Posted by : István Ojeda Bello viernes, 26 de octubre de 2012


Un par de candidatos enfrentados con la fuerza de sus argumentos. No habría una manera mejor de mostrar la democracia de un proceso electoral y eso es precisamente lo que nos dicen los grandes medios de comunicación cada vez que tienen lugar estos espectáculos entre dos de los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos de América.

Por el camino van soslayándose varios asuntos como por ejemplo ¿por qué solo se transmiten de costa a costa las discusiones que sostienen los pretendientes por los partidos Demócrata y Republicano cuando son más los aspirantes a la Oficina Oval? o ¿por qué se eluden temas sustanciales para la suerte de ese país como el crimen corporativo, la devastación ambiental, la pobreza infantil, falta de viviendas, el libre mercado, la concentración de la propiedad de los medios, el gasto militar, las libertades civiles o el derecho a la privacidad?

Sin embargo para la mayoría del público doméstico y foráneo los debates presidenciales entre republicanos y demócratas son el arquetipo de lidia abierta entre dos opciones pretendidamente diferentes cuando siguen apareciendo evidencias de que no pasan de ser un mero ejercicio donde uno y otro hacen gala de su histrionismo para impresionar al electorado.

Cuando en 1960 tuvieron lugar por primera vez los debates presidenciales televisados la mayor parte de los analistas de la época coincidió en que la imagen exhibida entonces le dio ventaja al candidato demócrata John F. Kennedy sobre su oponente Richard Nixon. Al primero se le vio relajado, apuesto, sonriente y con un buen control de sus gestos y movimiento corporal, mientras que el segundo lució demacrado y visiblemente incómodo, sudado copiosamente bajo las crudas luces del estudio de televisión. Años después se supo que los estrategas de Kennedy manipularon la iluminación del local precisamente para que sofocar a Nixon.

Así cada vez la imagen supera la profundidad de los argumentos al punto que los candidatos ya memorizan toda una serie de posibles preguntas y preparan al pie de la letra las respuestas posibles en segmentos de dos o tres minutos. [1]

Llegó el Comité y mando a parar

Ganaron espacio paulatinamente las componendas secretas.[2] En 1988 se conocieron las primeras evidencias a respecto cuando se rumoró que las campañas de George Bush [padre] y de Michael Dukakis habían elaborado un memorándum de entendimiento, dictando quienes participarían en el debate, sobre quién haría las preguntas e incluso la altura de los podios.

Tras las protestas de la Liga de Mujeres Votantes, entidad no partidaria que hasta ese momento organizaba los debates, los partidos Demócrata y Republicano establecieron la Comisión de Debates Presidenciales (CPD, por sus siglas en inglés) la cual desde ese año asumió el control total de la realización de las discusiones televisadas de los candidatos.

En lo sucesivo lejos de disminuir, aumentaron los trozos de información indicativos de que el público estaba asistiendo a una especie de duelo entre caballeros con reglas muy estrictas. Por ejemplo en las elecciones de 2008 los equipos de Obama y de McCain negociaron un detallado contrato oculto que estableció los términos de los debates durante la campaña presidencial, el pacto incluyó quiénes asistirían a las discusiones, qué temas deberían tratarse y la estructura del formato de cada capítulo.

Sale a la luz el acuerdo
Para las actuales presidenciales no ha sido diferente, solo que ahora sí se conocieron todos los detalles de cómo se concilian los términos de la farsa pues el reportero de la revista Time, Mark Halperin, obtuvo una copia del contrato entre los equipos de Obama y Rommey. [3]

El Huffington Post comentó que probablemente el reportero se habría decidió a hacer público el documento tras escuchar a ambos equipos de campaña manifestarse preocupados por los comentarios que sobre su eventual rol hiciera el moderador del debate Candy Crowley.

Inicialmente dos de los representantes de la Comisión, Mike McCurry y Janet Brown negaron rotundamente la existencia del referido contrato; pero cuando ya fue evidente entonces trataron de restarle importancia afirmando que eran apenas normas sobre la altura de los podios, la temperatura en los estudios o qué tipo de zapatos podría llevar los candidatos.

Entre las precisiones del “Memorando de Entendimiento” figuran algunas de las “inofensivas” admitidas por la Comisión como que los vestuarios de ambos candidatos deberían ser equitativos en cuanto a tamaño, calidad y proximidad al escenario, pero también otras que no lo son tanto como que “el moderador seleccionará a los interrogadores, pero no podrá dirigirlos”; por esa acuerda dejaron bien claro: que harían si otro candidato califica para el debate, que ninguno de los dos Equipos solicitaría debates adicionales a los ya establecidos por la CPD, que los candidatos no permitirían la mención de alguien del auditoria salvo que fuera algún familiar de los contendientes. Tampoco se permitirían preguntas que cambiaran el rumbo de la discusión o que obligaran a alguno de los aspirantes a hacer alguna promesa.

Al respecto George Farah, autor del libro “Sin debate: cómo el partido Demócrata y el Republicano controlan en secreto los debates presidenciales” opinó que “hemos tenido 27 debates en la primarias republicanas. Abraham Lincoln y Stephen Douglas debatieron siete veces en 1858, pero solo estamos teniendo tres debates presidenciales, precisamente porque los candidatos se han prohibido a sí mismos participar en cualquier otro foro”, dijo. [4]

Si bien en tiempos pasado fue notorio el rol de los moderadores y el público en el estudio lo que está ocurriendo ahora confirma la intensión de hacerlos meras figuras decorativas.

De hecho, señaló Farah, en 1992 se introdujeron preguntas desde el público, pero cuando George H.W. Bush tropezó con ante una interpelación sobre el déficit presupuestario federal, los equipos de campaña acordaron que esa clase de situación no podía repetirse. En consecuencia ahora las preguntas de auditorio son seleccionadas por el moderador quien, como ya se ha visto, este año no pudo hacer alguna aclaración o comentario sobre la interrogante, limitándose apenas a leerlas y controlar el tiempo de respuesta.

Al mismo tiempo ¿Quién controla la actual Comisión de Debates Presidenciales? El investigador explicó que la CPD es codirigida por Frank Fahrenkopf y Mike McCurry. El primero fue titular de la Asociación Americana del Juego (AGA) y es un reconocido cabildero de esa industria; el segundo trabajó como Secretario de Prensa durante la Administración Clinton.

El dinero que soporta a la CPD sale de las arcas de la mayor productora de cerveza del mundo la Anheuser-Busch Companies Inc. y del gigante tabacalero Phillip Morris que controla el 15 por ciento del mercado global de cigarrillos; mientras que la patrocinadora oficial de los tres debates presidenciales de este año fue la International Bottled Water Association, que agrupa a las compañías del ramo en EEUU, negocio sumamente lucrativo pues dicho país es el mayor consumidor en el planeta de agua embotellada .

Como en el resto de las aristas del proceso electoral estadounidense tampoco los debates presidenciales quedan fuera de quienes realmente controlan los hilos del juego político porque “toda la retórica sobre la democracia y de que existe una opción que inunda al país a menos de tres semanas de la elección se contrapone con la realidad de que por ahora, esta es una democracia para, por y de los más ricos. O sea, plutocracia democrática.”, opinó el analista David Brooks [5].

Los debates presidencial solo vienen a sustentar esa retórica de democracia cuando en tras las escenografía y las cámara no hay lugar para la espontaneidad o el análisis se asuntos sustanciales para los estadounidenses pues, parafraseando a un trovador cubano “lo tiene to`pensao”.

NOTAS

[1] Al respecto se recuerdan por ejemplo el incidente del reloj de Bush cuando el George Bush (padre), en su debate frente a Bill Clinton miró su reloj el gesto se interpretó como síntoma de aburrimiento. Bush pasó años explicando que su intensión era avisar que Clinton se había sobrepasado del tiempo permitido para su intervención, pero ya el mal estaba hecho.
[2] Entre las presiones de los representativos del stablihsment por controlar los debates fueron previos a 1988. En 1980 Jimmy Carter, se opuso a la presencia de candidato independiente John B. Anderson; cuatro años más tarde, las campañas de Ronald Reagan y de Walter Mondale vetaron 80 proposiciones de miembros del panel para eliminar preguntas incómodas.
[3] Mark Halperin The 2012 Debates – Memorandum of Understanding Between the Obama and Romney Campaigns Véase http://thepage.time.com/2012/10/15/the-2012-debates-memorandum-of-understanding-between-the-obama-and-romney-campaigns
[4] Campañas de Obama y Romney controlan preguntas y acuerdan en secreto excluir a terceras fuerzas del debate. (en inglés) véase.                http://www.democracynow.org/2012/10/16/secret_debate_contract_reveals_obama_and#transcript
[5] David Brooks. Plutocracia democrática. En._              http://www.jornada.unam.mx/2012/10/22/opinion/025o1mun

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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