Posted by : István Ojeda Bello viernes, 22 de mayo de 2015



En dos lugares distintos de Lodi, en las llanuras cálidad de la Lombardía italiana, uno comfirma la universalidad del empeño por educar, sí, a los más jóvenes pero acordándose siempre de la época del heroísmo colectivo para conseguir la paz de hoy.

El primero es el Asilo infantil Francuillezza. Ahora es un edificio completamente nuevo pero no fue fácil lograrlo pues costó mucho debate en el Consejo Comunal de la ciudad juntar las voluntades para que destinar cinco millones de euros en la construcción de este inmueble que le permita a muchas familias de aquí eludir los grandes gastos que significa pagar a instituciones privadas que ofrecen el mismo servicio de custodia diurna de niñas y niños.



“¡Tanti seniore” exclamó un niño antes de refujiarse en los brazos de su madre, al ver entrar por la puerta principal a tanta gente extraña. “Saluto a tutti” exclama con total desefando otro para luego continuar levantando su torre con figuras lego en los salones donde se respira el mismo aire de cariño por los “babinos” y “banbinas” que uno está acostumbrado a ver en los círculos infantiles de Cuba.
La atención a quienes son el futuro de cada país es importante. Así lo dice la directora del “Francuillezza”, Katia Manfredi. Ella se conoce los nombres de cada uno de los 65 infantes que allí asisten diaramente y, mientras recorre cada recinto, aprovecha para dar instrucciones a algunas de las 14 educadoras bajo su mando. 

Silvana Cesani, una de las trabajadoras sociales del Asilo insiste en las facilidades de pago que da la insitución a las familias de bajos ingresos. Una práctica que tiende a extinguirse en Italia a manos de los recortes a la financiación pública a la educación. De ahí que cada vez iniciativas como esta se refugian los presupuestos de las municipalidades para salir adelante.


Con los partisanos 
La historia colma las paredes de la sede local de la Asociación Nacional de Partisanos Italianos (ANPI). Este año celebraron las siete décadas de la liberación de la ocupación nazi y el fin de la dictadura fascista de Benito Mussolini. “La nuestro fue una lucha de todo el pueblo”, dice Angelo Malusardi, titula de la ANPI en la ciudad. “Mi abuelo arriesgó su vida para esconder a varios militares en su casa”, cuenta. “Cada vez quedan menos integrantes directos de la Resistencia.Pero a sus hijos y nietos nos toca mantener vivo el recuerdo de mártires como los del Polígono de Lodi”, subraya.

Isabella Oltobelli, titular de la organización en la provincia de Lodi sabe que siempre está latente en peligro del resurgimiento del extremismo que engendró al fascismo. Por eso, insiste, nos esforzamos por que los más jóvenes no olviden el sacrificio que hicieron sus predecesores. Entonces a nuestros anfitriones evocan a sus familiares que estuvieron encerrados en campos de concentracion com Buchewall o Dachau.

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Pasado y futuro son importantes. Eso, por suerte, lo saben la gente buena de Lodi.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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