Posted by : István Ojeda Bello miércoles, 1 de diciembre de 2010

 Las reiteradas revelaciones hechas por el sitio web Wikileaks cada vez hacen preguntarse a quién realmente benefician, mientras que podría estar destruyendo algunos mitos sobre el llamado ascenso de la “fuentes alternativas de información”, en fin que todo parce indicar que se están planteando interesantes interrogantes sobre el periodismos de investigación  contemporáneo.


¿Qué es Wikileaks?
Hasta ahora solo sabemos que es una web dedicada a la publicación de informaciones anónimas y filtraciones sensibles, especialmente de carácter gubernamental, aunque también bancario, religioso o corporativo. Afirmándose que guarda más de un millón de documentos.
Wikileaks saltó al estrellato cuando dio a conocer en abril de 2010 un video en el que murieron por disparos estadounidenses dos empleados de Reuters. Más tarde en julio, filtró cerca de  77 mil  documentos  estadounidenses sobre la guerra de Afganistán. Luego hizo públicos casi 400 mil archivos sobre la contienda de Washington en Irak. Su fundador Julian Assange un ex hacker sueco de 39 años, quien  afirma mantienerlo con los fondos aportados por más de 10 mil donantes.
Esta semana volvieron a sobarse el show con la revelación de más de 250 mil  mensajes del Departamento de Estado de Estados Unidos, en los que, según explica el diario español El País  “se descubren episodios inéditos ocurridos en los puntos más conflictivos del mundo, así como otros muchos sucesos y datos de gran relevancia que desnudan por completo la política exterior norteamericana, sacan a la luz sus mecanismos y sus fuentes, dejan en evidencia sus debilidades y obsesiones, y en conjunto facilitan la comprensión por parte de los ciudadanos de las circunstancias en las que se desarrolla el lado oscuro de las relaciones internacionales”.

Informaciones ¿explosivas?
Sin lugar las revelaciones hechos por Wikileaks son un verdadero quebradero de cabeza para la actual administración estadounidenses. Dejando claro varias cosas: la política exterior del actual gobierno es, en esencia, una continuidad pésimamente disimulada de sus predecesores y por otro lado, que no están dispuestos a quedarse de brazos cruzados ante semejante desprestigio a su imagen pública.
Aunque la peor parte la lleva el soldado Bradley Manning, de 22 años de edad,  detenido tras la publicación del mencionado video, procesado por valerse de su acceso a material clasificado desde su puesto de analista de inteligencia en una base militar en Irak. [1]
Por su parte los diplomáticos estadunidenses no duermen haciendo control de daños en varias capitales del mundo, tratando de convencerá sus interlocutores de que no hagan casos a los “chismes”. Sin que tampoco pueden para la avalancha de situaciones embarazosas por quedar al descubierto sus labores de espionajes tanto a enemigos como a sus aliados.

¿Arma de doble filo?
Resultaba obvio que sobrevinieran las comparaciones y así se empezaron buscarse las similitudes entre el caso Wikileaks y otras famosas filtraciones como las hechas por Daniel Ellsberg quien en 1970 filtró al New York Times los celebérrimos Documentos del Pentágono sobre la guerra de Vietnam. También se ha recordado el caso de  Mordejai Vanunu quien denunció la existencia armas nucleares secretas de Israel.
Sin embargo en el caso concreto de Julian Assange todavía no sabemos a ciencia cierta cuáles son sus motivaciones para enfrascarse en esta empresa. De hecho nada indica que sea un enemigo declarado de EE.UU pues en octubre el portavoz de esa organización, Kristinn Hrafnsson, dio a entender que planean también sacar a la luz pública datos confidenciales sobre China y Rusia.
En tal sentido sus revelaciones no solo estarían dirigidas contra Washington. No por gusto tras la publicación de los cables del Departamento de Estado, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, las calificó de “una acción planeada por la Administración estadounidense.”
Algo en no del todo descabellado especialmente tras conocerse que los medios a los cuales Wikileaks entregó previamente los documentos los revisaron “durante meses”; lo cual explica, en primer lugar que estos hayan podido publicarlos con sus correspondientes análisis y resúmenes; y en segundo lugar aporta otra pista de que probablemente el principal afectado hasta Estados Unidos tendría una idea de qué documentos en concreto serían puestos a disposición del público. Sin descartar, desde luego lo que pueda haber dicho el soldado Manning en los interrogatorios y otras fuentes de las que puede habérsele valido Wikileaks para obtener los textos.
En este sentido tiene cierta lógica la tesis del presidente Ahmadineyad, teniendo en cuenta, por ejemplo, experiencias previas como el caso de Watergate donde el famoso informante secreto “Garganta Profunda” resultó ser, no un oscuro personaje sino el mismísimo William Mark Felt en aquel entonces el número dos del FBI.
¿Alguien de mucho más arriba y no un simple soldado, habría calculado que al final el más perjudicado no sería tanto Estados Unidos como sus enemigos, aunque en el camino la reputación del país se pudiera dañarse?.
Simultáneamente el Caso Wikileaks avivó la controversia dentro de los análisis sobre el  periodismo contemporáneo.
Rosa Miriam Elizalde advierte que Wikileaks estaría desmintiendo  tres mitos del periodismo en la era digital. El supuesto poder ilimitado de las redes sociales, haciendo notar que el valor de estas no está en la tecnología, sino en la credibilidad de la fuente. “Hay centenares de videos de Iraq  en YouTube que muestran a las fuerzas de EEUU participando en actos de agresión, pero ninguno de esos clips tuvo un impacto como el del único video subido por Wikileak. Negando de cierto modo que el periodismo tradicional está muerto al valerse de medios reconocido como The New York Times, El País, Der Spiegel y The Guardian para publicar sus documentos”.
Este hecho igualmente está siendo objeto de cuestionamientos. Así al decir de Juan Carlos Monedero “Una vez más nos encontramos con que el “periodismo de investigación” no es sino el acceso privilegiado y el uso arbitrario de información por parte de intermediarios que hacen de un conocimiento particular un ejercicio de poder. Al mismo tiempo, la página web de Wikileaks sufre un ataque y se invalida. Conclusión: sólo se va a saber lo que esos medios, siempre generosos con el poder respectivo, han acordado brindar en una suerte de cártel informativo.”[2]
En lo sucesivo seguramente veremos nuevas revelaciones desde Wikileaks pero todavía está por ver quiénes serán los beneficiados y hasta dónde este caso será útil al empeño de crear un verdadero modelo de prensa alternativa.

 NOTAS

[1] Manning en un chat con un colega le contó que todo era muy fácil: llegaba con un CD grabable, al cual le ponía un etiqueta de Lady Gaga, borraba la música, bajaba los archivos al disco, mientras cantaba una canción de Lady Gaga, y dijo que gozaba de acceso ilimitado a redes clasificadas 14 horas al día, siete días a la semana durante más de ocho meses. Hasta el momento Mannig ha estado detenido en aislamiento durante los pasados siete meses y enfrentará un juicio militar el año entrante.
[2] Juan Carlos Monedero. Neocártel informativo, o dónde están los 250.000 cables entregados por wikileaks. En._ http://www.rebelion.org/noticia.php?id=117619 (Consultado: 29 de noviembre de 2010). 

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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