Posted by : István Ojeda Bello viernes, 6 de octubre de 2017

Cuatro cubanos resultaron heridos en el atentado de Las Ramblas de Barcelona y probablemente haya quien se percató entonces que el terrorismo no es asunto de los telediarios y los libros de Historia.
El mes pasado se cumplieron 20 años de la muerte del joven italiano Fabio Di Celmo por la explosión de una bomba en el hotel Copacabana de La Habana, y este 6 de Octubre conmemoraremos el aniversario 41 de la voladura en pleno viaje de un avión de Cubana de Aviación cerca de la isla de Barbados.
Las Ramblas, el Copacabana, la tragedia del vuelo 455 y la ocurrida el domingo pasado en Las Vegas, Estados Unidos, son hechos conectados por el odio y separados por las condiciones que los facilitaron. He aquí una de las tantas razones por las cuales este flagelo está muy lejos de erradicarse: porque hay terroristas "buenos" y terroristas "malos".
Mientras quienes disparan o lanzan un camión sobre multitudes son calificados de fanáticos o locos; otros fueron en su época considerados "luchadores por la libertad", aunque hubieran sido los autores materiales e intelectuales de colocar artefactos explosivos en instalaciones turísticas o aeronaves civiles.
No puede culparse completamente a los gobiernos de los Estados Unidos de los fundamentalismos religiosos y políticos que están cobrando vidas en el Oriente Medio, Europa y en su propio territorio. Pero tampoco es posible negar que en su momento los instigaron con tal de socavar la estabilidad de movimientos, partidos o gobiernos nacionalistas. Así tácitamente legitimaron sus métodos crueles de combate político.
Antes de que sobre el mar Mediterráneo los aviones cargados de pasajeros se convirtieran en objetivos por atacar, ya lo eran ante los ojos de grupos de origen antillano sobre el mar Caribe. Como el contemporáneo Estado Islámico, ellos recibieron el entrenamiento y financiamiento de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), con la cual desarrollaron tales vínculos que, tras su crimen en Barbados, individuos como Orlando Bosch y Luis Posada Carriles salieron ilesos de toda culpa.
Hace poco varias generaciones de cubanos confrontaron otro terrorismo sufrido por nuestro país en los primeros años de la Revolución: las bandas de alzados. No se les puede calificar diferente a quienes se dedicaron a horrorizar mediante asesinatos atroces a la población civil, para hacer méritos a la espera de la invasión estadounidense.
Esa parte de la historia nacional se hizo más nítida especialmente para las audiencias de menor edad y tocó en lo más sensible de quienes perdieron a sus seres queridos en la lucha contra los bandidos.
No podemos sentirnos avergonzados porque este país también haya sido víctima de tamañas cobardías. Si estar constantemente mirando hacia atrás impide ver el futuro, olvidar el pasado de terrorismo contra Cuba, nos dejaría sin las herramientas para asumir las batallas futuras, aun cuando sean solo con las ideas.
Publicado originalmente en Periodico26.cu

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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