Posted by : István Ojeda Bello miércoles, 19 de marzo de 2014

El timbre a media mañana es la bendición si las hormonas andan revueltas y vistes de uniforme blanco y amarillo. El sonido marca el comienzo de apenas… ¿10, 15 minutos? No importa. Parecen infinitos. Un montón de segundos en los que crees podrás hacer muchas cosas.

En la plaza, o el patio central, da igual, cada quien busca su grupo. Se junta por instinto y mira al otro con cierto recelo. En un día normal la atmósfera se enrarece con el murmullo de ruidos entrecruzados y anárquicos de muchas voces amontonadas en tonos dispares.
Si hay música la cosa cambia.

El ambiente se distiende. Las conversaciones pasan a un segundo plano y los acordes son el pretexto para desinhibirse, mostrar el pasillo ensayado una y mil veces o cantar a coro desafinado si, por enésima vez, ponen el tema de moda.

Por aquí y por allá andan los «electrones libres», esos que no acaban de encontrar su espacio y van de círculo en círculo, en silencio; quien sabe si esperando ser admitidos en alguna no declarada cofradía.

El centro del espacio común es la pasarela de las más «codiciadas» (o codiciados también), la primeras no hacen muchos gestos solo necesitan atravesar la tierra de nadie para reafirmar su rol, los segundos suelen ser más extrovertidos mediante gestos probablemente calcados de algún artista.

El receso es el chance para ver la muchacha (o muchacho) que te gusta fuera del marco rígido del aula: para disfrutar su sonrisa, admirarle el pelo o cualquier otro detalle que a esa hora se vuelve importante porque las normas del uniforme escolar dejan poco espacio para los adornos, pero no importa siempre le encontrarás algo nuevo… atractivo.

Las manecillas no se detienen… entonces tratas de no quitarle la vista de encima, esperando que te mire. Puede que eludas decirle algo o por el contrario empiezas una conversación inocente sobre una canción, la serie del momento o los planes del fin de semana. Todo sin reparar en el reloj y su imperturbable marcha porque el receso no es eterno.

El Riiiiiiiiiiiiinggggg decreta el fin de esta «eternidad» y el timbre pasa de héroe a villano en un lapso temporal que ahora luce como instante.

One Response so far.

  1. Anónimo says:

    oye que bien , me recordaste mis tiempos jajaja uanque preferia quedarme en el aula por miedo a que sonara el tiwembre , y la foto esta estelar

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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