Posted by : István Ojeda Bello viernes, 11 de enero de 2008

Cuánto de espejismo hay en las supuestas bondades del mercado como garante de la libertad de prensa, vuelve a ser evidente tras las eliminación por parte de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) de las reglas que impedían que en Estados Unidos, una misma empresa fuera la propietaria de un periódico y un canal de televisión o emisora de radio dentro de una ciudad.
Los partidarios de la concentración mediática en las manos de unos pocos poderosos magnates, parecen haber ganado la partida. En 2003, a través de Kevin Martin habían tratado de lograrlo, pero solo lo consiguieron ahora cuando este individuo fue designado por Bush como presidente de la FCC.
El currículum de Martin habla por sí solo de sus “habilidades”. Ocupó el cargo de Vice Director Jurídico de la campaña del actual presidente durante el oscuro proceso electoral del año 2000 y su nombre se menciona en los turbios manejos para detener el recuento de los votos en el estado de la Florida.
Pero sus vínculos con los neoconservadores vienen de mucho antes pues prestó sus servicios al fiscal especial Kenneth Starr mientras duró el escándalo que involucró al ex mandatario William Clinton y a Mónica Lewinsky. Por su fuera poco, su esposa trabaja en el equipo de comunicaciones de Bush.

La libertad de prensa sucumbe ante la libre empresa
Michael Copps, fue uno de los dos comisionados que votó en contra de la decisión y por razones muy convincentes: “los verdaderos ganadores hoy son las empresas que están en muchos casos en muy buena situación, y los verdaderos perdedores seremos todos nosotros que dependemos de los medios de comunicación para enterarnos de lo que sucede en nuestras comunidades y para vigilar al gobierno local. A pesar de todo lo que puedan oír sobre la amenaza a los periódicos de Internet y las nuevas tecnologías, la orden de hoy de hecho trata sobre un tema bastante viejo. Las empresas poderosas están utilizando el poder público para escabullirse a través de los cambios de normativa que les permiten obtener ganancias a costa del interés público.”
Y tiene razón cuando dice que se trata de un tema de vieja data y cuyo fondo es la perenne puja entre los interese económicos frente a aquello que sería beneficioso para las mayorías.
En agosto pasado, Dow Jones & Co. y su conocido periódico, The Wall Street Journal, para muchos líder de opinión sobre temas económicos, fue adquirido por Rupert Murdoch, dueño de News Corp, unos de los conglomerados mediáticos más grandes del mundo. Este es solo el ejemplo más reciente de un proceso que empezó hace mucho tiempo en Estados Unidos, mediante el cual las más importantes redes de transmisión de noticias y en general del entretenimiento, van a quedando en unas pocas manos.
El panorama mediático en EE.UU. exhibe a diez grandes monstruos: AOL/Time Warner, AT&T Corporation, Sony, Bertelsman, Liberty Media Corporation, Vivendi Universal, Viacom Inc., General Electric, Walt Dysney Company y News Corporation. Cada uno con ganancias que superan el producto interno bruto de varias naciones del Tercer Mundo y cuyos intereses se entrecruzan.
Si hasta la fecha han logrado acaparar casi todo el espectro comunicacional del país y prácticamente del mundo, es predecible que su voracidad y capacidad de maniobra crezca si continúa dejándoles el camino libre.
Hablando en términos de teóricos, el balance noticioso en Estados Unidos, bastante maltrecho ya, recibe otro golpe. Comprensible entonces el pronunciamiento hecho por un grupo de decanos de algunas de las facultades estadounidenses de periodismo más importantes. “No creemos que se pueda confiar completamente en que el mercado provea el conjunto de noticias locales que el sistema estadounidense necesita que funcione de la mejor manera”, dijeron.
Otros de las perjudicadas serán las minorías, como había anticipado Juan González, ex presidente de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos; quien en declaraciones hechas al Congreso señaló: “cuando nuestro país se ha hecho cada vez más diverso racial y étnicamente, la cantidad de emisoras en manos de las minorías ha permanecido en niveles increíblemente bajos. (...) La experiencia directa ha demostrado que la propiedad de los medios importa a la hora de tener diversidad de voces y de satisfacer las necesidades informativas de las minorías”.
Al mismo tiempo, de eliminarse las actuales reglas de la FCC, habrá más desempleo en las filas del periodismo. Un fenómeno ya conocido pues cuando en 2000 se produjo la fusión de Time Warner con American On Line (AOL), surgiendo la actual AOL/Time Warner, fueron despedidos mil trabajadores de la cadena CNN, hasta ese momento parte de la Time.
[1]
Nuevamente los hispanos, afroamericanos u otras minorías salen perdiendo. De concretarse la desregulación aprobada por la FCC, 19 canales de televisión, pertenecientes a los mencionados grupos étnicos en las 20 mayores ciudades de la Unión, caerían en poder de representantes de la mayoría anglosajona. ¿Resultado? Las noticias que podrían interesar a las minorías étnicas perderían terreno en la nueva agenda de los medios.

¿Y los demócratas?
Solo el Congreso puede revertir la decisión de la FCC, pues la entidad se le subordina directamente según establece la Ley de Comunicaciones de 1943.
Otra oportunidad para que la mayoría demócrata haga valer el apoyo que recibió en los comicios parciales de 2006. Pero atenidos a su tibia y retrasadísima oposición a las aventuras bélicas de Bush, no hay muchas esperanzas de que vayan en contra de los grandes intereses económicos que presionan para suprimir las pocas barreras que frenan el avance de la monopolización mediática en EE.UU.
Sigue cayendo el mito de la prensa como el cuarto poder y de su papel fiscalizador y vigilante de los gobiernos, porque al “perro guardián” le han puesto otra mordaza
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[1] De hecho la misma formación de la AOL/Time Warner es el resultado de la varias fusiones. Primero “en 1989 cuando se unieron Time Inc., una poderosa editora de revistas que había entrado también en el mundo de la televisión por cable, y la Warner Communication, que poseía los estudios cinematográficos Warner Brothers, salas de cine y otros negocios editoriales. Una década después, Time Warner se fusionó a otra gran empresa, AOL, aunque más bien podríamos hablar de la compra de esta última sobre la primera. La empresa resultante se configuró como la mayor industria mundial de creación y distribución de ocio”. Véase artículo de Aurora Labio Bernal “Control informativo y medios de comunicación en Estados Unidos. Un caso de censura en la CBS”.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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