Posted by : István Ojeda Bello lunes, 25 de agosto de 2014

Ahora que, de nuevo, las bombas en Tierra Santa se cobran una buena cantidad de vidas, la mayoría de civiles palestinos, cabe recordar que al final de la Segunda Guerra Mundial a las grandes potencias (la URSS incluida) no se les ocurrió otra cosa mejor que “partir” en dos a la Palestina histórica, vamos a pensar que con ingenua intención de evitar el agravamiento de uno de los conflictos más complejos y sangrientos en todo el orbe. En la actualidad casi nadie pone en entredicho esa solución, sin embargo en el mismo momento de su aprobación por la ONU la idea fue magistralmente cuestionada porun diplomático cubano, con razones que aún hoy descalifican los argumentos del sionismo.


Regresemos al año 1947
Todavía las Naciones Unidas no radicaban en el majestuoso edificio junto al East River de Manhattan. La emigración masiva de judíos hacia un territorio bajo el control de Londres desde el fin de la Primera Guerra Mundial y el consiguiente enfrentamiento violento con la población local, unida al complejo de culpa generalizado en el mundo occidental por las escalofriantes revelaciones del juicio de Núremberg sobre el holocausto hebreo a manos de los nazis, habían hecho que pareciera inviable mantener como un ente unitario un espacio vagamente definido como Palestina.

Fue así que tras el dictamen del Comité Especial creado al efecto por la ONU prevaleció la salida  de fraccionar la parte occidental del Mandato Británico de Palestina-Jordania en dos Estados, uno judío y otro árabe, con Jerusalén y Belén, bajo control internacional.

Aquel 29 de noviembre la Asamblea Plenaria –presidida por el brasileño Osvaldo Aranha- votó el plan recomendado por la UNSCOP. Más de la mitad de la  membrecía votó a favor: 33 países,  13 se opusieron y 10 se abstuvieron.

Obviamente entre los que apoyaron La Resolución 181 estuvieron los Estados Unidos y la Unión Soviética y entre sus más ardientes opositores figuraron los estados con fuerte presencia musulmana y que entonces era una importante minoría dentro de la ONU: Afganistán, Arabia Saudí, Egipto, India, Irán, Irak, Líbano, Pakistán, Siria, Turquía y Yemen. 

Ernesto Dihigo Lopez Trigo (de pié) 
como parte de la delegación cubana
 en la conferencia de San Francisco, 
el 25 de abril al 26 de junio de 1945
Sin embargo Cuba una nación sin vínculos históricos estrechos con la zona se opuso a una desenlace sumamente popular en ese momento pero que ahora caemos en cuenta que fue una decisión equivocada.
Ernesto Dihigo y López Trigo era el delegado permanente del Archipiélago. Algunas partes de su argumentación merecen analizarse a luz de los acontecimientos posteriores y de las razones esgrimidas para legitimar la idea de un estado exclusivo para los judíos en Palestina.

 “La base inicial de toda su reclamación (de los judíos) es la declaración Balfour, causante de todo el problema que hoy tenemos ante nosotros. Pero la Declaración Balfour, a juicio nuestro, carece por completo de valor jurídico, pues el Gobierno Británico ofreció en ella una cosa de la cual no tenía derecho a disponer, porque no era suya. Mas, aceptando su validez, lo que ahora quiere hacerse va mucho más allá de sus términos, pues la misma prometió a los hebreos un “hogar” nacional en Palestina, dejando a salvo los derechos civiles de la población árabe; pero no un estado libre, cuya creación forzosamente representaría una violación de esos derechos que se trato de salvaguardar”, advirtió entonces el plenipotenciario cubano.

Y más adelante señaló “el proyecto es también contrario al derecho, porque va contra la libre determinación de los pueblos, que era principio esencial del Parto de la Sociedad de Naciones, pues aquí se está disponiendo de la suerte de una nación, privándola de la mitad de su suelo nacional, el suelo que ha tenido durante muchos siglos, sin que se haya consultado para conocer su opinión. Y si del Pacto de la Sociedad pasamos a la Carta de las Naciones Unidas, encontramos que va a cometerse idéntica violación, porque el principio de la libre determinación de los pueblos se encuentra reconocido en el párrafo 2 del artículo primero, con carácter general, y reiterado en el párrafo 8 del artículo 76 para los pueblos no autónomos, al decir que “el régimen de administración fiduciaria (equivalente al Mandato de la Sociedad) deberá tener en cuenta los deberes libremente expresados de los pueblos interesados” No nos convence el argumento, dicho por algunos de que Palestina es un Estado , y por tanto, no tiene el carácter de sujeto de derecho internacional, pues en todo caso, esos preceptos no hablan de estados, sino de pueblos, y no cabe dudas de que el de Palestina lo es”.

Incluso fue más allá al impugnar que la propuesta de una Comisión sirviera luego para acusar a quienes la violaran de amenazar la paz. Explicó el también Doctor en Filosofía, Letras y en Derecho Civil en la Universidad de La Habana: “no debemos dejar de advertir que una cosa es hacer recomendaciones, y otra cosa muy distinta es adoptar un plan que afecta la integridad internacional de un pueblo y suposición jurídica; y recomendar la ejecución de un proyecto a una comisión de la propia Asamblea.

“Tampoco me parece que pueda sostenerse el que ese proyecto sea una mera recomendación, pues toda recomendación lleva implícita la posibilidad de que no sea aceptada, y el plan aprobado tiene, sin duda alguna, carácter coactivo, como lo prueba el hecho de que por una de sus disposiciones, será considerado como una amenaza o violación de la paz y un acto de agresión, conforme al artículo 39 de la Carta, cualquier tentativa de alterar por la fuerza el arreglo contemplado en la Resolución. Se trata, pues, de algo que se impone a la fuerza, no de una mera recomendación. Y como esto, a juicio nuestro, infringe la Carta, no podemos votar a favor del proyecto”.

 “Por otro lado, -continuó- consideramos que el proyecto es, además injusto. El pueblo árabe ha tenido ininterrumpidamente, durante muchos siglos, el territorio de Palestina, y por los datos oficiales que se nos han presentado, al terminar la Primera Guerra Mundial constituía casi el 90 por ciento de la población total del país.

“Mas, por medio del Reino Unido, como Potencia Mandataria, en cumplimiento por lo resuelto por la Sociedad de las Naciones, se abrió las puertas de una inmigración extranjera, ofreciéndole un lugar en que pudiera vivir y desenvolver su existencia conforme a sus deseos, de libertad religiosa y sin discriminaciones humillantes. Hemos dicho inmigración extranjera, de modo consciente, pues, con todo respeto hacia la opinión de los hebreos, ellos son, a juicio nuestro extranjeros en la tierra Palestina”.

Sin analizamos la política sionista de entonces a la fecha notaremos que se ha dirigido precisamente a cambiar sobre el terrenos un balance población desfavorable. No obstante hace casi 60 años,  López Trigo descalificó el argumento de que se trataba del regreso de los hijos a las tierras de sus padres.

Al respecto afirmó: “durante los debates de la Comisión se produjeron datos para probar que los antepasados de un gran número de los hebreos que han dicho ya que aún quieren ir a Palestina, jamás estuvieron en esa región. Pero, aun el caso de que los remotos antecesores de todos ellos hubieran vivido allí, es indudable que abandonaron dicha tierra hace tanto tiempo, al establecerse en otros países, que sus descendientes han dejado de pertenecer a Palestina, del mismo modo que nosotros, hombres de América nacidos de emigrantes, que vinieron de todos los rincones de la tierra, no debemos considerarnos con derecho a la tierra de nuestros padres en el Viejo Continente.

El intimo y ferviente anhelo de los hebreos de volver a Palestina, tal vez por tradición, tal vez por razones místicas u obsesión religiosa, es algo que puede tener toda nuestra consideración y simpatía sentimental, pero que no constituye en opinión nuestra un título para que se les entregue lo que no les pertenece; y mucho menos, si para ello hay que despojar por la fuerza a otro con más derecho.”

Sus alertas incluyeron además una arista que más tarde veríamos estallarle en las manos a las potencias en casos igual de sangrientos como lo ha sido por ejemplo, las guerras en Bosni-Herzegovina, Kosovo, Chechenia y ahora mismo en el Kurdistán. En todos se esgrimió el supuesto derecho de comunidades étnicamente homogéneas declarar su secesión de las entidades estatales a las que pertenecen.

En 1947 anticipó aquel cubano: “Hay otro aspecto que quiero mencionar dejando para el futuro los resultados: el Plan de Partición de Palestina implica el establecimiento por esta Asamblea del principio de que toda minoría racial, o de otra índole, puede pedir su separación de la comunidad política de la cual forma parte.”

A estas alturas puede pensarse que la idea de un estado único en Palestina es una locura por el grado de enemistad entre ambas partes. Empero ¿qué estado podrían formar los palestinos en el supuesto que los israelíes retrotrajeran las fronteras a dónde estaba, digamos en 1967? ¿Cómo resolver el problema de los refugiados palestinos y los colonos judíos cuando ambos quiere la misma tierra?.

Quizás haya llegado la hora de volver a escuchar a aquel diplomático cubano y comenzar a labrar el camino para un único Estado democrático y respetuoso de todos los credos en una zona que jamás debió dividirse. Será difícil, cierto, pero tal vez sea la solución definitiva.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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