades de Dinamarca detuvieron a tres personas que se proponían atentar contra la vida del caricaturista Kurt Westergard, uno de los autores de las caricaturas que ridiculizaban a Mahoma, y que provocaron revueltas y protestas en todo el mundo, especialmente entre los musulmanes. Y lo que, además, le encargaron especialmente decir los adoradores de Leo Strauss y Albert Wolhstetter es que la inmensa mayoría de los periódicos ingleses y norteamericanos, con excepción de Free Inquiry y del Weekly Standard, vocero neoconservador del ya fenecido Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, dirigido por William Kristol, ninguna publicación seria cayó en la burda trampa de dar aire a una no menos burda operación de guerra cultural y psicológica de los servicios de inteligencia norteamericanos enfilada a la satanización de los musulmanes, y en consecuencia, en apoyo a la guerra infinita contra ellos que ya ha causado, solo en Irak, más de un millón de muertos.

De esta manera, por la boca del Sr Hitchens salían las neo-palabras precisas para convertir a las victimas en verdugos y a estos últimos en héroes de las libertades y los derechos, en caballerosos paladines del honor y la modernidad, en heraldos impolutos de un nuevo Camelot. Lo importante no era condenar a los que quemaron la Biblioteca Nacional de Irak, y propiciaron el saqueo de cientos de archivos y museos, y de miles de sitios arqueológicos de la región donde surgió la escritura humana, sino a los editores de periódicos que no se compraron el fiambre que parece haber sido traído en las alacenas de la nave de Flash Gordon, desde la época en que al destaparse la operación Mockingbird de la CIA, los Estados Unidos descubrían horrorizados que sus más reputados periodistas, ganadores de premios Pulitzer, habían estado publicando historias y noticias por indicaciones expresas de los chicos creativos de la Agencia, entonces empeñados en la sacrosanta cruzada contra la URSS y el comunismo. Por dinero, claro está.

Nacido en 1949 en Portsmouth, Reino Unido, y graduado en Ciencias Políticas, Filosofía y Economía en el Balliol College, de Oxford, el Sr Hitchens no es un ignorante, sino un cínico. El hombre que declaró en agosto del 2006, en Brasil, al periodista Miguel Otero que Chávez era como Perón, que los chinos eran muy peligrosos "por su complejo de inferioridad y su complejo de superioridad", y que "los intelectuales de izquierda admiran a Bin Laden, que este se ha convertido en el nuevo Che Guevara", y que eso lo declaraba como "marxista", no es un despistado sino un canalla, tanto como lo es por afirmar que "el desastre de Irak es un trago amargo, pero yo sigo defendiendo la invasión, porque solo así ganaremos esta guerra".

Pero, al final, nada nuevo bajo el sol, y las aguas siempre recobran su nivel. "Chistopher Hitchens es un provocador-nos lo anunciaba honestamente Otero en la entrevista ya citada-Siempre le ha gustado ir en contra de la corriente mayoritaria, y quizás por eso (oh, qué extraordinaria sorpresa!) es que ha dejado de ser un intelectual de izquierdas… Como todo el mundo critica ahora a Bush, él por llevar la contraria, lo defiende"
El Sr Hitchens es un portento de buen humor. Dice que deja la izquierda, porque esta es mayoritaria en el mundo. ¿No es esto acaso una joya de la guazonería británica de Beny Hill mezclada con un toque esencial de Woody Allen?

El Sr Hitchens es un esforzado continuador de la flor y nata de la andante caballería. ¿no lo demuestra al sacar la cara por el presidente de la superpotencia más poderosa del planeta, como si se tratase de una desvalida doncella raptada por feroces bandoleros?
El Sr Hitchens debe estar cobrando bien por sus servicios inquietantes, "después de abandonar la izquierda". Precisamente para eso se suele abandonar la izquierda, sobre todo cuando el puerto de destino es el neoconservatismo norteamericano, ducho en reciclar conversos desde los tiempos precursores de Irving Kristol, Lionel Thrilling y Norman Podhoretz. Solo que ahora estar tan cerca de un cadáver político insepulto podría acarrearle problemas de futura adaptación.

Imaginamos que el Sr Hitchens pronto colgará los guantes del buen humor y la caballerosidad a destajo para aplicarse al estudio de cómo abandonar el neoconservatismo, lavarse las manos manchadas de sangre iraquí y ponerse al servicio del Senador Barack Obama, porque, lo escucharemos decir en algún, que "no cuenta con suficiente apoyo electoral y es un seguro perdedor en las elecciones de noviembre"
Claro que primero alguien deberá cerrar cierto trato y poner por adelantado el combustible verde, bien ecológico, que impulse el motor de este moderno y desvergonzado Savonarola de la ultraderecha norteamericana.

Vivir para ver.

Julio del 2008.

El equipo asediado

Por: Fidel Castro Ruz
Julio 31 de 2008 12 y 32 p.m.


Tomado de www.cubadebate.cu

Están a punto de iniciarse los Juegos Olímpicos en China. Hace unos días escribí sobre nuestro equipo de pelota. Dije que nuestros atletas tenían una prueba muy dura y no eran ellos los que merecían las mayores críticas si algo no salía bien. Reconocí su calidad y patriotismo. Estaban deprimidos por las críticas que llegaban de Cuba.

Supe después que se mostraban muy animados. Habían aprendido a manejar los condimentados alimentos coreanos con palitos al estilo del oriente asiático. Enviaron un vibrante mensaje patriótico el 26 de Julio. Sin duda, enfrentarán con honor la difícil prueba.

Pero, ¿acaso están en igualdad de condiciones que los equipos de ricas potencias como Estados Unidos y Japón, que van a competir con Cuba? Estas poseen casi treinta veces más habitantes la primera y once por lo menos la segunda, no están bloqueadas económicamente y disponen ambas de enormes riquezas. Nadie les roba ni les saquea atletas.

Japón ha ordenado a sus profesionales participar en el equipo olímpico, y tienen que hacerlo porque así lo determinan sus dueños. Eso no tiene nada que ver con los atletas que han sido convertidos en mercancías.

Estados Unidos, en vísperas de las Olimpiadas, compró con su dinero mercenario a Alexei Ramírez, líder jonronero de la Serie Nacional del 2007 en nuestro país. El manager del equipo que lo compró se jacta de que no sabe en qué base ubicarlo porque está bien entrenado en todas. Repugnan los detalles de los trámites mercantiles que rodearon el caso y divulgaron los cables sobre el reparto de dinero. Antes, habían comprado al más prometedor pitcher de Pinar del Río, José Ariel Contreras, sembrando así la inseguridad y la desconfianza.

En Edmonton, Canadá, antes de iniciarse el juego con el equipo del país anfitrión del XXIII Campeonato Mundial Juvenil de Béisbol, se conoció la ausencia del seguro abridor, el zurdo Noel Argüelles, y del shortstop José Antonio Iglesias, con un promedio de bateo por encima de 500.

El valiente pitcher juvenil pinareño Julio Alfredo Martínez Wong se hizo cargo del montículo. Llevaba ocho entradas menos un out, hombres en base y parecía estar agotado. En el bullpen calentaba fuerte Joan Socarrás Maya, con instrucciones de estar listo para entrar en acción. Esteban Lombillo, enérgico y capaz director del equipo juvenil de Cuba, había ido ya al box. Julio Alfredo, en una explosión de dignidad, exigió seguir lanzando: "¡Yo termino esto!" —exclamó. Lombillo, que también estaba amargado por la vil traición, lo comprendió y confió en él. Julio Alfredo puso el alma. Sacó el out que faltaba en el octavo. En el noveno, retiró a los bateadores de uno, dos y tres, y ganó por una carrera al equipo de Canadá.

El short suplente, Yandy Díaz, jugó excelentemente y bateó el tubey que fue decisivo para la victoria de Cuba.

Edmonton se ha convertido en un basurero. Los atletas cubanos fueron mal atendidos. Tiene el privilegio de ser sede anual del campeonato. Debiera analizarse si vale la pena asistir.

No había sido enviado al evento ni siquiera un representante de la prensa cubana. Todo se conoce por vías no formales.

Los dignos atletas cubanos del equipo olímpico de pelota, que han sido excelentemente atendidos por los anfitriones coreanos y lo serán aún más en China, tendrán que competir en las circunstancias desfavorables que expliqué antes. Cualquiera que fuese el resultado, ellos saben que lo que nos importa es el honor y el valor con que luchen.

Pero no solo en la pelota tiene lugar la agresión imperialista. Hace unos meses, una parte de nuestro equipo masculino de fútbol se dejó arrastrar a la traición en Estados Unidos, reduciendo las perspectivas de Cuba en ese deporte en el área internacional. Una atleta olímpica de judo y casi segura medalla de oro fue sobornada. Comprando nuestros atletas, nos arrebataron cinco medallas de oro seguras en el boxeo olímpico. Es un toque a degüello contra Cuba robándonos cerebros, músculos y huesos.

¿A qué se debe el temor de los ricos y poderosos hacia nuestra pequeña y bloqueada isla?

En el ajedrez, Leinier Domínguez lucha en Suiza en uno de los más importantes torneos internacionales.

En las Olimpiadas, que se inician el 8 de agosto, nuestros atletas de diversas disciplinas se batirán por el oro con más dignidad que nunca, y nuestro pueblo disfrutará de sus medallas como jamás lo hizo. Entonces los fanáticos se acordarán de los traidores.