Posted by : István Ojeda Bello miércoles, 13 de enero de 2016



Sabiéndose frente al instante de simplificar ocho años en la Casa Blanca Barack Obama concentró su último discurso del Estado de la Unión en lo que juzgó más imperecedero: su contribución a mantener el liderazgo y poder globales  de los Estados Unidos de América. No es que no le importaran asuntos más inmediatos como las elecciones o la economía. Sucede que él está consiente que cuando los historiadores evalúen su Administración probablemente atenderán una cuestión básica: ¿Cuál es el legado del primer presidente afroamericano de los EE.UU.? Por tanto, concentró sus mensajes principales en esa línea
“Los Estados Unidos de América es la nación más poderosa de la Tierra. Punto”, dijo. Eso obviamente no podía ser cuestionado por la bancada republicana. Es un principio indiscutido dentro de la clase política de ese país: la supuesta excepcionalidad de ese país y de su predestinación para regir los destinos del orbe.
Obama representa el ala liberal dentro de la élite política estadounidense, esa que cree que el poder de los EE.UU. se ejerce de una manera más efectiva cuanto más equilibrado exista entre el uso de la capacidad militar, directa o a través de terceros, y el empleo de los resortes de la diplomacia o las sanciones económicas.
Lo explicó así: “El liderazgo de Estados Unidos en el siglo XXI no es una elección entre ignorar al resto del mundo, excepto cuando matamos a los terroristas; u ocupar y reconstruir todo dondequiera que una sociedad se esté desmoronando. Liderazgo significa una aplicación racional de la fuerza militar, reuniendo al mundo detrás de causas correctas. Significa ver nuestra ayuda exterior como parte de nuestra seguridad nacional, no como caridad”.
Visto en una perspectiva más amplia este discurso del Estado de la Unión se concentró en demostrar que esa es la mejor estrategia para consolidar el rol de EE.UU. no tanto como “policía del mundo” (que no significa que no ponga orden cuando se requiere) sino como una gran nación que ejerce su control sobre la base de su ejemplo, del  sentido común que guía sus acciones.
Cada uno de los casos sacados a colación por Obama giraron en torno a corroborar que la actitud agresiva y explícitamente brabucona de los neoconservadores que dominaron durante la era Bush, fue simplemente un “mal negocio” que trajo más dificultades que beneficios.
Pongámonos en su lugar para comprenderlo mejor: En 2009 EE.UU. se encontraba complicado en dos escenarios bélicos sumamente impopulares: Irak y Afganistán sin una estrategia clara de salida y pésima publicidad alrededor.
Ahora nos, dice Obama, el cambio hacia una postura más inteligente con relación a Cuba les permitió influir mejor en los cambios que están teniendo lugar al interior de la Isla y de paso recomponer su imagen mediante apoyando oficialmente al proceso de paz en Colombia que les permitirá explotar mejor los recursos de ese país ahora que las guerrillas están contenidas.
Venezuela está lo suficientemente inestable como para que los chavistas ya no sean la amenaza que eran en vida de Hugo Chávez. La combinación de la presencia bélica en la zona y una hábil diplomacia contuvieron el peligro iraní en el Oriente Medio, asegurando la existencia de su portaviones regional allí: Israel. Todo eso sin disparar un tiro, al menos no abiertamente.
La existencia de un gobierno amigable en Ucrania y de una oposición aliada en Siria, les garantiza la contención de las intensiones rusas de alterar el “orden natural” de las relaciones internaciones que coloca a Washington a la cabeza. A ese objetivo tributan también el haber liderado otras batallas claves como los brotes del ébola en África donde, es cierto,  países como Cuba pusieron la “infantería” pero ellos pusieron los medios materiales.
Justamente por eso, reclamó Obama, es urgente que el Congreso levante el bloqueo a la Mayor de las Antillas, no ponga trabas al acuerdo nuclear alcanzado con Teherán ni al Transpacífico que consolidará la presencia de los productos estadounidenses en los mercados de mayor expansión del Lejano Oriente;  y que autorice el uso de la fuerza militar contra el Estado Islámico (un antiguo aliado fuera de control) y cierre la prisión en Guantánamo (no la base) que en resumidas cuentas está creándoles un problema de relaciones públicas por el pésimo ejemplo que constituye. También le reclamó al Legislativo cooperación en sus propuestas de mitigación del cambio climático, ninguna compromete la base económica ni de consumo del país pero les ayuda a mostrarle al mundo que están haciendo algo al respecto.
“Nuestros fundadores nos mostraron el camino. Trabajemos para que Estados Unidos vuelva a ser la mejor nación del mundo”, sostuvo Obama con la determinación de quien cree en sus palabras, solo que en este mundo cuesta arriba la realidad desdice con creces sus deseos. 



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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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