Posted by : Unknown viernes, 16 de mayo de 2008


Como para no perder la costumbre, y sobre todo para justificar el salario, los representantes de la industria de la contrarrevolución de Miami, no dejaron pasar la oportunidad de protestar contra la presencia en esa ciudad de atletas cubanos.
De acuerdo con los reportes de la prensa local, integrantes de la agrupación Vigilia Mambisa se manifestaron en la entrada del hotel Regency afirmando que la delegación del archipiélago al Campeonato Panamericano de Judo había recibido “ayuda” financiera del ayuntamiento de Miami Dade.
José Rodríguez, jefe de la Federación de dicho deporte en Estados Unidos aclaró que “La delegación de Cuba no recibió ninguna ayuda para venir aquí y como las demás se pagó su viaje y su estadía”. Pero corren tiempos convulsos para quienes viven del negocio de atacar a Cuba. Recientes auditorias del gobierno federal revelaron los “políticos usos” del dinero que anualmente se destina a financiar las actividades de las organizaciones miamenses. Era imprescindible entonces, continuar acumulando méritos ante los patrones de Washington. Por eso, allá se fueron a alterar la tranquilidad de los huéspedes y atletas.
Pretenden ahora mostrarse como los más austeros guardianes del dinero de los contribuyentes cuando la Oficina de Fiscalización General (GAO) demostró que hacen precisamente lo contrario.

El deporte no escapa a la histeria anticubana

Competir en Estados Unidos, cuando ese país les otorga la visa, significa para los cubanos lidiar no solo con los rivales en el ámbito del deporte. Es también soportar el asedio de los cazadores de talentos y los provocadores empeñados en politizar cada presentación de la Mayor de las Antillas.
Carteles ofensivos y hasta las agresiones físicas han caracterizado una actitud ilustrativa de que la racionalidad o la noción de la decencia, no existen en las mentes de enemigos de la Revolución Cubana.
Pero si el evento tiene lugar en Miami entonces todo lo anteriormente descrito de multiplica. Los grupos eliminatorios donde participa el equipo cubano de fútbol correspondiente a la Copa de Oro, por ejemplo, no han vuelto de celebrase en la referida ciudad, por la oposición de los grupos anticubanos que la controlan.
Ni glorias del deporte universal como Teófilo Stevenson han podido tener un paso tranquilo por el aeropuerto miamense. Solo que el individuo que en esa ocasión lo ofendió públicamente al parecer no estaba bien informado de dónde “Teo” obtuvo sus tres medallas de oro olímpicas. Lo supo de la peor manera, a través del soberano puñetazo que le propinó el ex boxeador.
Ahora la respuesta de la delegación cubana fue igual de contundente: el equipo femenino completo clasificó para las Olimpiadas de Beijing, con más de unas de las rivales vencidas por ippon; mientras que sus colegas del sexo masculino, también regresaron a Cuba con el boleto a justa de China en sus bolsillos.
La calidad pudo más que la histeria y los jóvenes judocas norteamericanos no quisieron irse de la competencia sin un autógrafo de la multimedallista olímpica Driulis González. Una imagen de la que ni el Nuevo Herald pudo dejar de reflejar. A fuerza de maestría deportiva los atletas de la Mayor de las Antillas, junto al objetivo competitivo también le propinaron un ippon al odio.

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