Posted by : István Ojeda Bello miércoles, 13 de agosto de 2008

Los resultados del referendo revocatorio del pasado 10 de agosto en Bolivia, despejaron algunas dudas pero también dejaron un buen número de interrogantes.
Los diferentes conteos coincidieron en la ratificación del presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera, con al menos el 63 por ciento de los votos. Es innegable el espaldarazo a la gestión del mandatario, quien obviamente sale fortalecido de esta jornada. Así las cosas, podrá enfrentar mucho más consolidado los numerosos desafíos por venir.
Lo mismo podrán decir las principales figuras opuestas a alterar las profundas desigualdades y la dependencia imperantes en Bolivia. Si por un momento pudo soñarse que el revocatorio sacaría de sus cargos a los prefectos de la llamada Media Luna, las urnas dijeron otra cosa, incluso peor, pues tendrá que abandonar su cargo un aliado del gubernamental Movimiento al Socialismo (MAS). Solo fueron claramente revocados los prefectos José Luis Paredes, de La Paz, quien solo obtuvo el 35 por ciento de los sufragios y Manfred Reyes Villa, de Cochabamba, con el 40 por ciento.
En una decisión de última hora la Corte Nacional Electoral (CNE) esgrimió el criterio técnico de que los prefectos podrían revocados solo con el 50 por ciento más uno de votos negativos; a despecho de la ley aprobada en el Senado la cual había ubicado la cuantía requerida en un porcentaje del “NO” a su gestión, superior al obtenido en la elección de diciembre de 2005. Fue así que Alberto Aguilar, prefecto de Oruro, pudo conservar su cargo.
Así las cosas la jornada de segundo domingo de agosto fue una victoria, sí, pero no en la profundidad soñada por los sectores partidarios de los cambios sociales que necesita la nación sudamericana.
Entre otras cosas porque la posición de los prefectos separatistas es cada vez más beligerante, haciendo ya inocultable sus intensiones de no convivir con un individuo proveniente de los pueblos originarios en el recinto principal del Palacio Quemado. Aunque en honor a la verdad el “pecado” de Evo Morales no es ser “indio” como lo llaman, sino querer alterar un orden social que apenas ha cambiado desde la independencia.
El revocatorio podría ser útil tanto para el gobierno como para los prefectos. Ambas partes podrán levantarlo como una evidencia de legitimación de sus respectivas posiciones aunque estas se hagan cada vez más antagónicas.
Sin ánimos incendiarios alguno, son preocupantes de la postura cada vez más violenta de los sectores oligárquicos. ¿Será el presagio de acciones más peligrosas u insurreccionales? Solo el tiempo lo dirá. Recordando siempre, por ejemplo, las denuncias sobre la paulatina militarización de determinados grupos como la denominada Unión Juvenil Cruceñista, la cual estaría recibiendo entrenamiento para convertirse en una especie de estructura paramilitar bajo las órdenes del prefecto separatista de Santa Cruz, Rubén Costas.
Es, quizás el aviso de que el enemigo sigue ahí, quien sabe si más violento. Por tanto la lucha continuará en las duras pruebas que traerá el futuro.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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