Posted by : István Ojeda Bello domingo, 8 de noviembre de 2009


Ya se veía venir. La oligarquía hondureña, personificada en los militares y civiles que usurparon el poder en junio de este año, volvió a salirse con la suya y consiguió, de nuevo, mantenerse a flote.



Si alguien creyó que la visita a Tegucigalpa del secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Thomas Shannon iba a catalizar el regreso al poder formal de Zelaya, el jueves Micheletti corroboró el apoyo que disfruta desde Washington cuando anunció “la conformación del Gobierno de Unidad y Reconciliación dentro del límite establecido dentro del cronograma del Acuerdo Tegucigalpa-San José”. Aunque al día siguiente anunció el “aplazamiento” de la decisión anterior.

“Dando nuevamente espacio de reflexión al señor Zelaya, el presidente [sic] Micheletti ratificó el día de hoy su disponibilidad a reconocer que es importante un compás de espera durante este fin de semana para lograr concretar el Gobierno de unidad y reconciliación", indicó el viernes el régimen de facto en un comunicado.


A ciencia cierta no se sabe qué acordó Thomas Shannon con la dictadura durante las horas que estuvo en Honduras, pero si es posible deducir que los golpistas se sintieron, otra vez, respaldados desde el Norte y actuaron consecuencia.


Ahora el State Department asegura estar “decepcionado” con el curso de los acontecimientos. Tal vez porque entre las instrucciones que dejó Shannon figuraba lograr que de alguna manera Zelaya figurara en el gobierno que debió formarse la semana pasada.


Sin embargo la respuesta de Micheletti y compañía indicó a las claras que no están siguiendo al pie de la letra las órdenes de los representantes oficiales del gobierno de Barak Obama, sino que además están bien atentos a los “consejos” de los círculos más conservadores del stablishment estadounidense.


Escurriéndose por la grieta que significó dejar en manos del Congreso la restitución oficial de Zelaya, los golpistas oxigenan nuevamente su causa, logrando de paso, ganar otro puñado de preciosos días antes de las elecciones del 29 de noviembre.


Mientras tanto las declaraciones del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, suenan cada vez más a un solitario hombre gritando en un cuarto vacío. "Espero que sin más subterfugios ellas [las medidas contempladas en el llamado Acuerdo Tegucigalpa-San José] se cumplan para restablecer la democracia, la legitimidad institucional y la convivencia entre los hondureños", dijo.


Estas palabras parecerían contundentes sino se trataran de un organismo internacional que conforme se han mantenido los golpistas en el poder ha ido creciendo su inoperancia y descrédito, haciendo inocultable el cordón umbilical que lo une a Washington.


Hasta el favorito de la Casa Blanca para resolver la crisis, el presidente de Costa Rica, Óscar Arias, afirmó el domingo que “nunca encontramos la voluntad en el Gobierno de facto para cumplir lo que originalmente fue el acuerdo de San José y después el acuerdo Tegucigalpa-San José”. Agregó sentir “que solo están buscando a través de prácticas dilatorias que pase el tiempo y que vengan las elecciones (del próximo 29 de noviembre) arriesgando, eso sí, que el futuro Gobierno no vaya a ser reconocido por algunos países”.


Solo el Frente de Resistencia contra el golpe de Estado, parece descubrir qué está ocurriendo cuando calificó la decisión de Micheletti de conformar sin su rival un Gobierno de Unidad como "burla" y "segundo golpe de Estado".


En resumidas cuenta el Acuerdo Tegucigalpa-San José, desde su concepción dejó el resquicio que necesitaban los golpistas para sobrevivir no establece, explícitamente, quién deberá presidir un eventual nuevo gobierno en Honduras. Adicionalmente Zelaya aceptó que la discusión del asunto de quién sería el presidente del mismo sea bajo los auspicios de una misión internacional de verificación integrada por la secretaria de Trabajo del presidente, Barack Obama, Hilda Solis, integra, junto al ex presidente chileno Ricardo Lagos.


Con semejantes árbitros no sería descabellado anticipar la celebración de las elecciones el 29 de noviembre, permitiéndole a los golpistas proponer la creación de un gobierno de “transición” encabezado por una tercera figura que enfriaría los ánimos hasta la ascensión al poder las autoridades elegidas en los comicios.


Así las cosas, obligarían a la Comunidad Internacional, especialmente a los países de la región a aceptar los hechos consumados, todo aderezado por declaraciones lo suficientemente ambiguas de los Estados Unidos que les aseguraría legitimidad al gobierno emergido de los sufragios del 29 de noviembre.


Todavía no es posible predecir si finalmente tendremos al presidente Zelaya de vuelta al poder, lo único claro que el los golpistas siguen saliéndose con la suya.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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