Posted by : István Ojeda Bello viernes, 8 de agosto de 2008

Las crueldades del enemigo no justifican las propias, al contrario, las vuelven más condenables. Ese es, creo, el único sentido que tuvieron las reflexiones del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, sobre la estrategia de secuestros llevada a cabo en los últimos años por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Cualquier otra interpretación de analistas que aún sangran por las heridas de su egocentrismo es puro resentimiento.
Fidel simplemente se limitó a expresar su parecer sobre una política que no ha dado los resultados esperados por las FARC. El objetivo principal de los secuestros: liberar a los guerrilleros presos no se ha logrado, al contrario, solo consiguieron deteriorar la imagen interna y externa de la organización.
Esos mismos analistas que pretenden dárselas de más revolucionarios que nadie deberían mirarse en el espejo del cuidado de Fidel al opinar y la cautela al responderle, sin ocular su malestar, del Comandante Iván Márquez, integrante del Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC.
Ser firme e intransigente con el enemigo no es un cheque blanco para asumir estrategias de lucha que al final solo consigan enemistarnos con el pueblo. Tampoco es soñar que la reacción va a jugar limpio, pero eso no es razón suficiente para imitarlos. Si algo se ha cuidado Cuba siempre es de no imponer sus opiniones al resto de los movimientos revolucionarios. Además el Imperialismo y las oligarquías dígase como se diga, siempre las empleará en su propaganda, por eso es mejor hablar claro.
Cuando Salvador Allende confió demasiado en el constitucionalismo de un Ejército que luego lo derrocaría, se lo advertimos. A los sandinistas les manifestamos nuestro desacuerdo con el servicio militar obligatorio para combatir a los “contras”. De Angola nos fuimos cuando Sudáfrica dejó ser un peligro, pero el asunto de la UNITA lo resolvieron a su manera. ¿Somos infalibles?, no, pero sí francos.
Los superrevolucionarios se rasgan las vestiduras por lo que llaman ambivalencia Chávez con Colombia y en particular con su presidente; al hacerlo pasan por alto algo. El líder bolivariano nunca ha dejado pasar ninguna declaración ofensiva de cualquier funcionario colombiano, quienes, dicho sea de paso, hablan con una “libertad” que hace pensar que alguien de más arriba los apoya.
Los hechos hablan por sí solos: Uribe quiere imponer la paz de los sepulcros y para lograrlo se está convirtiendo a su país en el Israel de Latinoamérica. Pero la respuesta firme no es caer en provocaciones que llevarían a un guerra fraticida y eso Chávez parecer tenerlo claro. De lo contrario no se hubiera mostrado receptivo a cualquier señal de reconciliación, o cuanto menos, de paz con Colombia.
Asumir el reto de juzgar la actuación de otros o criticar determinadas afirmaciones, es mucho más que llenar cuartillas y o amenazar con que la historia no absolverá a quienes opinen lo contrario.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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