Posted by : István Ojeda Bello sábado, 4 de abril de 2015


Si no fuera un deporte, o quizás precisamente por eso, no hay nada como el beisbol para encontrar esas expresiones, buenas o no, que tipifican la realidad del país. Y no es que la pelota no sea cosa seria porque, como me recuerdan casi a diario, los dineros que las sostienen salen del mismo erario público que junta los centavos a para asfaltar las calles de las nuestras ciudades. Sino que como a fin de cuentas es solo un entretenimiento y las personas tienden a ventilar los asuntos ligados a este con un grado de desenfado que ya desearíamos para otros tópicos más definitorios.

Escuchando decir que los lanzadores de nuestro campeonato doméstico necesitan más control sobre sus envíos al home plate, uno piensa que eso sería perfectamente aplicable a los recursos del Estado que a veces andan “sin control”.

¿Notaron que tras el inicio de la postemporada de la Serie Nacional los árbitros comenzaron a hacer valer reglas establecidas desde el comienzo como el uso correcto del uniforme por parte de los atletas?

Acostumbrados al relajamiento habitual, los jugadores se han visto compelidos por los encargados de impartir justicia sobre el terreno de juego a abotonarse sus camisas, a acomodar en el interior de los bolsillos sus manillas o a deshacerse con prisa, instantes antes de comparecer ante la caja de bateo, de cuanta prenda habían usado hasta ahora sin ser molestados.

Al resto de nosotros nos ocurre algo parecido al tener que adaptarnos a cumplir normas o leyes teóricamente vigentes hace mucho tiempo, pero que habían quedado engavetadas y hasta el instante en cual, por suerte podría decirse, vuelven a ser aplicadas.

Tras un derrota entre las dos líneas de cal, al director y al resto de la novena les cuesta mucho trabajo dar la cara ante los medios de comunicación; aunque sea para reconocer que las cosas no salieron como esperaban, no digamos para admitir públicamente alguna que otra equivocación.

Llevándolo a planos más sensibles como la economía u otro realmente decisorio de la suerte de muchos, entonces crece la excepcionalidad de la escena de quien, teniendo alguna responsabilidad admita su error ante los medios.

Tal cual sucede con otros segmentos de la fuerza calificada de la nación, la emigración de buenos talentos del pasatiempo nacional, continúa demostrándonos que solo con resortes económicos no podremos competir frente a una maquinaria muy bien engrasada que seduce con contratos millonarios y no duda en valerse de traficantes de personas para hacerse con los mejores prospectos.

No solo en el deporte de las bolas y los strikes tenemos muchos “Rupertos” que parecen haber despertado ayer de un extenso letargo y sin embargo cuanto más pasa el tiempo, más se empeñan en idealizar las etapas pretéritas. Diciendo que entonces: sí había buenos peloteros, sí se ganaban todos los torneos; lo cual es cierto pero sin el grado de absolutismo que alimenta nostalgia pues de tanto mirar hacia atrás podría perderse el sentido de cómo construir el futuro.

Evocar el pasado, válido para poner en contacto a las generaciones actuales y futuras con las raíces del país, no solo es útil para el béisbol, lo es también para todo lo demás que soporta a la cultura del país. Mas es necesario hacerlo sin obviar las diferencias de cada momento histórico concreto.

En la pelota, es justo decirlo, también expresamos la identidad que nos lleva a sufrir con la novena del terruño, de quererla aunque pierda pues sigue siendo la nuestra; admirar el liderazgo ganado a golpe de buen ejemplo, la slidez de un desempeño fruto de la unidad y el compañerismo; o a encomiar al equipo pequeño y desconocido, ese al cual los expertos no le dan ninguna opción frente al favorito, pero que disfrutamos cuando se levanta y destroza los vaticinios de precompetencia.

¿Será que el béisbol se parece a la vida? Preguntaban una canción.
Lo que a este le beneficie quizás sea una muestra de similares mejoras urgidas en otros entornos, eso que lo haga seguir conservando todo lo bueno que nos caracteriza por encima de aquello que lastre el progreso común: la pasión frente a la indiferencia, el juicio frente al desatino y la solidaridad frente al egoísmo.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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