Posted by : Unknown viernes, 13 de octubre de 2006


Mucho más que “teléfonos pinchados”

Los periodistas son uno de los objetivos preferidos de las grandes corporaciones para mantener ocultos sus “trapos sucios”. El escándalo que envolvió a la compañía tecnológica más grande y antigua de Silicon Valley es la punta del iceberg, pues no solo ellas espían a los profesionales de la comunicación.

Amplio destaque tuvo el escándalo de los “teléfonos pinchados” como lo llamó Página12, al descubrirse que la empresa estadounidense de ordenadores e impresoras Hewlett-Packard (HP) había estado empleando métodos ilegales de espionaje y vigilancia dentro de una investigación secreta para impedir las filtraciones de información a los medios.

Inicialmente Hewlett-Packard admitió que había contratado detectives privados para descubrir quién se había “ido de lengua” sobre los interioridades de las deliberaciones privadas en 2005 dentro del consejo de administración sobre la salida de Carly Fiorina, entonces presidenta ejecutiva de la firma.

¿Quién se fue de lengua?

Las alarmas se dispararon cuando quedó al descubierto que los investigadores utilizaban falsas identidades para obtener pormenores telefónicos de las conversaciones de miembros del Consejo y periodistas. El primero en protestar fue el empresario Thomas Perkins, quien dimitió del Consejo en mayo pasado cuando supo que los detectives habían obtenido sus declaraciones telefónicas haciéndose pasar por él.

Para obtener la información los detectives se valieron de un método de ingeniería social conocido como pretexting¸ muy utilizado para engañar a la gente y, mediante identidades falsas, hacerlas revelar información sensible, o violar las políticas de seguridad típicas.

Así utilizaron por ejemplo los números de seguridad social de varios miembros de la junta, para obtener los registros de sus llamadas. También enviaron correos electrónicos con sistemas de rastreo para ayudar a la empresa a descubrir la fuente de las filtraciones.

Hasta el momento se sabe que los detectives privados contratados por HP espiaron no sólo a los directivos de la compañía. También trataron de colocar un software de espionaje en la computadora de al menos un periodista. Entre sus objetivos estuvieron las llamadas telefónicas o e-mails hechos por reporteros de Cnet.com, una revista online de tecnología de San Francisco; The New York Times y The Wall Street Journal.

A medida que han avanzado las investigaciones HP ha tenido más detalles de sus “estilos” de recolección de información. The New York Times, uno de los perjudicados reveló que funcionarios de HP consideraron seriamente un plan para introducir investigadores en las oficinas del Wall Street Journal y de Cnet.com, bajo la fachada de oficinistas o personal de mantenimiento.

Tanto la justicia estadual de California, la entidad reguladora bursátil estadounidense SEC (Securities and Exchange Commission), así como el fiscal federal de California, afirmaron estar dispuestos a llegar la fondo del asunto sobre estas prácticas, consideradas en el límite de la legalidad.

Por otra parte Marc Rotenberg, director ejecutivo del grupo Electronic Privacy Information Center recordó que Hewlett-Packard no es la única empresa que viola las leyes para mantener “a raya” a su empleado. Al mismo tiempo advirtió que el uso de técnicas como el pretexting es “un grave riesgo para los consumidores”.

Ojos y oídos en todas partes

Espiar al enemigo es una práctica que hace mucho tiempo superó los límites de los asuntos bélicos y las películas policíacas. En particular los periodistas resultan ser víctimas reiteradas del espionaje ya sea para desacreditarlos o para conocer los pormenores de sus indagaciones.

El escándalo de la Hewlett-Packard viene a conformar lo anterior. Y no es el único.

En 2003 la inteligencia militar italiana intervino ilegalmente el teléfono de un periodista y siguió los movimientos de otro, ambos del diario La República, para impedir que se descubriera la participación de varios de sus agentes en un secuestro efectuado por la CIA. ¿Propósito? Encubrir la complicidad de los diferentes servicios de inteligencia europeos en el sistema de cárceles secretas de la CIA; y particularmente en el traslado ilegal y encubierto de prisioneros.

Este mismo año la empresa Arte Gráfico Editorial Argentino S.A. (AGEA), que edita el diario Clarín presentó una demanda judicial contra José María Ubeira y Juan José Ribell, abogados del serbio Dragoslav Ilic, por práctica similares.

Para la defensa de su cliente, acusado de intento de contrabandear 171 kilos de cocaína a Europa en el 2004, Ubeira y Ridell presentaron fotocopias de e-mails robados del correo electrónico de Clarín empleado por Daniel Santero. El periodista había publicado varios artículos sobre caso conocido como "Viñas Blancas".

El escándalo en la Hewlett-Packard forzó la renuncia de Patricia Dunn, directora de su junta directiva. Dunn junto con Kevin Hunsaker, antiguo oficial en jefe de ética de HP, y tres investigadores, Ronald DeLia, Matthew DePante y Bryan Wagner, enfrentan cargos por uso de declaraciones falsas o fraudulentas para obtener información confidencial de un organismo de servicios públicos, acceso no autorizado a datos de informática, robo de identidad y conspiración para cometer cada uno de esos delitos. De ser declarados culpables podrían ser condenados a tres años en la cárcel y una multa de hasta 10 mil dólares.

Sin embargo sus prácticas de espionaje no pueden verse como un caso aislado. Muchos más periodistas o dirigentes de movimientos sociales podrían estar, ahora mismo, siendo víctimas del espionaje de las grandes transnacionales.

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