Posted by : István Ojeda Bello martes, 10 de abril de 2007

La visita a Cuba del Ministro de Asuntos Exteriores de España, Miguel Ángel Moratinos, indudablemente oxigenó las relaciones entre su país y la Isla. El comunicado conjunto reflejó el interés mutuo por restaurar la cooperación entre ambos gobiernos, incluido las conversaciones sobre derechos humanos.
La mayoría de la prensa situó el comienzo de la tirantez entre Madrid, y en general de la Unión Europea, con La Habana, hace casi tres años. Cuando los tribunales cubanos condenaron a la pena de muerte a los secuestradores de una embarcación. Y luego por el encarcelamiento de 75 personas de probada sujeción con la Oficina de Intereses de Estados Unidos para sus actividades subversivas.
Pocos recuerdan, sin embargo, que los vínculos oficiales entre ambos países ya venían haciéndose cada vez más esporádicos y fríos a partir del asenso al poder en la península del Partido Popular. Ni siquiera en los años de la dictadura franquistas se alcanzó tan grado de hostilidad
[1].
Casi sin darle calor al sillón del presidente del gobierno, José María Aznar buscó la confrontación con Cuba. En primer lugar, para corresponder a las contribuciones a su campaña de sus amigos de Miami. A su primer embajador en la Isla, José Cordech, el gobierno caribeño no le concedió el beneplácito por las declaraciones claramente injerencistas, hechas antes de asumir su cargo.
Paulatinamente la nación ibérica se fue aliando, la punto de la genuflexión, con la política exterior de la administración Bush. Actitud que en el caso cubano se tradujo en la abierta colaboración con los asalariados de Estados Unidos dentro del país; y en acontecimientos con un nada disimulado acento propagandístico contra la Revolución como el “paseo” de los reyes magos por el Prado capitalino y las posteriores “celebraciones” de las navidades en el Centro Cultural Español.
La Mayor de la Antillas, por su parte, siempre tuvo bien claro cual era la fuente del conflicto. Por eso, condenó enérgicamente los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Antes, en mayo de 2003, el presidente Fidel Castro había enviado un telegrama de condolencias al Rey Juan Carlos, no a Aznar, tras la muerte de 62 militares ibéricos en un accidente aéreo.
Tampoco desaparecieron los contactos con los gobiernos de las autonomías españolas. Varios funcionarios, incluyendo las máximas autoridades de dichas estructuras administrativas, visitaron y se entrevistaron con altos funcionarios cubanos.
Ahora, la cordialidad de las declaraciones de ambos ministros evidenció un retorno a la tranquilidad. Especialmente porque el acordado restablecimiento de las consultas políticas ''no está encaminado al examen de la situación interna de ninguno de los dos países. Está destinado al intercambio, promoción y cooperación entre nuestros países, con apertura y franqueza'', como destacó el canciller cubano, Felipe Pérez Roque.
Los analistas señalan que en lo adelante España podría convertirse en una pieza importante para reparar la cooperación de la UE con la nación antillana. Desde luego esto solo será realidad si Bruselas comprende que Cuba no acepta condicionamientos ni presiones.
[1] Para más detalles de Revolución Cubana con Franco recomendamos el capítulo 23 de la entrevista que concediera Fidel Castro Ruz a Ignacio Ramonet, la cual se ha publicado bajos los títulos “Fidel Castro: Biografía a dos voces” y “Cien horas con Fidel”.

One Response so far.

  1. Neike says:

    El pueblo español apoya de forma muy clara la normalización de las relaciones con Cuba. Aznar hizo mucho daño en esto como en tantas otras cosas.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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