Posted by : István Ojeda Bello lunes, 25 de octubre de 2010

Hoy en Cuba no se habla de otra cosa, y no admitirlo sería  negar la realidad misma. En boca de todos está el inicio de un profundo proceso dado en llamar de “reducción de plantillas y disponibilidad laboral” mediante el cual, en un período que se afirma habría terminado a finales del 2011, más de un millón de cubanos serían reubicados en otros  puestos de trabajo, la mayoría ya no pagados directamente por el Estado.
Cuando mucha prensa comentó inocultable malicia el que presidente Raúl Castro se abstuviera de hablar en el acto del pasado 26 de julio, personalmente me dije su  atención estaba en la intervención programada para el 1ro de agosto y, para suerte mía, él confirmó mi apreciación.
Ese día anunció la referida medida que, afirmó, tiene el propósito de “suprimir los enfoques paternalistas que desestimulan la necesidad de trabajar para vivir y con ello reducir los gastos improductivos”. En ese momento informó sobre una primera etapa que suprimirá la garantía salarial vigente hoy para personas que no laboran, aunque figuran en la plantilla de los centros de trabajo.
Más tarde supimos que a este le seguirá la optimización de las plazas estrictamente necesarias en todas las instituciones estatales. Todo, aclaró, con “la estricta observancia del principio de idoneidad demostrada a la hora de determinar quién merece el mejor derecho de ocupar una plaza”.


Estado: de Dios a padre
Todavía recuerdo la sonrisa socarrona del comentarista de temas económicos de CNN en español cuando en septiembre informaba sobre la declaración emitida por la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), sobre la reducción de plantillas. “Cuba anuncia despido de 500 mil empleados”, creo fue el titular que encabezó sus consideraciones. Aquí habría que hacer la primera distinción importante.
Indudablemente es una de las medidas de ajuste económico más profundas emprendidas por la Revolución en sus más de 50 años en el poder. Solo comparable por sus implicaciones a la aplicación del Programa del Moncada a inicios de los 60, la llamada “ofensiva revolucionaria” a fines de esa misma década o la estrategia para sobrevivir al fin del socialismo eurosoviético en los años 90.    
Contrario a lo que pudiera pensarse hay un amplio consenso social del país en la necesidad hacer del Estado una maquinaria eficiente que le permita asumir los costos de servicios básicos como salud y educación cuya gratuidad es inherente al rumbo socialista ampliamente apoyado por el pueblo.
No puede olvidarse que la aplicación de todas estas medidas, en las cuales hay que incluir la ampliación de la participación en la economía del sector privado y/o cooperativo, es el resultado de un amplio y libre espacio de expresión abierto tras el discurso de Raúl en Camagüey en julio de 2007.
¿Significa que quedarse sin empleo estatal es fruto del propio reclamo de la gente? En parte sí, porque ¿cómo es posible liberar al Estado de gastos innecesarios si las nóminas están infladas?. Al mismo tiempo a nadie le gusta que le digan que “ya no es necesario” y que por tanto debe buscarse otro empleo. Sobre todo porque trabajar con el Estado significa estabilidad en los ingresos, independientemente de su capacidad adquisitiva.
Esa aparente contradicción está aún por resolverse y, a decir verdad, creo que algunos no la entenderán nunca. Hacerlo implica primero saber que no estamos ante una medida de “choque” al más puro estilo capitalista donde el Estado paladinamente se desentiende de la suerte de miles de personas.
Si se discute y explica tanto, con más o menos claridad, es precisamente porque el Gobierno Revolucionario tiene como principio básico no dejar a nadie desamparado. De otra manera hace mucho rato que la famosa “libreta” hubiera desaparecido. Sin embargo aunque se han suprimido algunos productos no esenciales de esa distribución normada existente para todos, no parece que este sistema de subsidio generalizado vaya a desaparecer, al menos a corto plazo. Quizás ocurra cuando se alcance un nivel de estabilidad productiva mínima que permita subsidiar no a la distribución sino a los sectores de menos ingresos, facilitándole la adquisición de esos productos de la canasta básica.
Por otro lado la presente actualización del modelo económico cubano es, además, transformar la noción que prima en más de una generación, nacida con la Revolución o no, de qué es el Socialismos y cuál es su relación con el Estado, donde este último dejaría de ser una especie de deidad obligada a resolverle todos los problemas a la gente. Si no ¿por qué hoy una madre cuyo ex marido se niega a darle dinero para mantener hijo de ambos, exige una asistencia social?, ¿Por qué ella no piensa primero en demandarlo ante los tribunales para que cumpla con su obligación paterna? Tal vez sea porque no tiene claros los mecanismos judiciales establecidos para hacerlo o no los considera todo los eficientes que deberían. Pero probablemente se deba más a esa visión endiosada del Estado que la conduce a pensar que tiene que ser este quien deba resolver su problema.
Entonces ahora estaríamos, creo, ante la intención de transformar al Estado cubano en una suerte de padre y madre responsable ocupado en garantizarle a cada persona, las oportunidades de nacer y crecer sano, con la cultura e instrucción suficiente para su realización personal.
Esa sería un interpretación lógica de las palabras de Raúl, cuando refiriéndose a estas medidas las calificó de: “un cambio estructural y de concepto en interés de preservar y desarrollar nuestro sistema social y hacerlo sostenible en el futuro, de modo que cumpla con el mandato del pueblo de Cuba, recogido en la Constitución de la República, de que el carácter socialista y el sistema político y social contenido en ella son irrevocables” (los subrayados son nuestros)

Los retos del cambio
 Sería vano pensar que el actual proceso de reestructuración de la fuerza laboral cubana no tendrá un costo político para Revolución. Numéricamente el Socialismo cubano puede que de aquí a dos años tenga más detractores entre: los que fueron incapaces de entender la  esencia del actual proceso; quienes se consideren al final injustamente perjudicados, sea cierto o no; y esos que, víctimas de las tergiversaciones, o por su propia regresión ideológica, terminen considerando al capitalismo dependiente de los Estados Unidos o lo que es lo mismo el “sálvese quien pueda” como la mejor solución.
Paralelamente se presenta el desafío de la anunciada ampliación de papel de la pequeña y mediana empresa no estatal en varios espacios del sector productivo.
Sin atreverme a aventurar conclusiones de “experto” que no soy; no es menos cierto que se plantea el enigma de cómo integrar mecanismos de mercado en medio de un sistema y psicología social que tradicionalmente los ha asociado automáticamente como tendientes a la regresión hacia el capitalismo, está última una posibilidad real[1] si el Socialismo cubano no es capaz de actualizar  sus esquema productivo y de reproducción de sus valores morales y políticos.
Conste que no estoy siendo tremendista, simplemente me limito a reflejar una preocupación ampliamente expresada, desde el medular discurso de Fidel en el aula Magna de la Universidad de La Habana en 2005, desde luego por el cubano de a pie, y desde luego en el ámbito académico. 
Así se debate intensamente, como es muy típico de los cubanos, los alcances y/o limitaciones del trabajo por cuenta propia y las cooperativas, por solo citar dos ejemplos.
Obviamente todavía es demasiado pronto para anticipar resultados, sobre todo porque la gente no tiene toda la información  que quisiera sobre cómo el Estado implementará la materialización del trabajo por cuenta propia como “una alternativa más de empleo para los trabajadores excedentes” del sector estatal. 
Esta carencia ya está empezando a ser atendida. No bien había terminado de escribir estas líneas cuando en los estanquillos de todo el país se puso a la venta los números 11 y 12 de la Gaceta Oficial en las cuales las Disposiciones Generales sobre la reducción de las plantillas infladas y las normas que las complementan. En mi ciudad fue necesario controlar la venta de las gacetas por las filas de personas ávidas de tener de primera mano los textos.
Los anuncios hechos durante septiembre y octubre sobre la ampliación y legalización de varias actividades económicas por parte de la personas, así como los cambios en otros aspectos como la contratación de fuerza de trabajo, el alquiler de viviendas, la venidera apertura de créditos para el sector privado y más recientemente la información sobre el nuevo sistema impositivo que regirá el ejercicio del trabajo por cuenta propia; todos, son claras señales de que el Estado tiene el firme propósito de potenciar al máximo este tipo de actividad económica y al mismo tiempo ponerla en función de oxigenar sus propias finanzas y que aporten al desarrollo de toda la sociedad.
El que se haya decidido que los ingresos obtenidos por el cobro de los impuestos a los trabajadores por cuenta propia, serán cedidos íntegramente a los presupuestos municipales supone, asimismo, un cambio importante que estaría otorgando una autonomía importantísima a los gobiernos a esa instancia, lo cual no solo contribuirá a potenciar el desarrollo económico en las localidades; también será un mecanismo importante para forzar a un mayor control de la ejecución fiscal y la cultura tributarias de los propios cuentapropistas por cuanto sabrían que su aporte ayuda a financiar muchas de las obras sociales que lo rodean.
Desde luego este gigantesco proceso de actualización económica en Cuba tendrá que lidiar con otros fenómenos no menos peligrosos como el burocratismo la natural tendencia a la autopreservación  de los privilegios de cierto aparato administrativo en detrimento del sector productivo, el favoritismo en fin… muchos más que seguramente complicarán mucho lo que parece ser una decisión impostergable para la existencia misma de la independencia nacional.


[1] Los constantes reclamos que llegan desde Washington de más “apertura” y “democratización” son las más vivas muestras de hasta cómo se mueven las fuerzas que trata de capitalizar a su favor conduciendo a la implosión de Socialismo. De otra manera no se mantuviera todo el entramado que dentro de los Estados Unidos, mantiene la guerra económica contra Cuba.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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