Posted by : István Ojeda Bello lunes, 20 de julio de 2015


Este 20 de julio fue un lunes de símbolos. El izamiento de la bandera cubana en la reabierta embajada de nuestro país en Washington es, sin dudas, un suceso de significativa connotación y era justo que nuestro Gobierno hiciera lo posible por hacerlo notar. Igual es de esperarse que dentro de menos de un mes, a su manera, también lo haga EE.UU. en La Habana.

La enseña de la estrella solitaria, el triangulo rojo y las franjas azules y blancas ondea con pleno derecho en la ciudad del Potomac. Al acontecimiento acudió una representación de la sociedad antillana y era justo que así fuera pues este Archipiélago tiene mucho de que enorgullecerse a pesar de la penurias económicas y más ahora que apenas se ha cerrado un capítulo en el sinuoso trecho de construir una relación normal con los Estados Unidos de América.



Como si fuera poco quiso la historia que Las Tunas  saliera para muchos del anonimato gracias a que un museo local atesoraba la bandera cubana que hasta el 3 de enero de 1961 ondeó en una sede diplomática cubana allá. La tela se encontraba este pedazo de tierra cubana tras haber sido donada por  los familiares en la Florida del Mayor General Vicente García  quienes la conservaron originalmente y ahora está en el edificio del número 2630 en la décimo sexta avenida.

La ceremonia de este lunes nos permite apreciar las visiones diferentes que del asunto tienen ambas partes. Para Cuba la relación con los Estados Unidos es cuestión prioritaria por las serias consecuencias que ha tenido para su desarrollo el asedio económico de cinco décadas mantenido por las sucesivas administraciones estadounidenses. Más de una vez la propia existencia de millones de cubanos se ha visto en peligro a causa de las agresiones y la posibilidad cierta de guerra. Por tanto cualquier medida o cambio en su estrategia hacia nosotros tiene repercusiones obvias y claras en nuestras vidas.

Del otro lado tenemos a una superpotencia para la cual Cuba sí es un tema importante pues desde su punto de vista somos parte natural de su área de influencia. Tanto que en determinadas coyunturas es imposible saber cuando en Washington nos asumen como parte de su agenda en política exterior o dentro de sus asuntos internos. Pero como integrante de los llamados países centrales Estados Unidos tiene otras muchas cosas de las que ocuparse, por eso, quizás se han tomado su tiempo para realizar la formalidad del izamiento de su bandera en su embajada aquí.

El 14 de agosto levantarán su blasón de las barras y las estrellas y encontrarán sus propias razones para congratularse por haber logrado tener, de nuevo, una sede diplomática plena junto al malecón habanero. Si para nosotros el acontecimiento supone el reconocimiento de la legitimidad de nuestro gobierno y sistema político pues está ocurriendo en vida de la generación que hizo la Revolución; ellos lo ven como una oportunidad nueva para incrementar su influencia en los procesos sociales, culturales y en última instancia políticos tierra adentro de este Archipiélago.

En este minuto, salvo la ya de por sí significativa presencia aquí del secretario de Estado John Kerry, es imposible saber quiénes y cómo harán su ceremonia y seguramente le concederán todo el simbolismo que entiendan. Recordemos que muros adentro del edificio capitalino hace tiempo fue reconstruida el águila imperial que una vez estuvo sobre el monumento a los marineros muertos en la explosión de acorazado Maine.

EE.UU. probablemente entenderá su momento del 14 de agosto como el regreso a un escenario natural que le pertenece y como tal lo harán notar con modos más o menos sutiles.

Comprender eso y asumirlo como parte de la normalidad, también es parte del proceso de asunción del respeto a las diferencias que queremos como guía en las relaciones entre ambos países. Sobre todo porque la divergencias de visiones y opiniones continuarán solo que en lo adelante se dirimirán mucho más en el campo de las ideas, como tantas veces nos lo ha recordado Fidel.

John Kerry habló este 20 de julio de “buena vecindad” y quiero creer que son ciertas sus palabras. Por ahí justamente estaría el principio para esta nueva fase en, como dijo su homólogo cubano Bruno Rodríguez, “empezar a trabajar para fundar unas relaciones bilaterales nuevas y distintas a todo lo anterior”; sobre la bas de honrar, siempre, ese compromiso del respeto a la independencia de Cuba.


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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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