Posted by : István Ojeda Bello martes, 25 de marzo de 2014

Con el tiempo el fenómeno de la emigración y en general de los viajes al exterior tienen un tono menos dramático porque todos, hasta la Revolución, maduran. Pero igual no deja de removernos la vida de vez en cuando. Así, lo que hasta ahora se había sentido como un asunto, importante sí, pero distante, puede dejarlo de serlo definitivamente.
Es preciso eludir el papel de juez de actos ajenos sobre los cuales, literalmente nada puede hacerse ya. Por un momento solo quedan las sensaciones, las dudas, las interrogantes sobre cómo quedarán los lazos con quien hasta ahora se compartió amistad sincera y larga, y decidió irse a vivir a otra parte del mundo o cuanto menos se fue por un tiempo sin despedirse.

Desde la razón más palpable en la insularidad del país, pasando por otras mucho más profundas, han hecho que en este Archipiélago el acto de mudarse más allá de fronteras sea un suceso de connotaciones casi cataclísmicas para varias generaciones. Si porque desde mucho antes de la Revolución el fenómeno migratorio fue parte de la evolución histórica de la nación.

Ya no estamos divididos en el parte aguas de “quédate o vete” de épocas pasadas; y no por haber dejado de compartir los sueños supremos de nuestros padres sino porque hemos aprendido a evaluar a la gente no literalmente por dónde vive sino por lo qué expresan su actos más allá del lugar dónde se encuentre. También hemos llegado a un punto en que los viajes al extranjero no son en un solo sentido y siempre es valedero, creo, sumar y tener cerca a quien probablemente no haya decidido romper con todo y todos.

Sin embargo la primera reacción frente a alguien que se va fuera de Cuba, incluso por un tiempo, es preguntarse: ¿Me borrará esa persona de su pasado? ¿Le resultará incómodo tenerme entre sus amigos porque haya mar de por medio? ¿Pretenderá no haberme conocido para evitar que nuestros antecedentes comunes le malogren eventuales opciones atractivas de empleo?

No siempre ocurre así pues los amigos, cuando lo son de verdad, no se destiñen con el tiempo como las pinturas; son capaces de conservar los lazos aun cuando la distancia esté ahí y uno no dejé de decirle las verdades de frente, por duras que estas sean.

Dice una canción que “vas de tu país a tu raíz” que “nunca te iras del todo”. Eso, el tiempo me lo dirá. Solo lo por venir a partir de ahora y el regreso, cuando ocurra, me permitirá saber sí habrá vanagloria frívola por los logros, pretendidas lecciones de éxito o respeto a la decisión propia como mismo respeté la suya.

One Response so far.

  1. Anónimo says:

    Lo felicito por tan buen articulo. Esta vez no tengo nada que agregar porque este plato tiene "todas las salsas">.

    Saludos,

    Jose Rodriguez

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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