Posted by : István Ojeda Bello domingo, 31 de mayo de 2009

¿Cómo hablar de la infancia en Cuba sin recurrir a las estadísticas frías o las explicaciones extensas? Ese fue mi dilema cuando recordé que el Primero de junio es el día escogido por las Naciones Unidas para decirle al mundo: los niños son el tesoro más preciado de la humanidad, pues de su salud y bienestar depende nuestro futuro. Entonces decidí que era mejor contar la historia de Isabel Cecilia.

¿Cuál es la preocupación de los padres en Cuba? Si porque a juzgar por el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (IECC) de la Universidad de Miami, los niños cubano se mueren de hambre.

Como el resto de los niños cubanos, Isabel, que aún no ha cumplido su primer año de vida, recibe mensualmente 20 cajas de leche evaporada suficientes para elaborar 30 litros de leche, todo por un costo que no llega a los 50 centavos de dólar.

Por eso no sé a que se refiere el estudio de marras
cuando dice: “la compra de la mayoría de los alimentos incluidos en la canasta básica de alimentos representa un reto enorme para gran parte de los hogares y personas ocupadas en la Isla”. Si porque los padres de Isabel adquieren cada semana en la carnicería de su barrio una cuota estable de carne de res; la cual el Estado destina, exclusivamente a los niños.

Tal vez esa sea la razón por la cual los expertos miamenses no pudieron precisar los precios de la carne de res. Deben haber preguntado a sus asalariados quienes, fueron a los mercados de oferta y demanda, donde lógicamente no se vende esa carne, precisamente porque el Estado las distribuye equitativamente a todos los niños, a un precio que no supera los cinco centavos de dólar semanales.

Cierto que los padres de la niña todavía deben destinar una parte importante de sus ingresos a adquirir otros productos necesarios para el crecimiento de su bebé, especialmente el plátano, el boniato y demás productos. Sobre todo después que el huracán Ike arrasara con prácticamente todos las plantaciones bananeras del Oriente cubano, al tiempo que el país entero se enfrascar en buscarle un camino más expedito a su agricultura.

No obstante nunca la niña ha dejado de consumir las cuotas adecuadas de carbohidratos pues los establecimientos estatales ha sido surtidos con productos enviados desde otras provincias y los que poco a poco van saliendo de los campos.

¿Qué no les preocupa a los padres de Isabel? Casi nada, simplemente tienen la seguridad de que su niña no enfermará de por los menos 15 dolencias contra la cuales ya Isabel fue inmunizada desde su nacimiento sin costo alguno.

Asimismo ahora cada 21 días (en los primeros meses fue cada siete) un médico calificado evalúa el crecimiento y desarrollo de la infante para advertir cualquier anomalía. Lo mismo hace una pediatra periódicamente.

Igualmente ha asistido a las consulta de genética, la cual es obligatoria para todos los niños con el objetivo de diagnosticar a tiempo cualquier afección de este tipo. Los costos de todo este andamiaje de atenciones médicas corren por completo a cargo del Estado.

Tal vez la historia de Isabel, multiplicada en la del resto de los niños cubanos, pueda ilustrar mejor cómo vive la infancia en Cuba.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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