Posted by : István Ojeda Bello viernes, 17 de diciembre de 2010

El llamado “Cablegate” sigue dando mucho de qué hablar y desde luego nada bueno para la reputación de los diplomáticos estadounidenses. Sin embargo mientras unos se ocupan del espionaje de las diversas embajadas de Washington a lo largo del orbe, puesto en evidencia con la filtración de sus comunicaciones internas, cierta prensa intenta pescar en el rio revuelto de supuestos secretos revelados.


Un par de “autistas” de la información
Si la mayor parte de los medios de comunicación serios de este mundo se detuvo en aquellas revelaciones que, evidentemente podrían ser interés global, en tanto estaban relacionadas con asuntos de interés para la comunidad internacional como podrían ser el Oriente Medio; para otra prensa, principalmente en el sur de la Florida y España, lo más importante de los 250 mil documentos del Departamento de Estado estadounidense filtrados por la página web Wikileaks, era cómo buscar la manera de atacar a la Revolución Cubana. Un estilo calificado por el sitio web cubadebate como “autismo mediático”.
Ya que el diario español El País fuera uno de los “elegidos” para analizar por nosotros la información revelada, era suficiente motivo para sospechar. Sabiendo que su visión y por ende su reflejo de la realidad cubana parte varios principios básicos: demostrar el supuesto fracaso del socialismo para resolver los problemas de Cuba, criminalizar cualquier acción o medida del gobierno cubano y describir el panorama interno como potencialmente explosivo. De hecho el uso selectivo que ha hecho este y otros periódico de la información puesta a su disposición ha sido objeto de varias críticas.[1]
Así el periodista y analista Pascual Serrano subrayaba que El País estuviera convirtiendo en hechos indiscutibles comentarios de diplomáticos estadounidenses,  filtrados ahora por Wikileaks. En particular se refirió a las insinuaciones de la embajada estadounidense en La Paz de que “parte del dinero con el que el gobierno boliviano pagó a su ejército procedía de Venezuela”.
“Con ello –subraya Serrano- el 3 de diciembre El País ya puede titular: Chávez compra lealtades en el seno del Ejército de Bolivia. Dos días después, el 5 de diciembre, ya en el texto de otra noticia se hace referencia a que “EL PAÍS publicó informes secretos según los cuales Venezuela compraba lealtades en el Ejército boliviano”.
Al mismo tiempo, continúa denunciando Serrano, “El País no ha difundido un cable que recoge una reunión del ex presidente y golpista ecuatoriano Lucio Gutiérrez con el embajador de Estados Unidos en Bogotá en 2005. En el documento, Gutiérrez expresó a Estados Unidos, en caso de lograr la presidencia de Ecuador, su disposición a ayudarles a luchar contra Chávez”. O sea aquí no eran interpretaciones o informaciones no confirmadas, sino de revelaciones directas que seguramente habrían sido de mucho interés para los servicios de seguridad ecuatorianos. Teniendo en cuenta que Lucio Gutiérrez figura entre los organizadores de la intentona golpista contra Rafael Correa en septiembre pasado. [2]
 Otro caso es El Nuevo Herald cuyo prestigio como voz en español de un medio otrora serio como fue The Miami Herald hace mucho tiempo que yace seis pies bajo tierra tras la guerra que le hiciera el difunto Jorge Mas Canosa. [3]
De esta manera la postura del rotativo de habla hispana, viene a confirmar sus intrínsecos problemas para ser objetivo en sus análisis de Cuba. Actuando, no solo como amplificador de su colega  ibérico sino también haciendo sus propios aportes.

Chismes como argumentos
El País  abrió fuego al día siguiente de la publicación global de los cables destacando uno en particular en el cual Jonathan Farrar, jefe de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana enfatizaba  “la eficacia de la policía” (cubana) persiguiendo a  los llamados “disidentes” (sic). Citando además las afirmaciones de Farrar de que “tenemos información fiable que muestra la presencia de miembros del ELN (Ejército de Liberación Nacional), FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y ETA aquí en La Habana”.
Lo anterior fue suficiente para que tanto el diario madrileño, como su aliado miamense, afirmaran que Cuba servía de refugio a terroristas.
Sin embargo ninguno se detuvo en otras acotaciones hechas por el representante de Washington en la capital cubana en el sentido de que “la Dirección de Inteligencia y Contrainteligencia (de Cuba) son servicios profesionales, capaces y altamente efectivos en la penetración de redes en la Isla y en la persecución de individuos que consideran terroristas”. O que “Cuba no permite que representantes de otros gobiernos acreditados realicen labores de inteligencia o terrorista contra EEUU desde el territorio cubano. En el cuerpo diplomático se considera que el gobierno cubano trata de evitar darle a EEUU pretextos para realizar operaciones antiterroristas contra Cuba”.
Eso sin contar que en el caso de los etarras, por ejemplo, se trata de individuos desmovilizados cuya presencia en el Archipiélago es fruto de un acuerdo entre ambos gobiernos, para lo cual, la inteligencia española cuenta con una representación reconocida en La Habana.
Además pasaron por alto que la capital de la Mayor de la Antillas ha sido el escenario tradicional de las negociaciones entre Bogotá y las guerrillas, precisamente por la manifiesta intensión de Cuba de lograr una efectiva paz en Colombia. Y por si fuera poco en el citado cable, el propio Farrar señaló que “es muy poco probable que  (los etarras o los guerrilleros colombianos) desarrollen operaciones terroristas en el territorio cubano”.
Incluso el diplomático fue mucho más categórico: “En Cuba no hay condiciones para un macro conflicto (de gran escala). No hay terrorismo local y no hay grupos terroristas locales, ni antinorteamericanos”. Pero de eso no se enteraron los lectores de El País ni mucho menos los del Nuevo Herald.
Otro tanto ocurrió con las relaciones cubano-venezolanas. La terna ibero-floridana creyó estar dando el “palo periodístico” valiéndose de las afirmaciones de la embajada estadounidense en Caracas sobre un supuesto control de La Habana de la fuerzas armadas y la inteligencia venezolanas, sin que medien pruebas precisas, más allá de meras valoraciones personales de un diplomático. Independientemente de que se cuestione las decisiones soberanas de dos Estados. 
Sin embargo no se ocuparon de otras situaciones en las que sí es clave lo dicho por los empleados del Departamento de Estado pues implica sus acciones directas. Específicamente el cable  09Caracas442, fechado el 6 abril de 2009 desde la Embajada de EEUU en Venezuela, revelador del plan llevado adelante por el gobierno norteamericano, al menos desde 2006, para estimular la deserción de médicos cubanos y facilitarles viaje a Miami, con el objetivo de desacreditar a Cuba y poner en crisis la Misión Barrio Adentro del gobierno bolivariano.
“Entre 2006 y 2007 la Embajada (de EEUU) en Caracas facilitó el viaje a Miami a los que aplicaban para el programa, mediante la emisión de cartas de transporte, que autorizaban a cubanos a abordar aviones especiales de Estados Unidos”, dijo en la comunicación interna, Francisco Fernández, consejero político de la Embajada de EE.UU en Caracas.
Estamos, nótese, no ante las estimaciones impregnadas de una dosis no despreciable de subjetividad sobre la realidad de un país, sino ante acciones de clara intromisión en los asuntos internos de otros Estados.
No obstante parece ser que a estos medios de comunicación más preocupados en atacar a la Revolución Cubana que en hacer un uso objetivo de la información disponible, les es más rentable asirse a cuanto criterio sea útil a sus propósitos sin importar origen o fiabilidad, o sea puros chismes de pasillos.  
El Nuevo Herald, prácticamente no ha dedicado sus primeras planas en el último mes a no hacer otra cosa sino dibujar un cuadro lo más catastrófico posible del acontecer dentro del Archipiélago, valiéndose de los cables revelados por Wikileaks.
“Pronostican una debacle económica para Cuba” o  “El Vaticano teme un "baño de sangre" en Cuba” podrían ser dos ejemplos ilustrativos, aunque también calificarían otros titulares claramente calumniadores sobre la estabilidad emocional del presidente cubano Raúl Castro o de su capacidad de liderazgo.
De nuevo se valen no de pruebas claras e irrefutables, sino de puras estimaciones hechas por los funcionarios de la Oficina de Intereses de Washington en La Habana, cuyas fuentes e intensiones no dejan de levantar suspicacias.
Lo que están haciendo estos dos periódicos y en general buena pararte de la prensa hostil a los gobiernos de izquierda indica como las buenas intensiones de los activistas de Wikilieaks cuando confiaron en un grupo reducido de medios de comunicación, cuya inclinación política los coloca en el lado de los grandes poderes globales, se está convirtiendo en otra forma de atacar precisamente a quienes resultan incómodos para las oligarquías nacionales. A partir de la selección y manipulación de los informes revelados
Las propias limitaciones de esos medios para ser objetivos en sus análisis, tergiversando u ocultando los acontecimientos, de hecho esta malogrando el objetivo original de Wikileaks, porque en definitiva no hay peor ciego… que un mentiroso.












NOTAS


[1] En este sentido Gareth Porter y Jim Lobe, el primero periodista de investigación especializado en la política de seguridad nacional de Estados Unidos y el segundo corresponsal de IPS en EE.UU, tras analizar la manera como los diarios estadounidenses divulgaron los cables diplomáticos relacionados con el Oriente Medio, aseguran que estos medios “distorsionaron la información o la descontextualizaron”.
Porter y Lobe demostraron  que tanto The Washington Post como The New York Times, se valieron de declaraciones del rey saudí  Abdullah, para afirmar que este apoyaría una acción militar contra Irán, cuando “la realidad es que los cables muestran que los regímenes árabes del Golfo, incluida la propia Arabia Saudita, han estado muy preocupados por las consecuencias de atacar a Irán por su propia seguridad, en total contradicción con la posición de Israel.”
Más detalles véase en Gareth Porter y Jim Lobe. WikiLeaks: cables filtrados y distorsiones. En: 

[2] Tampoco para El País fue importante, otro cable enviado desde la embajada de Washington en Madrid en 2008 con datos sobre una cena de trabajo que tuvo como anfitrión a Hugo Llorens, encargado de Negocios de EE.UU en España, y como invitados a varios ejecutivos de varias de las empresas más poderosas del espectro doméstico concretamente: Juan Luis Cebrián, el consejero delegado de Prisa, la empresa propietaria del periódico; Roman Escolano, del grupo financiero BBVA, Jaime Malet, presidente de la Cámara de Comercio Americana en España; Alberto Carnero, de la fundación FAES del ex presidente Aznar; Asís Martin de Cabiedes, presidente de Europa Press; Eduardo San Martin, director adjunto del diario ABC, y Javier Sandomingo, director general para Iberoamérica del Ministerio de Asuntos Exteriores de España. El tema de seguro despertó valoraciones interesantes pues se habló de Cuba, Venezuela, México, Colombia y Argentina. Al respeto recomendamos el artículo de Iroel Sánchez. En: 
[3] En 1987 The Miami Herald calificó de “caudillo” a Mas Canosa, quien por entonces ya controlaba los hilos de la política en Miami, desde su puesto de chairman  de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA). Más tarde el periódico publicaría varios reportajes sobre la vida y manejos turbios de Mas Canosa, cuya repuesta fue acusarlo de estar infiltrado por la seguridad cubana, desatar una feroz campaña en su contra que incluyó amenazas verbales, ofensas, la rotura de sus máquinas vendedoras y amenazas de bombas.
Más detalles sobre la “Batalla contra el Herald” pueden encontrarse en el libro de Reynaldo Taladrid y Lázaro Barredo, El chairma soy yo. La verdadera historia de Jorge Mas Canosa, publicada por Ediciones Trébol en 1994.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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