Posted by : István Ojeda Bello miércoles, 6 de marzo de 2013


Los que mueren por la vida
no pueden llamarse muertos
y a partir de este momento
es prohibido llorarlos

Había caído la noche sobre Caracas y un hombre salió a caminar sus calles, quería conversar con la gente, saber cómo pensaban en días cuando la economía del país casi colapsaba por uno de los más grandes operaciones de sabotaje a su corazón: la industria petrolera. Un año antes una marea de pueblo había bajado de los cerros para defender la dignidad de la patria, mancillada por un puñado de escuálidos.

Al rato se vio en la azotea de una modesta vivienda donde la ausencia de gas había obligado a sus moradores a cocinar con trozos de madera. “Esa leña que está ahí eran las patas de mi cama, lo que me quedaba de la cama. Ahora tenemos el colchón en el suelo”, le contó la anciana venerable que allí vivía. “Muchacho. ¡Cocinaremos con leña, con nuestros huesos, pero no te rindas!. ¡Pelea!”, le dijo. Él fue fiel a ese mandato.
 (Escúchela en la voz de Chávez)

Se nos ha ido su voz, sus gestos tan joviales y sencillos. No estará más su verbo ardiente y desenfadado que movía multitudes y escandalizaba las reglas del protocolo en los foros internacionales.

Hugo Rafael Chávez Frías rompió con todos los esquemas políticos de su país y del mundo. Demostró la viabilidad de un proyecto de profundo cambio social afincado en las particulares condiciones de Venezuela. Fue, no se olvide nunca, figura clave en la nueva oleada integracionista de la región y de enfrentamiento a los poderes hegemónicos globales.

Solo alguien sin alma, o peor aún, enceguecido por el odio, puede brindar o festejar el fallecimiento del líder de la Revolución Bolivariana como lo hicieron en lugar de cuyo nombre no quiero acordarme. A esos solo le espera el basurero de la historia y el desprecio de propios y contrarios.

Quizás ahora en aquel hogar caraqueño sus habitantes estén evocando a la figura de su presidente andando entre ellos con su sonrisa de padre amantísimo preocupado por sus hijos.

“Chávez no se fue” cantan los revolucionarios de todo el mundo porque él vive en cada uno de los logros de la Revolución que lideró hasta el último minuto de su existencia. Lo que él dejó por hacer queda ahora en manos de todo un pueblo que no puede permitirse el sacrilegio de traicionar los sueños de un hombre humilde que solo quiso justicia y prosperidad para todos.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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