Posted by : István Ojeda Bello martes, 8 de junio de 2010

Admito que por un mes tendré que hacer un ajuste serio en mi agenda de trabajo para ver la mayor cantidad de partidos del Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010. Los cubanos tendremos el privilegio de poder disfrutar del evento por señal de TV abierta gratuita, algo que, según los más reciente reportes de prensa, es cada vez más raro.
Sin un equipo favorito, más bien me inclino por una región, estaré atento a los onces de Iberoamérica, quizás por simpatías culturales. Fuera de eso simplemente espero disfrutar de buen fútbol.
En mis años de bachillerato, allá por 1998, armamos nuestro propio “mini mundial”. Así surgieron los España, Brasil, Argentina, Inglaterra. Aglutinados sin un criterio concreto, simplemente para sentirnos parte de la fiesta. Entonces marqué dos goles “vistiendo” la camiseta de la “furia roja” en la pequeña cancha de mi preuniversitario. Algo parecido ocurrirá en cuanto espacio abierto haya en este Archipiélago, incluyendo las calles menos transitadas, en las cuales grandes y chicos, se imaginarán en las costosísimas canchas de última generación, aunque correrán en terrenos improvisados con límites consensuados y casi siempre con modestas piedras delimitando las porterías. Ni siquiera Cuba, donde el beisbol es pasión, puede sustraerse a un acontecimiento cuya importancia solo superan los Juegos Olímpicos.
Sin dejar a un lado la pasión y la entrega genuina de jugadores y fanáticos quienes sufrirán cada derrota y gozarán con cada gol, tampoco puede negarse que cada Mundial de Fútbol es una gigantesca feria comercial en la cual las estrellas del momento esperan consagrarse y los nuevos talentos exhiben sus habilidades, con las esperanza de escalar hacia clubes más cotizados en la próxima temporada.
Tras bambalinas se produce el combate sórdido y solapado de patrocinadores y propietarios de equipos para sacar la mayor tajada al evento.
En los terrenos de las marcas tres grandes trasnacionales: Adidas, Nike y Puma luchan por ganar espacio en el mercado. Los recientes cuestionamientos a la calidad del balón oficial de Sudáfrica 2010, fabricado por Adidas, es una muestra de ello. Varias de las críticas fueron cuestionadas en puesto que los jugadores que censuraron las cualidades de la esférica están patrocinados por marcas rivales de la firma alemana.
“No se ve tanto patriotismo ni el 7 de septiembre, día de la independencia....pintan las calles, ponen banderas...es mucho dinero que atrae una Copa de futbol”, me comentaba una amiga desde Brasil. De hecho el mayor negocio no es cada partido en sí, sino toda la mercadotecnia que lo rodea.
Las estimaciones más conservadoras ubican en los 500 mil millones de dólares anuales la cuantía de los fondos que mueve la industria del entretenimiento futbolístico. “Son un montón de millonarios corriendo tras una pelota” escuché decir una vez. Puede que sea cierto a juzgar por los salario de figuras como Lionel Messi o Cristiano Ronaldo. Sin embargo los verdaderos millonarios están sentados en los palcos VIP de los estadios o siguiendo los partidos desde sus oficinas climatizadas.
Solo auspiciar a la selección argentina significa para Adidas unos 4.3 millones de euros al año, mientras que ya firmó con la Federación Mexicana de Fútbol un contrato de 2007 a 2014 por un valor de 51 millones de euros.
El mundo, no cabe dudas se volverá un balón, pero, “made in”…

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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