Posted by : István Ojeda Bello miércoles, 20 de mayo de 2015

Cual dos brazos de agua extendidos entre las montañas de los Alpes Italianos, así es el lago de Como. Desde el lado de Lecco y a despecho del tiempo esta sigue siendo una zona que persiste en la tradición del trabajar el hierro y la madera, aunque ahora sea elaborando piezas de alta tecnología metálica en fábricas pequeñas, o en muy automatizadas carpinterias de pocos obreros.

Hoy las autopistas y carreteras primermundistas atraviesan  estas elevaciones uniendo a sitios sacados de una postal como Varenna y otros municipios como Bellano donde su síndico nos muestra los cuadros que evocan la época en que todo llegaban aquí por agua. El tiempo puede jugarte una mala pasada: de un día de radiante sol y 23 grados celcuis de temperatura pasas a otro típicamente invernal con solo seis.

Ferraroli, nuestro anfitrión cuelga en el balcón de la casa que nos acoje una bandera de la estrella solitaria para hacer notar lo mucho que quiere a Cuba y el gusto de recibirnos.

Es, como si me hubieran multiplicado por mil las cascadas de El Nicho y a las crestas de la Sierra Maestra las hubieran elevado y cubierto con nieve. Sobre el lago confluyen multitud de ríos que tras la lluvias tiñen de marrón las azules aguas del lago. Así se ve en Orrido, o la casa del Diablo como también le llaman. Allí el torrente del líquido es encordecedor y más, al caminar por el estrecho sendero labrado sobre la roca, ni siquera le resta fuerzas las enormes tuberias de una hidroeléctrica construida en 1952 y que todos los años genera más de 13 megawatts de electricidad.

Hacia arriba en una estrecha vía asfaltada en 1929 está Esino Lario. En la actualidad -cuenta Patricia en el museo local- es un solo municipio pero hasta principios del siglo XX sus dos poblados se resistieron a convivir en una misma demarcación administrativa a contrapelo de su cercanía, apegados a un milenaria tradición que los dividía en el Esino superior habitado por los celtas y el Esino inferior, por los romanos.


En medio de los dos "Esinos" está Beatriz, una argentina que a sus 75 años no entiende como 600 personas hablen de dos comunidades cuando la modernidad las unió en la práctica. Ella habla con soltura de todo, de su pasado glorioso como actriz en Milán y de sus hijos repartidos por varios países de Europa.

Los italianos, me dice, aprecian mucho la tierra, por eso se contruyen muchas casas, quizás para marcar su territorio. Sin embargo la noción de antigüedad de los inmuebles es diferente. Una casa de dos décadas se estima como nueva, tal vez porque las iglesias por ejemplo tiene un milenio de construidas.

Esa afición constructiva residencial se alimenta en la actualidad del turismo pues cada uno de estos municipios se colma de turistas alemanes, franceses y del propio Milán que vienen huyendo del calor de sus llanuras en el verano o simplemente para estar alejados de todo y de todos en cualquier época del año.

Mas, en el fondo, sigue estando el hierro: visto en balcones y rejas finamente labradas; y la madera que todavía alimenta la calefacción cuando hace frío.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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