Posted by : István Ojeda Bello lunes, 8 de mayo de 2006

La otra cara de la moneda
(Para las fuerzas revolucionarias, porque son los conservadores los primeros en subvertir el orden democrático que dicen defender si ven amenazados sus privilegios)

América está en la guerra. Éste es un tiempo de guerra en el cual nuestra estrategia de seguridad nacional se enfrenta a un grave desafío: el levantamiento de terrorismo alimentado por una agresiva ideología del odio y el asesinato, totalmente revelada al pueblo americano el 11 de septiembre de 2001. Esta estrategia refleja nuestra obligación más solemne: proteger la seguridad pueblo americano.
George W. Bush. Introducción al Informe “La Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América”, 16 de marzo de 2006.


Por István Ojeda Bello
Complaciendo las peticiones de algunos lectores interesados en el tema, el presente material aborda la cara sangrienta de la estrategia de dominación imperialista. No es que en las prácticas “pacíficas” para derribar gobiernos no haya muertos o heridos; los hay, sobre todo para deslegitimar el gobierno “hostil”. Solo que ahora la violencia es más descarnada.
El derrocamiento violento de un gobierno “no agradable” u “hostil”, según sea la nomenclatura empleada, es un proceso que puede llevar más o menos tiempo de acuerdo a las particularidades de cada caso concreto y cuyo éxito dependerá de la pericia de los revolucionarios para vencerlos.
También pueden establecer, y esto es muy importante en los tiempos actuales, políticas “preventivas” para evitar al ascenso al poder de las fuerzas progresistas.
Generalmente la rapidez para poner en práctica la opción violenta se relaciona con la misma capacidad de dichos gobiernos nacionales u organizaciones revolucionarias, para enfrentarse de manera eficaz a las tácticas “pacíficas” diseñadas por las agencias estadounidenses y sus aliados internos.

1. Educar a los militares en el “peligro del comunismo” u otras amenazas según convenga
Los actores estelares dentro del guión de una historia que casi siempre concluye en el golpe de estado y la “intervención pacificadora”, son los militares.
Es así que las diferentes administraciones estadounidenses, así como las agencias de inteligencia, durante décadas se han asegurado de “educar” a los militares extranjeros sobre la base del “peligro comunista” y el mantenimiento de un status social reducido a la ecuación de: “los ricos siempre ricos, los pobres eternamente pobres: en la tierra, paz y en el cielo gloria”.
[1]
Desde luego que el ejemplo más conocido es la Escuela de las Américas (SOA por sus siglas en inglés) la cual fue establecida en Panamá en 1946, y luego trasladada a Fort Benning, Georgia en 1984. Desde su apertura la escuela se nutrió de los mejores “especialistas”. Se cree que hasta 1955 puede haber estado dirigida por el criminal de guerra nazi Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon, quien se había refugiado en Bolivia.
La muy justamente llamada "Escuela de Asesinos", el 17 de febrero del 2001, cambió de nombre. Ahora es el "Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación de Seguridad" Western Hemisphere Institute for Security Cooperation (WHISC).
Durante sus sesenta años de existencia, la SOA ha entrenado más de 61 mil soldados latinoamericanos en técnicas de combate, tácticas de comando, inteligencia militar y técnicas de tortura. Estos graduados han dejado una larga estela de sangre en los países donde han regresado. Hoy día, la "nueva" Escuela de las Américas (WHISC) entrena mas de mil de soldados cada año.
No es raro entonces que en sus aulas del terror se hayan graduado diez de los dictadores de América latina. Entre los egresados más “diligentes” en aplicar lo aprendido baste citar al general Hugo Bánzer, dictador de Bolivia entre 1971 y 1978, (en 1988 fue admitido al salón de la fama de la escuela); Roberto D'Aubuisson , líder de un escuadrón de la muerte en El Salvador; el general Héctor Gramajo, ex-ministro de defensa de Guatemala y arquitecto de políticas militares genocidas en la década de 1980; y Leopoldo Fortunato Galtieri, líder de junta argentina, que supervisó los dos años finales de la "guerra sucia" de ese país, en los cuales fueron torturadas más de 100 mil personas.
[2]
La educación de los uniformados no siempre ha requerido que ellos vayan a “superarse” a Estados Unidos. También se han abierto escuelas o instituciones afines en los países de origen de los potenciales alumnos.
En 1949 se estableció la Escuela Superior de Guerra en Río de Janeiro, Brasil, al respecto el historiador Thomas E. Skidmore se pregunta: En vista del hecho de que la Escuela de Guerra Brasileña se convirtió en un centro de reunión de jefes militares opuestos a los políticos civiles populistas, valdría la pena analizar hasta que punto la sólida ideología anticomunista –que llega a bordear el límite de una actitud antipolítica- fue fortalecida ¿o moderada? por sus frecuentes contactos con oficiales estadounidenses.
Existía además el Programa de Asistencia Militar de EE.UU. el cual según el embajador de Washington en Brasil, Lincon Gordon era: un vehículo de gran relevancia para el establecimiento de relaciones estrechas con el personal de las fuerzas armadas y un factor de extrema importancia para influir en que los militares [brasileños] sean pro estadounidenses.
Entre 1956-1958 al menos dos veces Estados Unidos intentó derrocar al gobierno sirio. A pesar de sus fracasos, en 1963 durante una reunión entre el presidente Kennedy el primer ministro británico Macmillan, ambos líderes concordaron, al decir de un informe de la CIA, en la: penetración y cultivo de elementos desorganizadores en las fuerzas armadas sirias, en particular en el ejército, de modo que Siria pueda ser guiada por Occidente.
El dolor preciso, en el lugar preciso, en la cantidad precisa, para el efecto deseado”: esa fue la máxima de Dan Mitrione, jefe de de la misión de la Oficina de Seguridad Pública (OPS) en Montevideo y tristemente célebre en Uruguay por sus crímenes, muchos de ellos relacionados con al Operación Cóndor.
En el papel, la OPS era una división de la USAID (Agencia para el Desarrollo Internacional (US Agency for International Development) y estaba dirigida por un agente de la CIA, Byron Engle. Al menos hasta que el Congreso abrió investigaciones al respecto en los años 70, la OPS había entrenado a más de un millón de policías, solo en el Tercer Mundo; diez mil de ellos había recibido cursos superiores en EE.UU., mientras que alrededor de 150 millones de dólares en equipamiento habían surtido a las fuerzas policiales extranjeras.
En la medida en que fue cayendo en descrédito la OPS sus funciones de entrenamiento fueron asumidas por otras agencias, especialmente por la Administración de Reforzamiento sobre Drogas (DEA) y el Buró Federal de Investigaciones (FBI). A tono con los nuevos “enemigos”, según la lógica imperial, se hizo necesaria la introducción de cambios en el proceso de “educación” de las instituciones de seguridad extranjeras.
A mediados de abril de este año, por ejemplo, David Strange jefe del Escuadrón de Terrorismo Interno de la División de Sacramento (California) del FBI, impartió un curso de “capacitación” contra el terrorismo en Chile. Strange recomendó que se creara una Task Force (Fuerza de Tarea) para coordinar las operaciones antiterroristas.
Junto al oficial de Sacramento estuvo su colega Todd Porter de la División FBI de San Francisco. Ambos señalaron a los indígenas mapuches y las sublevaciones populares como las principales fuentes de acciones terroristas: sobran los comentarios.

2. Asegurar el asesoramiento y la presencia de militares afines en los cuerpos armados del país señalado como objetivo
Simultáneamente al adoctrinamiento de los uniformados de todo el orbe, los gobiernos de Estados Unidos han establecido como una práctica habitual garantizar el asesoramiento directo a las diferentes instituciones armadas de otros países. Algo así como un “servicio de pos venta y garantía”.
La variante más conocida es establecer una Misión Militar, la cual garantiza el seguimiento constante a los agentes reclutados. Dichas misiones dirigieron en su época las estrategias de contrainsurgencia. En los comienzos del siglo XXI, a la tarea antes mencionada se une el monitoreo a cualquier fuerza de izquierda que amenace el orden establecido.
Durante la guerra contra las guerrillas de Ejército de Liberación del Pueblo (ELAS) de Grecia entre 1945 y 1947, la AMAG (Misión Militar de Estados Unidos en ese país) se hizo cargo por completo de la dirección de todas las operaciones militares.
El escritor militar británico Edgar O`Ballance, afirma que más de 250 militares norteamericanos fueron ubicados en puesto claves del ejército griego desde el Estado Mayor hasta la jefatura de las divisiones. O`Ballance agrega que otros 200 miembros de la fuerza aérea y naval de EE.UU. prestaron servicio activo en Grecia.
Tanto en la tierra como en el aire, el apoyo norteamericano se estaba volviendo cada vez más activo y la línea teórica entre asesoramiento, inteligencia y combate efectivo resultaba muy delgada, relata C. M. Woodhouse, coronel británico que sirvió en Grecia en la segunda mitad de la década de los 40.
A principios de los años cincuenta EE.UU. organizó en Filipinas el Grupo Asesor Militar Conjunto, mediante el cual abasteció al ejército filipino con más de 200 millones de dólares y reorganizó los departamentos de inteligencia y defensa de ese país. En Filipinas se ensayaron los métodos de “búsqueda-destrucción-pacificación” que se harían tenebrosamente célebres en Viet Nam.
La importancia que este asesoramiento y las relaciones que por ende se establecen entre los militares nativos y los norteamericanos pueden volverse decisivas en un momento determinado.
Un informe del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de EE.UU. analizó en los 70 la participación estadounidense en el Golpe de Estado que derrocó al gobierno de Sukarno en Indonesia en octubre de 1965. Según el informe, en el momento del golpe más de mil 200 oficiales indonesios habían sido entrenado en Estados Unidos.
El texto reconoce la importancia de las relaciones estrechas que se establecen entre los militares norteamericanos y sus “alumnos” extranjeros. Al respecto precisa que: existían numerosas amistades y contactos entre las instituciones militares norteamericanas e indonesias, en particular entre miembros de los dos ejércitos. En el período posterior al golpe, cuando la situación política todavía estaba indefinida, Estados Unidos tuvo la posibilidad de dar muestras de apoyo moral y material a las fuerzas anticomunistas a través de estos canales de comunicación establecidos.
No por gusto el presidente Hugo Chávez, se vio obligado a prescindir de los “servicios” de la Misión Militar de Estados Unidos en Venezuela.
[3]


3. Introducir niveles importantes de inestabilidad en el país que justifiquen la intervención de los militares

Son notorias las operaciones de desestabilización violenta auspiciadas por Estados Unidos en países como Cuba, Viet Nam, Irán, Afganistán, Irak y el otrora Campo Socialista.
Contra la isla del Caribe baste señalar el Programa de Acciones Encubiertas, en una fecha tan temprana como marzo de 1960 o la Operación Mangosta iniciada en 1962. Sin hablar de todo el rosario de agresiones armadas, económicas, biológicas etc., ejecutadas contra la Revolución Cubana por casi 50 años.
Igualmente es conocido el apoyo norteamericano a organizaciones armadas de derecha para desestabilizar gobiernos considerados “inapropiados” a los ojos de Washington, sobre todo en Latinoamérica pero también dicho apoyo se ha visto en otras regiones del mundo.
Es el caso del famoso Armée Clandestine organizado por la CIA y el Pentágono desde mediados de los 50 hasta los años 70 en Laos. Reclutando soldados entre la étnia meo, el mismo grupo étnico usado en Viet Nam, este ejército clandestino de la CIA llegó a contar al menos con 30 mil hombres. En él participaron bajo diferentes coberturas, pilotos y asesores norteamericanos. Tras una década de actividad del Armée Clandestine en territorio laosiano, junto a las tierras arrasadas y las decenas y miles de muertes la CIA había hecho del Sudeste asiático el proveedor del 70 por ciento del opio del mundo.
No veo por qué necesitamos quedarnos sin hacer nada y contemplar cómo un país se vuelve comunista: dijo Henry Kissinger el 27 de junio de 1970 en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional donde se analizó el “problema” de Chile.
Evidentemente no se cruzaron de brazos, pero a las medidas de cerco económico, aislamiento internacional y al incremento de la “asesoría” a los militares chilenos, se le unió la ayuda a organizaciones como Patria y Libertad. Un grupo que ejecutó todo tipo de acciones de sabotaje y atentados a figuras del gobierno de Salvador Allende. Entre estos recuérdese el asesinato del edecán naval del Allende, comandante Arturo Anaya y el ataque al Palacio de la Moneda en junio de 1973.
[4]
Sin embargo las operaciones de desestabilización donde la violencia ha sido la protagonista también han incluido a países de la “culta y civilizada” Europa Occidental.
Cuando el 22 de abril de 1961 cuatro generales franceses en Argelia tomaron el poder y proclamaron sus intenciones de mantener unida a la colonia argelina a la metrópoli, fue claro para la comunidad internacional la participación de la CIA en el complot contra el presidente francés Charles De Gaulle.
Aunque tanto los franceses como lógicamente los norteamericanos, se esforzaron en darle un bajo perfil al asunto, quedó al descubierto la participación de la inteligencia de Washington en el putsch del Argel, el cual planeaba ser el detonante para derrocar al presidente De Gaulle.
El corresponsal en Argelia del diario parisino L`Express, Claude Krief afirmó en mayo de 1961 que: Tanto en París como en Washington se conocen ahora los hechos, aunque nuca serán admitidos públicamente. En privado, las más altas personalidades francesas no lo ocultan, y lo que dicen es esto: La CIA tuvo un papel directo en el golpe de Argel, y ciertamente tuvieron un gran peso en la decisión tomada por el ex general Challe de comnezar el putsch.
Para que no quede como un acusación de los agraviados galos, en 1975 el Chicago Tribune reveló que: líderes del Congreso han sido informados acerca de la participación de la CIA en un complot de disidentes franceses para asesinar al presidente francés Charles De Gaulle. En las últimas dos semanas, un representate de la CIA reveló algunos detalles de la trama [...] Se dice que en algún momento a mediados de los 60 –probablemente en 1965 o 1966- opocitores al gobierno de De Gaulle hicieron contacto con la CIA para pedr ayuda en un complot para asesinar al líder francés.
[5]
A partir de 1949 se comenzó estructurar una red paramilitar en todos los países no socialistas de Europa, incluyendo Grecia, Turquía y las aparentemente neutrales Suecia y Suiza. La Operación Gladio (en italiano espada) tenía el declarado propósito de establecer fuerzas insurgentes que combatieran de forma irregular una supuesta invasión soviética. Al no producirse el avance de la URSS, quedó al descubierto el verdadero carácter de Gladio: combatir los movimientos internos de izquierda.
Un ex agente de Gladio en Italia, Roberto Cavallero denunció que él y muchos otros habían sido entrenados para preparar grupos que en caso de avance de las fuerzas de izquierda en nuestro país, llenaríamos las calles y crearíamos una situación de tensión tal que se requeriría de una intervención militar. Cavallero además reveló el vínculo directo existente entre Gladio y los atentados con bombas en Italia en los años 70 y 80 causantes de al menos 300 muertos.
El General griego retirado Nikos Kouris declaró que la fuerza griega de Gladio fuer formada con ayuda de la CIA en 1955 para intervenir ante una amenaza comunista externa o interna.
Los operativos belgas de Gladio escenificaron en 1983 una serie de tiroteos en supermercados. Un año después marines norteamericanos efectuaron un desembarco aéreo en suelo belga con el objetivo de atacar una estación de policía. El armamento utilizado fue plantado en un local de un pequeño grupo de izquierda. Todas estas acciones tuvieron un objetivo común: crear la impresión entre la población de que Bélgica estaba a punto de ser sacudida por un “Revolución Roja”.
Aún en 1990 se continuaba descubriendo arsenales de Gladio en varios países de Europa. En 2001 el general Gianadelio Maletti, antiguo jefe de la contraiteligencia militar italiana testificó en un juicio que: La CIA, siguiendo las directivas de su gobierno, quería crear un nacionalismo italiano que fuese capaz de detener lo que se veía como un desliz hacia la izquierda, y con ese propósito, podía utilizarse el terrorismo de derecha. Creo que esto también ocurrió en otros países.
[6]
El continente americano es pródigo en experiencias de este tipo, solo recordaré la más reciente. Los sucesos precedentes al golpe militar contra el presidente venezolano Hugo Chávez el 11 de abril de 2002. Las investigaciones posteriores han demostrado la conspiración de los militares y oficiales de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Protección (DISIP) alrededor de las muertes de manifestantes, tanto chavistas como de la oposición en las manifestaciones del día 11, hechos que luego sirvieron de justificación para el golpe.[7]

4. Golpe militar y solución extrema: la intervención directa
Llegado el punto extremo del cuartelazo militar, probablemente muchos de los lectores podrán aportar sus propios ejemplos sobre la presencia norteamericana en los diferentes golpes de estado ocurridos en nuestros países a lo largo de la historia.
En febrero de 1966 se produjo un golpe de estado contra el presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, según el ex oficial de la CIA John Stockwell, a la estación CIA en Accra: se le dio un presupuesto generoso y mantuvo contacto estrechos con los conspiradores mientras se preparaba el golpe. Tan cercana era la participación de la agencia que pudo coordinar la recuperación para EE.UU. de algunos equipos militares soviéticos clasificados mientras el golpe tuvo lugar.
Durante la asonada militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile, barcos estadounidenses permanecieron cerca de las aguas territoriales chilenas en estado de alerta. Una aeronave WB-575, especializada en el control de las comunicaciones desde el aire, se mantuvo sobrevolando el espacio aéreo chileno y aviones se observación fueron despachados hacia la base aérea de Mendoza, Argentina, muy cerca de la frontera chilena.
Varios oficiales norteamericanos fueron vistos cerca de Valparaíso, donde comenzó el golpe. Vinimos a cumplir una tarea y ya está hecha, escuchar este y otros comentarios indiscretos de sus compatriotas le costó la vida al ciudadano norteamericano, Charles Horman.
Estas tácticas de “observación” aún están vigentes. Durante el corto tiempo que duró el gobierno de Pedro Carmona en Venezuela. Un avión de matrícula estadounidense aterrizó en la isla de La Orchila con intensiones de sacar del país al presidente Chávez. Además embarcaciones de la Armada de EE.UU. identificadas como NC1 3300, NC2 2027 y NC3 2132 penetraron en aguas venezolanas en la mañana del 13 de abril de 2002. Ese mismo día los helicópteros NC1 1100 y NC1 0107 sobrevolaron las costas de Venezuela, asimismo no se descarta la posibilidad de que un avión F-117 sobrevolara el cielo venezolano durante la noche.

Epílogo

A manera de resumen baste decir que desde 1945 hasta 2003 EE.UU. intentó con más o menos éxito derrocar a más de 40 gobierno extranjeros y de aplastar a un mínimo de 30 movimientos por ellos considerados “hostiles”. Para lograrlo no vaciló en bombardear a aproximadamente 25 naciones con un saldo de varios millones de muertos y secuelas considerables al medio ambiente y en particular a la salud de los sobrevivientes. Asimismo un mínimo de 37 líderes extranjeros fueron objeto de planes de atentados organizados o alentados por las agencias de inteligencia de Estados Unidos de América.
Tanto las incursiones “pacificas” como las abiertamente violentas se ha amparado en la amplísima concepción de la “seguridad nacional”, la cual a los ojos de los círculos de poder en Estados Unidos tiene connotaciones externas pero que al mismo tiempo legitima acciones internas.
Es así que parece perfectamente normal auspiciar el derrocamiento de gobiernos extranjeros si ello significa apuntalar ante el público norteamericano conceptos ambiguamente relacionados con una supuesta “unidad nacional”, el “interés nacional” o el supuesto “protagonismo internacional” asignado por la Providencia a Estados Unidos, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial.
Si su decisión de “proteger la seguridad nacional” los ha llevado a plagar al mundo de miserias por décadas, igual de firme debe ser la determinación de las fuerzas progresistas para oponerse a sus designios para bien de toda la humanidad.


[1] Promover una idea semejante no es capricho de algún presidente en particular, forma parte de la propia ideología estadounidense. Durante el siglo XIX (y quién sabe si muchos ahora también), los hacendados del sur de Estados Unidos estaban convencidos de que los esclavos tenía que estar agradecidos se vivir como tales. Un cirujano y psicólogo de Luisiana, el Dr. Samuel A. Cartwright, argumentaba aquellos esclavos que ansiaban escapar de su condición sufrían de lo que él llamaba drapeotomía.
[2] En países como Chile, desde 1956 hasta 2003 se graduaron en la Escuela de Las Américas cinco mil 347 militares, Bolivia tres mil 878, Nicaragua cuatro mil 318, Colombia nueve mil 886 de este ultimo, según ONGs, 124 de 247 militares colombianos, entrenados por la SOA, en los últimos 10 años, han cometido abusos a los derechos humanos.
[3] Un cable enviado por la Sección Militar de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, fechado en junio de 2002 descubre las intenciones escondidas tras el programa Internacional de Educación y Entrenamiento Militar (IMET) dirigido por EE.UU. para Venezuela. Como uno de los objetivos del IMET se señalaba: Ampliar el acceso y la influencia del gobierno de los Estados Unidos a todos los niveles de las Fuerzas Armadas venezolanas (…) Incrementar el número de oficiales de las Fuerzas Armadas venezolanas a todos los niveles que reciben instrucción en escuelas militares de los Estados Unidos. Además el cable insistía en la importancia de ubicar a los graduados por el IMET en posiciones claves como el Estado Mayor o como comandantes de unidades claves.
Para más información véase: “El Código Chávez. Descifrando la intervención de los Estados Unidos en Venezuela” de la investigadora y abogada venezolana-norteamericana Eva Golinger
[4] Patria y Libertad solo detuvo por propia voluntad un sabotaje: la voladura sobre un puente de un tren que transportaba el cobre de la Mina El Teniente para arruinar una de las últimas fuentes de ingresos del gobierno de la Unidad Popular. Un golpe tan demoledor al gobierno socialista se detuvo porque estaba previsto para la madrugada del 11 de septiembre de 1973. Desde el día 10 el coronel a cargo de la operación, como resto de los oficiales chilenos, había recibido la orden del jefe del Ejército, Augusto Pinochet de “nadie se mueve hasta las cinco”. A las seis en punto se puso en marcha el Plan Cochayuyo que derrocaría al gobierno de Allende.
Tampoco puede olvidarse el protagonismo de la agencia estadounidense en la organización y entrenamiento de la Alianza Anticomunista Argentina, conocida como Triple A que desestabilizó a los gobiernos civiles argentinos previo al golpe de marzo de 1976 y que con los militares en el poder sería una de las estructuras de represión más célebres.
[5] También se ha denunciado el apoyo de la CIA a la Organización del Ejército Secreto de Francia (OAS), grupo de ultraderecha responsable directo de muchas de las conspiraciones contra De Gaulle.
[6] El general italiano tenía razón, es más, podría decirse que en un determinado momento funcionaron tres grandes operaciones de la CIA para eliminar a los movimientos revolucionarios, las operaciones Gladio, Fénix y Cóndor. Cada una con un área de trabajo específica pero con métodos de tortura y asesinato muy parecidos.
En el caso del Tercer Mundo ha sido ampliamente documentado el protagonismo estadounidense en las dos más grandes operaciones para ahogar en sangre a los movimientos revolucionarios.
Nos referimos específicamente a la Operación o Programa Fénix, el cual comenzó de manera oficial en 1966 para la “pacificación” de las aldeas de Viet Nam del Sur. Para la supuesta “pacificación” se formaron “pelotones de exploración provincial”, los cuales en la práctica actuaron como grupos paramilitares irregulares para realizar operaciones punitivas en las aldeas vietnamitas. Los pelotones se apoyaban en 44 centros de informaciones, distribuidos en razón de uno por provincia, los cuales garantizaban la información sobre las personas simpatizantes de las guerrillas.
Según reconociera el director de la CIA William Colby ante la Comisión de Senado de EE.UU. en 1971 Fénix fue el responsable de la muerte de 20 mil 587 personas, aunque el gobierno de Saigón admitió por esa misma fecha que 40 mil 994 “sospechosos” perecieron bajo las garras de Fénix.
Se considera de la Operación Cóndor fue la versión para Latinoamérica de Fénix, solo que esta vez los mecanismos aplicados a escala del sur vietnamita se extendieron a escala transnacional. Cóndor tuvo su centro operativo en la tenebrosa Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) de Chile, y mediante ella se coordinó la persecución, asesinato y/o desaparición de decenas de miles de personas, principalmente latinoamericanos. No se respetaron fronteras ni cargos políticos pues su sombra llegó hasta asesinar al ex canciller chileno Orlando Letelier en Washington, al Primer Ministro sueco Olof Palme o al líder panameño Omar Torrijos.
Para mayor información sobre Cóndor recomendamos “Operación Cóndor. Pacto criminal” de la periodista argentina Stella Callón.
[7] Al respecto podría aportar una anécdota. Conversando con académico venezolano en La Habana el 18 de noviembre de 2004, debatíamos sobre que opciones de la oposición tras fracasar en el golpe de abril de 2002, el paro petrolero de finales de 2002 y principios de 2003 y el referendo revocatorio en agosto de 2004. “Solo le queda un camino –le dije- el terrorismo”. Desgraciadamente la realidad me dio la razón bien rápido pues esa misma noche fue asesinado en Caracas el fiscal Danilo Anderson quien procesaba entonces a los militares y civiles involucrados en los asesinatos de civiles entre el 11 y el 14 de abril de 2002. Varios de los culpables del asesinato de Anderson escaparon a Miami.
Sobre el involucramiento de la CIA y demás agencias de inteligencia de Estados Unidos en el golpe militar, el paro petrolero contra Chávez recomiendo el libro ya citado de Eva Golinger.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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