Posted by : István Ojeda Bello jueves, 22 de julio de 2010

Salvo en los anuncios sobre estreno de El Príncipe de Persia y, desde luego, en el apartado reservado para los villanos de las noticias, muy poco se sabe en Occidente sobre Irán. Por eso tal vez las agencias de prensa reflejen con cierto desgano y quizás hasta con ironía, las alertas de Fidel Castro sobre la posibilidad de que esa nación sea objeto de un agresión por parte de los Estados Unidos o de su más cercano aliado en el Cercano Oriente: Israel.

Del golpe contra Mossadheg a la “Revolución Verde”

La historia de los últimos 60 años en la otrora Persia es la más viva expresión de cuanto puede significar para el gobierno de un país contradecir los dictados de los círculos de poder global.

A inicios de años 50 el primer ministro iraní Mohammad Mosaddegh cometió el "pecado" de nacionalizar Anglo-Iranian Oil Company, siendo víctima más tarde de una operación coordinada entre la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el MI6 británico para sacarlo de su cargo.
A este político nacionalista se le tildó de ser una marioneta del Tudeh, Partido Comunista iraní, mientras se acusaba de estar tras las protestas antigubernamentales y episodios violentos que por aquellos días tuvieron lugar en el país y que sirvieron para justificar la salida del Ejército de los cuarteles para derrocar a Mosaddegh.
Tras el éxito de la Operación "Ajax" se instauró uno de los gobiernos más represivos conocidos en el llamado Medio Oriente. Era la época en que el sha Reza Pahlevi era recibido con todos los honores en la Casa Blanca, confirmando su condición de principal aliado musulmán en la región.
De hecho los inicios iraníes en la investigación nuclear fueron bajo las instancias de las potencias occidentales para enfrentarlo al nacionalismo panárabe promovido en los años 50 y 60 por Gamal Abdel Nasser.
Sin embargo en 1979 la Revolución Islámica encabezada por el ayatola Rullah Khomeini invirtió los papeles, pasando Irán a ser el chico malo de la historia. En consecuencia todo el andamiaje propagandístico y de inteligencia de las grandes potencias y en especial de EE.UU, se puso en función de colocar en Teherán un gobierno "aceptable".
Para dichos propósitos se han estructurado dos frentes fundamentales de desestabilización: uno, aparentemente pacífico, expresado en el apoyo a la oposición interna, cuyo ejemplo más reciente fue la llamada "Revolución verde" en 2009, a través de la cual trataron de establecer la imagen de que había sido fraudulenta la reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad.
El otro claramente violento se traduce en el sostén financiero y material a los grupos fundamentalistas islámicos, casi todos con ramificaciones en la fronteriza provincia pakistaní de Balushestán. El resultado de esta política exhibió su peor cara este mes de julio cuando se produjo un doble atentado suicida en una mezquita de la provincia fronteriza con Pakistán en el este del país. Acción rápidamente reivindicada por un grupo fundamentalista sunita, claramente ligado a la inteligencia estadounidense.
El nuevo villano
Sin ninguna prueba concluyente, más bien todos los indicios demuestran lo contrario, Washington acusa a Teherán de querer dotarse de armas nucleares. En clara contradicción con su complicidad con los programas nucleares bélicos de Israel, India y Pakistán; tres países que se dotaron de armas atómicas y jamás fueron objeto de cuestionamientos o sanciones económicas efectivas de su parte.
Irán es hoy una piedra en el zapato en su estrategia de dominación estadounidense en la zona. No solo por el prestigio de la nación persa en los diferentes foros regionales, sino también por su innegable influencia entre la mayoritaria población chiita de Irak, así como en escenarios como Palestina y Líbano.
Al mismo tiempo la independencia iraní dentro del mercado petrolero internacional, imprimiéndole fuerza a instituciones como la OPEP, no conviene a los estrategas de las transnacionales del oro negro.
¿Cuáles son las probabilidades?
A mediados de junio se filtraron a la prensa varias operaciones de traslado de tropas de EE.UU al ya sobrecargado espacio del Golfo Pérsico. Primero dos submarinos nucleares se apostaban en las costas iraníes. Luego se produjo el lanzamiento de un satélite espía israelí de última generación, ultranítido y capaz de interferir en todo tipo comunicaciones para vigilar a Irán.
Luego se denunció el paso por el Canal de Suez hacía el mar Rojo, con la anuencia egipcia, de 11 buques de guerra norteamericanos, el USS Harry S. Truman (CVN-75), el Carrier Strike Group (CSG) y otros, así como un buque israelí. De manera que en este momento la U.S Navy tiene una formación conjunta con el USS Dwight D. Eisenhower (CVN-69) CSG., desplegada en la zona designada por si se diera el caso de un posible ataque a Irán.
Simultáneamente se malogró el acuerdo mediante el cual la dinastía saudita abriría su espacio aéreo a los bombarderos israelo-norteamericanos para eventuales golpes sobre Irán. Quizás esa haya sido la razón que obligó a trasladar las bases hacia Georgia y Azerbaiyan.
Aunque es imposible predecir cuáles serían en concretos los planes de agresión a Irán, tanto el despliegue bélico en la zona como las propias características operativas de las fuerzas estacionadas permiten estimar que podría producirse:
1. Tras una campaña que trataría de establecer la violación por parte de Irán de la sanciones del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas. El conflicto podría desatarse a partir del encuentro, planificado o no, entre naves iraníes y norteamericanas en las aguas del Golfo Pérsico. Sin descartar que el mismo podría originarlo Israel con el objetivo de arrastrar a su aliado.
2. Luego podría ponerse en marcha una campaña de bombardeos contra las instalaciones nucleares iraníes, conocidas o estimadas, específicamente sobre los reactores de Arak y Bushehr, así como contra la planta subterránea de enriquecimiento de uranio en Natanz. Acciones posibles a partir del poderío actual del armamento convencional para penetrar y destruir instalaciones bajo tierra, sin descartar desde luego el uso de armas nucleares tácticas.
3. De no producirse una respuesta "aceptable" por parte de Irán, la escalada subiría entonces a atacar objetivos, tanto civiles como militares, bajo un esquema más o menos similar al ejecutado contra la entonces Yugoslavia en 1999. Teniendo además en cuenta el abrumador domino del aire que poseen
4. El despliegue de fuerzas vivas en territorio iraní es poco probable atenidos a la alta sensibilidad de los mandos militares a realizar acciones que provoquen potenciales bajas entre sus efectivos. Además la corta distancia de desplazamiento de los medios aéreos haría innecesario el desembarco. Para las acciones internas contarían con el concurso de los grupos armados islámicos.
Por supuesto la velocidad o gravedad de los acontecimientos estaría determinada también por la lógica defensa iraní. Sobre todo teniendo en cuenta que del otro lado están unas Fuerzas Armadas modernamente equipadas para, no solo defender con grades posibilidades de éxito el territorio nacional, sino incluso golpear a Israel en su propio territorio, así como a las bases estadounidenses en el vecino Irak.
¿Es imposible?
Los cuestionamiento a las alertas de Fidel, parten del criterio de que Washington no agregaría otra guerra cuando no tiene garantías de éxito en las que actualmente lleva adelante en Irak y Afganistán. Sin embargo esta suposición obvia que, en el caso iraní, estaríamos ante una agresión en la cual el despliegue tecnológico sería la vía para lograr la sumisión del oponente, haciendo innecesaria la ocupación del país. Al mismo tiempo oxigenaría a una economía intrínsecamente dependiente del Complejo Militar Industrial.
Así visto desde el punto de vista de los analistas del Imperio la opción militar para someter a la nación persa es perfectamente posible. ¿Dónde queda el sentido común sobre las impredecibles consecuencias de una guerra que introduciría mucha más estabilidad de la que ya tiene este mundo? Esa es precisamente la pregunta que no quieren responder en la Casa Blanca.





 NOTAS



[1] En 1975 la empresa germano occidental Kraftwerk Union AG, firmó un contrato valorado entre cuatro y seis mil millones de dólares para construir la planta de energía, de reactor de agua a presión. Ese mismo año el Secretario de Estado norteamericano, Henry A. Kissinger, afirmó en un memorándum titulado U.S.-Iran Nuclear Co-operation, que la venta de equipos de energía nuclear a Irán traería a las corporaciones norteamericanas ganancias de más de seis mil millones de dólares.


[2] Tanto los líderes religiosos como políticos iraníes se pronunciado contra el uso de armas de destrucción masiva por considerarlas contrarias a los principios del islam. Al respeto está en vigor un decreto emitido por el Guía Supremo de la Revolución, el ayatola Khamenei, el 9 de agosto de 2005.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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