Posted by : István Ojeda Bello lunes, 13 de abril de 2015



No diría nada nuevo al compartir la visión colectiva de que la VII Cumbre de las Américas es uno de los sucesos del año y seguramente de la década, al menos para este país. Sin embargo a uno le queda la impresión de que lo verdaderamente importante, decisorio vendrá después. Fue una reunión intensa que rompió los cánones típicos de los convites presidenciales, aunque no faltó la retórica de algunos y las genialidades de otros. 


Se anticipaba la confrontación tanto en el ámbito de los jefes de Estado y más en los foros paralelos. Sin embargo los segundos, por mucho acapararon toda la acción física. Mucho se comentó de si era correctos o no los encontronazos que ciertamente se produjeron entre la delegación cubana y el mercenariado (de origen cubano). Más allá de cualquier disquisición teórica están las emociones porque había que no tener sangre las venas para quedarse inmóvil, sabiendo que había sido acreditado como un “inocente” representante de una ONG, el agente de la CIA responsable en el terreno de coordinar el apoyo de dicha agencia al asesinato de Comandante Ernesto Che Guevara. No obstante esa misma coyuntura puede que haya exacerbado una actitud defensiva que probablemente era la que deseaban los enemigos del país. Tal como alertó Rafael Hernández, director de la revista Temas.

Esta VII Cumbre podría estarnos dando un anticipo del futuro tras el regreso de Cuba al sistema interamericano “made in OEA” que es decir todo un entramado de instituciones donde prima un sentido rallante en el antagonismo, en temas como sociedad civil, participación política y manejo de la economía, por solo mencionar algunas. 

Algo de eso vimos los espacios adicionales donde chocaron de frente esas visiones. También fue evidente en las sesiones oficiales, con un Barack Obama haciendo gala de los más rancios estilos de los políticos de carrera estadounidenses: pragmático, colocando visiones particulares e intereses como “valores universales” por encima de todo y todos, y por último, pretendiendo borrar con buenas artes de la palabra siglos de historia.

De leyenda las emotivas palabras de Raúl, no tanto por los términos en sí mismos, sino por la enorme carga de sensaciones que se le salían por los poros a nuestro General-Presidente. Se sabía en medio de instantes cruciales y con la oportunidad de plantear ante todos la palabra de la Revolución. Una Revolución que ha sobrevivido, no si heridas y cicatrices, a décadas de agresión de un “vecino formidable”, como lo definió Martí.

Sin embargo el encuentro Obama-Raúl, uno al lado del otro, indudablemente fue otro de los momentos claves de la VII Cumbre. En primer lugar, le dio un espaldarazo al proceso de restablecimiento de las relaciones bilaterales iniciado el pasado 17 de diciembre. Esta vez no hubo segundas interpretaciones como en aquel estrechó de manos cortísimo de 2013, se trató de una entrevista pública en la cual ambos mandatarios sostuvieron lo acordado anteriormente en el sentido de avanzar hacia un estadío diferente en la dinámica entre EE.UU. y Cuba. Si porque decir que se terminaron los conflictos, las desconfianzas y los escollos sería una ingenuidad perversa.  

En la Cumbre de los Pueblos, dijo una amiga testigo presencial de las sesiones no hubo  “pepsis gratis ni galleticas. Los revolucionarios, los indígenas, los progresistas, los izquierdistas, comen lo que pueden pagar de sus bolsillos o lo que trajeron sus movimientos. Casi todos parecen hippies, tienen el swing de quienes defienden las ideas justas”. Allí, estuvieron los sin voz y se abrazaron todas las causas justas. 

Pero sobre el tintero queda lo crucial, lo importante cuando la entrevista Raúl-Obama vaya quedando en el apartado de las noticias anteriores o relacionadas. Por lo pronto Cuba tuvo su hora en Panamá y pasó con buenas notas la dura prueba de jugar como visitante en un terreno por momentos hostil. Más sigue en pie la interrogante ¿Cómo se traducirá en la mesa de negociaciones los estrechones de manos vistos en Panamá?

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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