Posted by : István Ojeda Bello lunes, 12 de febrero de 2007

La modernidad puede resultar aterradora. La salud de las personas no está en manos de los médicos, se dirime en los tribunales. Así le ocurre a la mayoría de los indios enfermos de leucemia quienes esperan esta semana por la continuación del pleito judicial entre su gobierno y la empresa suiza Novartis.

Vidas en juego
Es, literalmente, un asunto de vida o muerte, iniciado 2001, cuando Novartis introdujo un fármaco contra la leucemia capaz de prolongar la vida del 90 por ciento de los pacientes. Pero la magia del “Glivec” tenía un precio: dos mil 500 dólares la dosis mensual.
Entonces 11 laboratorios locales emprendieron la fabricación de Glivec como una medicina genérica. O sea, produciendo solo la sustancia base, la cual es en definitiva la que cura, el resto son solo componentes destinados a compensar los gastos de las investigaciones. De esa manera, buena parte de los pacientes pudo acceder a dosis considerablemente más baratas (unos 200 dólares mensuales).
En 2003 Novartis patentó a su nombre el Glivec, y redujo a prácticamente cero las opciones de vida de al menos 27 mil indios pues acaparó los derechos exclusivos de producción y venta del fármaco en el país. Por eso la Asociación de Ayuda a Pacientes de Cáncer (CPAA) presentó el año pasado un recurso ante el Controlador de Patentes de India y logró un fallo positivo. La transnacional ripostó ante las cortes para, dijo: “salvaguardar la propiedad intelectual”.
La sociedad civil india de manera unánime ha cerrado filas para impedir que la farmacéutica se salga con la suya. De lo contrario se sentaría un precedente con serias repercusiones en el campo de la producción de medicamentos genéricos y particularmente de los antirretrovirales contra el SIDA.
En Washington y Nueva Delhi, tuvieron lugar protestas simultáneas para denunciar que muchos podrían morir si priman los intereses comerciales. “He vivido con SIDA durante los últimos trece años, dijo Monique Wanjala una de las manifestantes en la India. “He estado –agregó- en tratamiento con antirretrovirales desde 2004, y esto es porque el acceso se ha facilitado, nosotros decimos que si Novartis sigue adelante con este caso, ¿qué es lo que significa para nosotros los que vivimos con SIDA? Significa que nuestras vidas están en juego”.
La codicia de las multinacionales farmacéuticas es la responsable de que 750 millones de personas no vean muchas opciones de sanarse. Según la lógica del mercado sus dolencias no son rentables. Por ese camino el 90 por ciento del dinero para investigaciones farmacéuticas se destina a investigar enfermedades que padece una décima parte de la población mundial.
A los anteriores súmele quienes sufren los padecimientos llamados “caros” pero tienen los bolsillos vacíos, y entonces son más de dos mil millones de personas privadas de su derecho a la salud.
Médicos sin Fronteras (MSF) alertaba en 2005 que ““La crisis VHI/SIDA ha evidenciado la necesidad urgente de asegurar que los medicamentos esenciales estén disponibles a precios accesibles. Hoy, aproximadamente la mitad del millón de personas que reciben tratamiento antirretroviral en los países en vías de desarrollo dependen de la industria de genéricos”.
[1]
Varias investigaciones que podrían haber salvado vidas han sido torpedeadas o ridiculizadas porque eliminarían tratamientos prolongados, sumamente rentables para laboratorios, hospitales y clínicas privadas.[2]

¿No enfermarse?
Pareciera que la única solución es no enfermarse, al menos si no tiene el dinero suficiente. Como eso no es posible, varios países del Tercer Mundo se han convertido en abanderados de la producción de los medicamentos genéricos para contrarrestar la voracidad de los consorcios médicos.
Solo en la industria india de genéricos daba trabajo en el año 2003 a 500 mil personas en más de 20 mil empresas, las cuales a su vez, mediante contratos subsidiarios, sobrepasaba los 2,5 millones de empleos.
Desde la aprobación en 1997 de la ley brasileña de prohibición de patentar medicamentos aparecidos en el mercado antes de ese año, pudieron producirse en el país equivalentes genéricos de 8 de los 12 antirretrovirales existentes con una reducción de los costos del 79 por ciento.
[3] Esa única medida prolongó la vida de por lo menos la mitad de los enfermos de SIDA.
El gobierno sudafricano logró, en 2005, mantener las importaciones y la producción nacional de los genéricos, tras llegar a un acuerdo con las 39 compañías internacionales farmacéuticas que se habían unido para demandarlo por violar las reglas comerciales mundiales de propiedad intelectual.
En Brasil, desde que se votaron leyes que prohíben patentar los medicamentos aparecidos en el mercado nacional antes de 1997, pudieron producirse localmente equivalentes genéricos de 8 de los 12 antirretrovirales disponibles mundialmente con una reducción del promedio del costo del 79 por ciento. En el año 2003 se constató la estabilización de la epidemia y se había reducido la mortalidad a la mitad.
Cuba por su parte, ya produce en sus laboratorios todos los antirretrovirales, los cuales distribuye gratuitamente entre los enfermos. La industria cubana además surte más del noventa por ciento de la demanda nacional a precios módicos y todavía le alcanzan las fuerzas para asumir los suministros gratuitos a los programas de colaboración internacional como la Misión Milagro y Barrio Adentro.
Igualmente el sistema cubano de investigación médica se ocupa de las mal llamadas “enfermedades de los pobres” con resultados de fama mundial como las vacunas contra la Hepatitis B, la meningitis y más recientemente, la vacuna pentavalente.

Francia, Brasil, Estados Unidos, Sudáfrica, ahora la India, han sido escenarios de pleitos judiciales que han involucrado a transnacionales como Bayer, Novartis o Pfizer que no ven a pacientes sin clientes; del otro lado organizaciones sociales y demasiados pocos gobiernos empeñados en defender el derecho de todos a la atención médica. El motivo, dicen, son los medicamentos genéricos pero en el fondo se trata de una guerra mucho mayor. Es el conflicto entre la salud para todos y el mercado

[1] Hedelberto López Blanch. “El millonario negocio de los medicamentos”._ En www.rebelion.org (consultado el 28 de enero de 2007).

[2] Así ocurrió, por solo citar algunos casos con la propuesta del físico y matemático español Antonio Brú de un medicamento de uso hospitalario sin efectos colaterales comprobados, el G-CSF, el cual evitaría la propagación del cáncer.
También el profesor Chaisson, un estudioso por 20 años de la tuberculosis, descubrió que el moxifloxacin, un antibiótico desarrollado por Bayer para combatir la neumonía, acababa con las bacterias de la tuberculosis. Al no encontrar respuesta de la empresa alemana para continuar las investigaciones en humanos; a través de la Agencia del Medicamento Estadounidense (FDA) recibió la autorización y una ayuda de 1,3 millones de dólares para realizar sus ensayos con enfermos en Brasil.
Otro caso es el de la casa Abbott, la cual ha comercializado recientemente una versión del antirretroviral Kaletra que no necesita refrigeración. A pesar de la gran utilidad de un producto con tales características en el contexto africano (altas temperaturas y frecuentes cortes del suministro eléctrico) la casa Abbott se ha negado a comercializarlo allí.

[3] Hedelberto López Blanch. Ob._cit

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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