Posted by : István Ojeda Bello lunes, 26 de mayo de 2008

La reciente denuncia de Cuba de los vínculos afectivos, políticos y financieros de la contrarrevolución interna y las organizaciones terroristas radicadas en Estados Unidos dejan varias lecciones que no son tan obvias como parecen, pero si tan contundentes como piedras.

1. Los grupos que desde dentro de Cuba buscan el derrocamiento del gobierno y la subversión del orden interno son, por naturaleza, incapaces de ofrecer una alternativa verdaderamente independiente de la política exterior de Estados Unidos.
Desde el mismo triunfo de la Revolución Cubana, los sectores de la oligarquía nacional asumieron una posición completamente antinacional. De hecho fueron consecuentes con una actitud que venía desde la génesis de las clases cubanas más adineradas, las cuales siempre antepusieron sus intereses económicos a las necesidades del país.
Por décadas fueron transformando su filiación política: reformistas, anexionistas o partidarios de la república tutelada del 20 de mayo de 1902 y que hoy ponderan como el paradigma democrático para Cuba.
En el instante del derrocamiento de la tiranía de Fulgencio Batista, plena Guerra Fría, pocos, salvo, los revolucionarios cubanos, creían posible que a 90 millas de los Estados Unidos pudiera consolidarse un gobierno que, como mínimo aspirara a una posición neutral y al mismo tiempo se planteara un programa de profundas transformaciones sociales.
Esto último significó, para la naciente Revolución Cubana, tener un enemigo a muerte incluso antes de llegar al poder. Transformar el status quo social pasaba, irremisiblemente, por desmontar el esquema de dominación económica de los Estados Unidos.
Por comunidad de intereses y evidentes necesidades logísticas, la causa de los contrarrevolucionarios cubanos nació unida a los vaivenes de la política exterior de Washington.
Hace 40 años la ayuda era primordialmente militar, a tono con los primeros tiempos. La consolidación del modelos socialista cubano obligó a la transición hacia métodos más taimados como la “promoción de la democracia” y la falsa lucha por los derechos humanos.
Las Damas de Blanco afirman que están dispuestas a aceptar cualquier ayuda; Marta Beatriz Roque y demás “camajanes” del negocio contrarrevolucionario reciben una mensualidad de los grupos terroristas del Sur de la Florida. Esto a su vez, son financiados por el gobierno estadounidense. Todo ocurre sencillamente por necesidades mutuas. Los primeros buscan sostenerse económicamente y aprovechar los mecanismos de presión de EE.UU. para ganar reconocimiento internacional, paradójicamente, como “oposición independiente”.
La Casa Blanca está urgida, por su parte, de legitimar su política de guerra económica y política contra Cuba construyendo la ilusión de que “desde dentro” tienen apoyo.
Si alguien tuviera la romántica idea de hacerle oposición al gobierno cubano respetando la institucionalidad establecida no sobreviviría al intento. No porque fuera “desaparecido” por la seguridad cubana, sino porque sería los propios norteamericanos quienes se encargarían de sacarlos de circulación. Ellos han sido explícitos en la filosofía de “con nosotros o contra nosotros” y no admitirían a ninguna organización que estuviera dispuesta a contender en los comicios que cada dos años y medio se hacen en Cuba, precisamente porque los consideran antidemocráticos, aunque la abrumadora participación popular diga todo lo contrario.

2. La Unión Europa no es un interlocutor confiable.
Desde hace mucho tiempo Cuba tiene bien claro que en todo este entramado Europa desempeña un papel secundario, aunque no desdeñable.
Como en otros temas (las guerras en la antigua Yugoslavia y la histeria antiterrorista post 11 de septiembre, por solo citar dos) Bruselas actúa como complaciente peón de las prioridades que traza la Casa Blanca.
Cierto. Los gobiernos del Viejo Continente no siguieron a pie juntillas la estrategia de franca confrontación. Pero tampoco se han opuesto resueltamente a las reiteradas violaciones del derecho internacional en las que ha incurrido EE.UU. para lograr sus objetivos injerencistas.
[1]
En el caso que nos ocupa, la tarea de los europeos es precisamente otorgarle a los grupúsculos del archipiélago la tan soñada categoría de fuerza política independiente. Sin tener en cuenta el cuestionable otorgamiento de premios a “activistas” y “periodistas”, lo cual podríamos pensar que es iniciativa de personas e instituciones privadas; no puede pasarse por alto como en reiteradas ocasiones los representantes de las agrupaciones subversivas cubanas han sido recibidos con un rango que no tienen en los círculos políticos europeos. Esto sin hablar del fácil acceso que tienen a varias sedes diplomáticas de los miembros de la Unión Europea en La Habana para sus trajines conspirativos.
De todo esto está plenamente consiente el gobierno de La Habana. De ahí que maneje con sumo cuidado sus relaciones con la UE. Para no hacer concesiones que a fin de cuentas redundarían en concretar las aspiraciones legitimadoras de quienes, desde dentro, hacen todo para derrocarlo.


3. Se puede ser firme sin hacerle el juego a las provocaciones.
Al producirse algún incidente que involucre a la Sección de Intereses de Estados Unidos (SINA) en La Habana, más de uno se ha preguntado por qué Cuba no se deshace de tan modesta sede diplomática.
La razón creo, podría estar relacionada con no hacerle el juego al propósito de Washington que es llevar al máximo de tensión las relaciones para desembocar en una situación que le justifique acciones de fuerza.
Desde el punto de vista práctica han sido más efectiva la denuncia y el consiguiente descrédito para Washington y, lo más importante, descalificar a los mercenario internos.
Así ante cada acción provocativa se ha respondido, pero no en la forma cavernícola que esperaban. Quizás el ejemplo más ilustrativo fue el Monte de las banderas erigido frente el ofensivo y mentiroso cartel lumínico instalado en la SINA.

4 Cuba prioriza su seguridad nacional.
No es tan elemental como parece. Y la razón se ejemplifica con la respuesta la respuesta del canciller cubano Felipe Pérez Roque a un pregunta referida a si Cuba temía que la reciente denuncia pudiera “malograr” los esfuerzos de algunos países europeos para normalizar las relaciones.
[2]
Pérez Roque fue explícito y directo: para Cuba lo más importante es proteger la seguridad de sus ciudadanos y eso, en este caso, pasa por demostrar la naturaleza subversiva, antinacional y en nada pacifista de estas autotituladas organizaciones que presumen de todo lo que carecen.
En más de una ocasión el gobierno cubano ha demostrado que la seguridad es lo primero. Al respecto recuérdese como se puso fin a la escalada en los secuestros de aeronaves y embarcaciones en marzo y abril de 2003. Aún cuando era evidente que muchos amigos y supuestos “neutrales” no estarían de acuerdo.
Entonces y ahora, la realidad sigue dándole la razón a Cuba.

__________________________________________________
[1] Baste un caso reciente: cuando en EE.UU. se aprobó la Ley Helms Burton con el declarado fin de desestimular las inversiones europeas en Cuba, pareció que estos últimos ponían el grito en el cielo y finalmente denunciarían el caso ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). Tras negociaciones secretas con el enviado de Washington, todo quedó “en casa”. Estados Unidos se comprometió a no aplicar el Capítulo Tres de la Ley (que podía dejar si visa de entrada en EE.UU. a los empresarios o sus familiares que tuvieran inversiones en Cuba), Bruselas, por su parte guardó silencio respecto a la vulneración de sus derechos y la contravención del tan cacareado derecho al libre comercio.
[2] La pregunta concreta, la hizo José L. Paniagua de la agencia EFE: “Yo quería preguntarle sobre un aspecto que se ha estado comentando en círculos europeos. Algunos países consideran que lo que ha venido ocurriendo en estos últimos días no ayuda mucho a esos países que tratan de abogar por la eliminación definitiva de las sanciones a Cuba. Yo no sé si usted tiene algún tipo de valoración al respecto”.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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