Posted by : István Ojeda Bello sábado, 5 de septiembre de 2009



Después de la operación de relaciones públicas organizada por la administración Obama durante la Cumbre de la Américas para aparentar un “cambio” en su política hacia la región y en particular hacia Cuba, la Casa Blanca vuelve a la carga poniendo en vigor las nuevas reglas del envío dinero en efectivo y paquetes a la Mayor de las Antillas. Mientras explora otros frentes de influencia sobre la sociedad cubana como el campo universitario.
Tras cinco meses de espera, podría finalmente concretarse la anunciada flexibilización de los contactos de la comunidad cubana en Estados Unidos con sus familiares en el Archipiélago. Sin embargo la persecución a los bancos o empresas que se atreven a hacer negocios con La Habana está como el primer día.

Unos dicen…
Las inconsistencia entre la retórica y los hechos son evidentes. Por un lado al más alto nivel se reitera la palabra cambio. En la práctica esto no pasa de retirar una incosteable e inútil pizarra lumínica y las ya referidas medidas relacionadas con las remesas.

En agosto se produjo la visita de Bill Richardson, gobernador del sureño estado de Nuevo México quien se declaró optimista en torno a un mejoramiento del clima bilateral. Aunque en realidad no hizo mucho pues aunque se reunió con el presidente del parlamento cubano, Ricardo Alarcón, su visita no tuvo la repercusión de la realizada este año por siete legisladores integrantes del Caucus Negro del Congreso estadounidense.

Antes había ocurrido la visita de grupo de obispos estadounidenses, encabezados por el cardenal católico Sean Patrick O'Malley, arzobispo de la nororiental ciudad de Boston, quienes permanecieron en Cuba entre el 17 y el 21 de agosto y también se entrevistaron con Alarcón.
Todos hicieron declaraciones favorables al mejoramiento de las relaciones, pero hasta ahí. De hecho Richardson repitió su discurso injerencista exigiendo una supuesta reciprocidad de Cuba.

Otros hacen ¿lo mismo?
Se producían estos acontecimientos y el Departamento de Estado continuaba dándole luz verde a las solicitudes del cantante colombiano para que artistas puertorriqueños participen en su concierto en La Habana. Mientras, la Oficina de Control de Activo Extranjeros (OFAC) sigue con la cuchilla bien bajita.

Durante los primeros cinco meses de Obama en la Casa Blanca, la OFAC aplicó sanciones ascendentes a más de 355 mil dólares. Casi nada: simplemente que uno de cada tres dólares recaudados por dicha oficina, salió de perseguir a las empresas o individuos que comercian con Cuba.

De julio acá los casos de sanciones y multas no han hecho sino aumentar. Así ese mismo mes la Philips Electronics of North America Corporation (PENAC), filial norteamericana de Philips, fue multada con 128 mil 750 dólares por vender equipos médicos a Cuba. Pero el récord para este año se lo llevó el grupo financiero Australia & New Zealand Bank Group (ANZ) el cual pagó una multa de cinco millones 750 mil dólares por realizar transacciones supuestamente beneficiosas a Cuba y Sudán a través de cuentas de bancos estadounidenses.

Desde que en junio del 2004 la Unión de Bancos Suizos (UBS) recibió una multa de 100 millones de dólares, nunca antes una empresa había sido tan duramente golpeada por la OFAC.
Esta misma semana varios analistas recordaron que aun cuando espire o no la Ley de Comercio con el Enemigo (TWTEA) la columna vertebral de todo el entramado de sanciones: Ley Helms-Burton está en pie, garantizado que el bloqueo siga, intocable, como si estuviera en una urna de cristal.




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La doble traición de la Philips

Por Fidel Castro Ruz

En el mes de marzo de ese año se envió una representación cubana a Brasil, donde estaba la sede de la oficina principal de la firma Philips para América Latina que negoció con Cuba. Comenzaron a explicar sus dificultades. El gobierno de Bush les había exigido la información pormenorizada de los equipos suministrados a Cuba por la firma, alegando que algunos de ellos contenían programas y en ocasiones componentes de patente yanki, y la Philips había entregado la información solicitada acerca de los adquiridos a esa firma para Cuba y Venezuela. Nunca había surgido con ella el menor problema.

El jefe de la Philips en Brasil le dijo textualmente a la representación
cubana: "Hay una intransigencia brutal del Gobierno de Estados Unidos en relación a las regulaciones de equipos y las solicitudes de permisos con respecto a Cuba."

"Yo sé que el problema afecta el plan del Comandante. Nuestra organización está afectada y amenazada. Todas nuestras organizaciones tienen mucho miedo".
De inmediato repite: "tienen mucho miedo".

Añadieron finalmente que ellos querían cooperar y buscarían fórmulas.

A pesar de la solemne promesa de la Philips a Cuba, transcurrió el resto del año 2007, los 12 meses del 2008 y casi la mitad del 2009 sin que una sola pieza de los equipos llegara de esa firma.

(Texto Completo)

La importancia de llamarse… ¿cubano?

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