Posted by : István Ojeda Bello viernes, 18 de mayo de 2007

Aún no había visto la luz la más reciente reflexión de Fidel sobre los biocombustibles cuando conversé sobre el tema con Alessandro, mi amigo, o mejor dicho, mi hermano brasileño.

“¿Qué tu crees?”, me preguntó. Sinceramente traté de buscar las mejores palabras, porque lo más importante es mantener nuestra amistad. A priori, le dije, no puede asumirse el asunto como el enfrentamiento entre dos naciones del Tercer Mundo. Es preciso, en primer lugar, colocar en el centro el meollo de la cuestión: la extensión desproporcionada del cultivo de caña, maíz y soya para producir etanol.

Juntos, recordamos que Brasil fue unos de los pioneros en la creación de tecnología para el aprovechamiento de los biocombustibles, especialmente para el transporte automotor. Tanto es así que en el 2000 solo el 0.69 por ciento del automóviles de esa nación tenían motores de flexifuel (pueden consumir gasolina o alcohol al mismo tiempo). Cinco años después ya el 52.6 por ciento de autos de gigante sudamericano tienen motores con la referida característica. Se espera que para este 2007 se eleve hasta 82 por ciento.

Pero cuando los Estados Unidos entraron en escena, entonces la trama cobró un cariz diferente.

La visita de Bush a Brasil, la posterior reunión de los mandatarios de ambos países en la residencia campestre de Camp David y la publicación de un artículo del presidente Lula en The Washington Post, en el cual defendió la tesis de convertir los alimentos en combustibles; fueron hechos que colocaron a Brasil, lo quisiera o no, al lado de Washington en la campaña por la extensión de los biocombustibles.

Al parecer, y en eso ha insistido mucho Fidel, el gobierno brasileño no ha sabido, o no ha podido, entender las implicaciones que ya está teniendo la sola posibilidad de emplear tradicionales cultivos para llenar los tanques de los ricos.

La pretensión explícita de Brasil es asumir el cinco por ciento de la producción mundial de etanol. Para eso tendría que elevar sus números de los 18,5 mil millones de litros de de etanol que produce hoy a ¡100 mil millones de litros!.

El presidente cubano recordó en otra de sus reflexiones las enseñanzas del VI Encuentro Hemisférico de Lucha contra el libre comercio y por la integración de los pueblos. Vale referirse a una.

En dicho cónclave participó Horacio Marthins de Carvalho, ingeniero agrónomo y asesor del Movimiento de los Sin Tierra. En sus palabras, mostró su preocupación por las consecuencias que ya está teniendo en su país la producción en masa del etanol.

“Tenemos –alertó- el control monopolista de la oferta de etanol, el diesel vegetal, más el control monopolista de las patentes de la producción de variedad de caña, de palma africana y de los proceso industriales para la producción”.

“Yo llamo a este proceso una avalancha del imperialismo verde, que destruye todas las barreras que encuentra delante: cambio de relaciones, de estructura de ministerios, articula los congresos nacionales”.

Otra arista a no olvidar es la relacionada con los subsidios. Porque este proceso de “internacionalización del etanol” no cambiará ni un ápice las incomparablemente mejores condiciones de precios y tecnologías de los productores estadounidenses y la Unión Europea, con relación a sus colegas del Sur. De hecho ya estamos asistiendo en una pelea absolutamente desigual que condenaría a la periferia del planeta a servir a las llamadas potencias centrales.

“El mundo se va a doblar a los biocombustibles renovables. Cuando se doble, no va a haber nadie que pueda competir con Brasil”, aseguró Lula en un discurso en la localidad de Uberaba, estado de Minas Gerais.

Indudablemente el mundo debe voltearse cada vez más hacia los combustibles ecológicos y las fuentes renovables de energía pero que en el futuro sea Brasil un productor insuperable es otra cosa.

Por eso, y vuelvo a la conversación con Alessandro, el debate no deber ser si Cuba y Brasil están enfrentadas, sino sobre cuál debe ser la estrategia global para enfrentar la realidad de que hoy la humanidad consume, diariamente 84 millones de barriles de petróleo y 270 mil millones de pies cúbicos de gas natural de una manera irresponsable.

Para verlo solo basta con echar una ojeada a las fotos de la Tierra durante la noche. Europa y Estados Unidos son fácilmente visibles, hasta brillan. Buena parte de África, América Latina y Asia, permanece a oscuras y es precisamente allí donde vive el 80 por ciento de población mundial.

Ale y yo abandonamos por el momento nuestra charla convencidos de que se trata de puntos de vistas diferentes que requieren discutirse sin apasionamientos y sin perder vista los profundos lazos de amistad que nos unen.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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