Posted by : István Ojeda Bello lunes, 14 de mayo de 2007


A Kathleen Cardone se le terminó la paciencia. Antes que aparecer como la culpable de poner en la calle a la más “prominente” figura del terrorismo del hemisferio occidental, la jueza desestimó los cargos por fraude migratorio interpuestos contra Luis Posada Carriles.
Las 38 páginas del dictamen denotan el profundo enfado de la magistrada, sintiéndose manipulada por el gobierno estadounidense. Cardone rechazó, de plano, hacerse cargo de la “papa caliente política” (sic) en que se ha convertido, este individuo para la Casa Blanca.
La decisión del tribunal de El Paso pone fin a la comedia orquestada por la Administración Bush para mantener en silencio a Posada y, al mismo tiempo, eludir presentar una sola prueba para encausarlo como terrorista. ¿Por qué tanto interés de Washington en que este hombre mantenga la boca cerrada?.
El propio terrorista se encargó, por escrito, de esclarecerlo en la moción que presentó a la corte de Texas para contrarrestar otra interpuesta por la fiscalía para eliminar el tema CIA del caso. “El acusado [Luis Posada Carriles] demostrará, ya sea mediante estipulación con el gobierno o por conducto de otras pruebas desclasificadas, su histórica asociación de larga data con la Agencia Central de Inteligencia” dijo.
¿Y que ha hecho en las últimas cuatro décadas? Casi nada: integrar el grupo élite que debió desembarcar si hubiera tenido éxito Brigada Mercenaria 2506 en Bahía de Cochinos; organizar el sabotaje que costó la vida a los 73 pasajeros y tripulantes del vuelo 455 de Cubana de Aviación en 1976; participar en la Guerra Sucia contra Nicaragua en la década del 80, coordinar los atentados con bomba contra hoteles de La Habana en 1997, así como varios planes de magnicidio contra el presidente cubano Fidel Castro.
Si algo no quiere George W. Bush es que en una sala de algún tribunal estadounidense se ventilen estos hechos. Saldría a relucir en primer lugar, el nombre de su padre.
La carrera de ex presidente está íntimamente ligada a Posada. Primero fue el oficial de caso que lo reclutó para la CIA en los 60, luego era el director de la Agencia durante los años en que su protegido organizaba la “guerra por los caminos del mundo” contra Cuba; y como colofón, ocupaba la vicepresidencia del país mientras Olivert Norh era la cabeza visible del operativo para derrocar a los sandinistas.
Con relación a este último asunto, el terrorista fue enfático en su moción, recordando que: “participó en nombre del gobierno de los Estados Unidos en operaciones destinadas a apoyar y suministrar armas a los rebeldes de la Contra”.
Por otro lado a quien ya muchos llaman el Bin Laden Latino, declaró a la prensa su complacencia con lo ocurrido. “Ya estoy libre” afirmó.
Mientras, diarios prominentes como San Francisco Cronicle y Los Ángeles Times criticaron al gobierno por su ineptitud manifiesta en esta historia. Solo dos días después alguno de los pesos pesados en Washington tuvo que decir algo y eso, porque el legislador William Delahunt, convocó a una audiencia en el Congreso para tratar el tema.
A Alberto González, Secretario de Justicia, le tocó el triste papel de dar la cara y se limitó a mostrar su “disconformidad” con la libertad de Posada. “Estamos al tanto, obviamente discrepamos”, opinó sobre el decisión de la jueza Cardone.
A pesar de todo aún la administración republicana está a tiempo de hacer lo correcto pues como advirtiera el congresista Delahunt “La excarcelación del señor Posada pone en tela de juicio nuestro compromiso de luchar contra el terrorismo”. El récord terrorista de Luis Posada Carriles permanece intocable y el mundo reclama justicia.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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