Posted by : István Ojeda Bello miércoles, 6 de mayo de 2015

(publicado originalmente en SoyCuba

No es novedad decir que la Compañía de teatro infantil La Colmenita se disfruta sin importar la edad biológica del espectador. Sin embargo la genialidad más inesperada del colectivo encabezado por Carlos Alberto Cremata, en su reciente presentación en la plaza Mayor General Vicente García de la ciudad de Las Tunas vino en un detalle.


Antes del inicio del espectáculo, los organizadores escogieron una manera francamente insólita para saber si ya estaba lista la gigantesca pantalla del Proyecto Audiovisual PMM que acompañaba la gira nacional de La Colmenita.

Ya nos hemos habituado —resignado más bien— a que antes del inicio de un acto o presentación artística cualquiera no se emita la música o el video más coherente con la ocasión  sino la preferida por el operador de los equipos, elección que casi siempre está fuera de lugar.

Así, previo a una velada conmemorativa se escucha una balada pop típica de una discoteca; se emite música para adultos precediendo a una fiesta o un acto infantiles; a una seguidilla de temas de salsa o house le continúa la interpretación de obras de Mozart; o nos ponen un montón de videos clips de reguetón antes de una gala que inaugurará una muestra cinematográfica.

Pero esa tarde, a los pies del colosal monumento al León de Santa Rita, los miles de espectadores vimos… ¡un dibujo animado de Elpidio Valdés! Específicamente Elpidio Valdés asalta el convoy que vio la luz en 1976, año en el cual coincidentemente se cumplió el centenario del asalto y toma de Las Tunas por las fuerzas del General Vicente García.

Ahora mismo no sé si PMM y La Colmenita supieran todo eso y que además la más excelsa figura de las guerras de independencia aquí también mereció el epíteto de «Rey de los convoyes» por la maestría lograda en el ataque a esas caravanas de pertrechos militares que atravesaban el territorio tunero para abastecer a las tropas españolas.

Entonces… ver el susodicho corto justamente en la plaza que lleva su nombre fue un agradable e insólito homenaje a Vicente García.

En contra de Elpidio Valdés, dicen, obra el tiempo y el supuesto de que se hizo bajo estilos anticuados para los públicos actuales. ¿Está muerto entonces? ¿Ya su mensaje pasó de moda? Los rostros y las risas de esa tarde me dijeron lo contrario.

¿Qué es un clásico sino eso que vale aún a despecho de los almanaques? Todavía no olvido el rostro de una niña que a sus ocho años de edad vivió como si fuera real la Blancanieves de Walt Disney que ya pasó las ocho décadas de realizada. «Es que ella no la había visto nunca, en casa  solo vemos Caso Cerrado[1]», me explicaron luego.

Convenimos en que Elpidio Valdés, es tan clásico dentro de la filmografía cubana como los animados de Disney  precisamente porque no ha caducado. Lo que quizás envejeció fueron las ganas de no dejarlo enmohecerse en los archivos. Porque ¿cómo los de menos edad van a aprender a apreciarlo si quienes crecimos con él no les enseñamos a hacerlo?

En mi niñez dependíamos de la televisión para verlos. Hoy irónicamente es más fácil tenerlos en casa gracias a los circuitos alternativos de distribución, donde se descubrió  —todavía el ICAIC no— que esas aventuras copiadas en memorias flash o en DVD a bajos precios tienen público todavía. Por nostalgia, es cierto y también por su valía constante.

Fueron hechos para reír y como tal tienden a esquematizar a los personajes pero: «durante la preparación de los materiales para las historietas y películas de dibujos animados del personajes Elpidio Valdés, fue necesario buscar la imagen de los mambises para reproducirlo lo más fielmente posibles en las ilustraciones», dice Juan Padrón en El libro del mambí, un texto de 1985 reimpreso en 2003 que debería ser consulta para enseñar sin aburrimiento la historia en nuestras escuelas.
Ese es otro de los aciertos que le permite a Elpidio… vencer la prueba del tiempo. Allí no hay un uniforme, un arma o un instrumento fuera de lugar. Sin hablar de las múltiples facetas que nos muestra de las más de tres décadas que este país luchó por liberarse de la opresión del colonialismo español[2].

Si no que le pregunten a mi amiga Chely, quien para reportar hace unos años de la instalación de un heliógrafo en la ciudad de Holguín recordó a las aventuras del  mambí.

La razón es que en uno de sus episodios, Elpidio Valdés contra el tren militar (1974), se explica el principio básico del funcionamiento del mencionado sistema de comunicaciones; y en otros dos capítulos, Elpidio Valdés ataca Jutía Dulce (1988) y Elpidio Valdés y los inventores (1992), se aprecia cómo las tropas españolas lo empleaban durante sus operaciones militares.

Algo similar le ocurrió a Armandito, cuya afición por el fútbol y en particular por el Real Madrid, no le impidieron descubrir una manera diferente de hacer su ponencia para un evento de investigación histórica.

Junto al estudio de Raúl Izquierdo Canosa echó mano a escenas de Elpidio Valdés contra cañonera (1980) y Elpidio Valdés se casa (1991) para dar conocer entre sus condiscípulos de la universidad médica qué eran las prefecturas mambisas. Al final no le importó tanto si al jurado le pareció su trabajo mejor o peor que el resto y  sí el haberse asomado con creatividad a un pasado quizás demasiado encartonado en charlas aburridas.

¿Es verosímil el duelo a machete de un jefe mambí con un sanguinario compatriota vendido a España? Nunca he podido preguntárselo a Juan Padrón, pero el enfrentamiento final en el Elpidio Valdés contra los rayadillos (1978) me recuerda el sostenido entre el entonces Comandante mambí Guillermo Moncada y el tristemente célebre Miguel Pérez y Céspedes el 5 de mayo del 1871[3].
Elpidio… sigue recordándonos que los mambises se valieron de las abejas y cañones forrados con cuero para atacar al enemigo; que cargaban al machete porque eran «muy bravos» y, también porque  a veces no quedaba otra solución[4]; que cada pueblo —también los españoles— se agarra a su bandera si la ve amenazada «como nosotros cuando nos querían quitar la nuestra»; o de como italianos, rusos, norteamericanos, chinos y otros extranjeros compartieron nuestra suerte en la manigua aunque solo supieran decir en castellano «Viva Cuba».

Elpidio Valdés vive pero no por sí solo, sino por como seamos capaces de mantener vigentes sus lecciones ahora y en el futuro. 




 NOTAS
En su muro de Facebook, Juan Padrón ha empezado a publicar información sobre Elpidio Valdés bajo el nombre de «Datos inútiles». Hace unos días compartió este video subido a You Tube que, según cuenta, es del primer animado de Elpidio que él hizo. Disfrútenlo

[1] Caso cerrado (abreviado también como CC) es un programa de televisión transmitido desde abril de 2001 por la cadena televisiva Telemundo desde Miami, Estados Unidos. Su formato se basa ventilar en televisión los asuntos privados de las parejas y familiar que allí asisten y su presentadora es la doctora de origen cubano Ana María Polo.

[2] En el propio texto alerta Padrón: «Las fotos que existen de los mambises, en su gran mayoría, fueron tomadas al final de la guerra (1895-1898), cuando ya habían tenido tiempo de lavarse bien y conseguir ropa nueva. Por eso en ellas tiene un aspecto de uniformidad y limpieza que, por desgracia, fue copiado en muchas ilustraciones sobre el tema y que ayudaron a crear el esquema del mabí vestido de blanco, con botas negras y pañuelo rojo al cuello.

«Hay una tendencia a continuar reproduciendo ese esquema. Muchos de los dibujantes que ilustraron libros, revistas o diseñaron vestuario, se basaron en los trabajos de otros dibujantes que cometieron errores en la documentación histórica o que utilizaron grabados de la prensa española, realizados por artistas que jamás habían estado en Cuba. Tal es el caso del trato de Agramonte, en el cual se le muestra llevando chaqueta oscura, galones y estrellas al cuello, que nunca usó. Ese retrato es un montaje fotográfico: el rostro de Agramonte y el uniforme que llevaron los jefes y oficiales mambises después de 1989, con un diseño posterior a la intervención norteamericana en la guerra. Y sin embargo, ese retrato, y los de Gómez y Maceo vestidos de dril, de punta en blanco, se reproducen una y otra vez».

[3] Miguel Pérez y Céspedes, nacido en Tiguabos en 1800, lideraba una partida de «guerrilleros» conocidos como los Indios de Yateras que, pagados por colonialistas españoles, se «especializaron» en rastrear los hospitales mambises en la manigua. Capturarlo fue la misión encomendada a Guillermo Moncada, quien finalmente el 5 de mayo del 1871 cercó a los “rayadillos” produciéndose el combate cuerpo a cuerpo y a machete entre ambos hombres.

[4] En el episodio El Machete (1975), ante la expresión de que «nosotros cargamos al machete porque somos muy bravos» Elpidio agrega que cada solado español iba al combate «con 100 balas y fusil de repetición y pólvora seca» mientras que los cubanos llegaban con pocas balas «pólvora negra y fusiles muy viejos de cuando la guerra se hacía con calma».


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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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