Posted by : István Ojeda Bello sábado, 12 de agosto de 2017


Estrechó mi mano con suavidad y en ese instante, de a lo sumo un par de segundos, no tuve tiempo de pensar en el valor de su gesto. Mirándolo en retrospectiva caí en cuenta que había tenido, quizás, mi primer y único contacto físico, directo, con la Generación del Centenario con quienes habían estado en la posta tres del Cuartel Moncada, en el desembarco del Granma, en la Sierra Maestra y hace 20 años en el retorno a Cuba de los restos del Che Guevara. No es para sentirse mejor que nadie pues se trató de algo casi formal y sin otra trascendencia como no sea la que uno le atribuye desde las lecturas, las historias, los testimonios.

Al cabo de unos años, no sabemos cuantos pero ocurrirá, no tendremos a todos esos héroes que literalmente hicieron la Revolución. ¿Cómo construimos en nuestras mentes la noción de ese heroísmo pretérito del cual no tenemos vivencia directa?


Hay quien añora haber vivido en los años 60 cuando estallaban por doquier las experiencias del cambio súbito, cuando, dicen, parecía inminente el mundo nuevo. Es una idea tentadora pero inútil porque excluye a los heroísmos posteriores y hasta los cotidianos de la contemporaneidad. Escojo entonces todos por igual. El del guerrillero que se fue a la montaña antes de ver su primera barba; el del muchacho que se jugó la vida en África y luego con el rostro atravesado por la edad enseña su diario; o el de quienes salen a trabajar en una fábrica, un hectárea de tierra, una escuela o un modestísimo puesto de refrescos y bocaditos.

El tiempo va en una sola dirección por eso desdeño la visión idílica de los heroísmos como también de Fidel, ahora que no lo tendremos ya más físicamente presente cada 13 de agosto. A él me niego a recordarlo con canciones lacrimógenas o de agradecimiento que inducen a una tristeza paralizante. Prefiero encontrarlo en el diálogo entre el impulso juvenil que quiere obtener todas las respuestas del veterano y escucha por respuesta la exhortación a continuar juntos el camino porque no hay saber terminado sino un inmenso campo de interrogantes…



(Buena Fe) Grande la tormenta, que no se anima a escampar.
En el suelo están los troncos más severos.
Anegada la sabana, se hizo río el manantial.
Tanta lluvia que ha borrado los senderos.

Viejo mapa que no nos dirá cómo llegar.
Adelante solo reina un gran fanguero.
Se adelanta un caminante y algunos salen detrás.
Tras los pasos del añoso del sombrero.

¿Acaso tú sabes la ruta?
¿Acaso ya pasaste antes?
¿Sabes de atajos y grutas?
Cuéntanos todo lo importante.
Cuéntanos todo lo importante.
Cuéntanos todo lo que sabes.
Cuéntanos todo lo que sabes.


(Silvio Rodríguez): Vengo de un tiempo de plagas y sequías.
Pero a sangre y sudor se hizo cosecha.
Más lo que se pudo que lo que se quería.
Y heme aquí, latiendo aún esta fecha. 

No me sé el camino, solo tiran de mí
los anhelos, de posibles maravillas.
Salgo a caminar pues no aprendí a dormir
mientras en el zurrón,
mientras en el zurrón,
mientras en el zurrón queden semillas.

Dime tú,
Cuéntame… Cuéntame…
Dime del sueño que acunas.
Con cuál fe llenarás tu templo
del dulzor que tendrán tus uvas.
Cuenta tú que tendrás más tiempo.
Cuéntame, que tienes más tiempo.


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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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