Posted by : István Ojeda Bello miércoles, 28 de octubre de 2015


Ronald Godard embajador en la ONU de EE.UU (Reuters)
No debería sorprendernos demasiado que a pesar de que 191 países hayan votado a favor, la delegación del gobierno de los Estados Unidos haya persistido en pronunciarse en contra de la Resolución que en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas lo exhortaba a poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba.

Era probable que Washington se abstuviera en la votación, sin embargo su persistencia en el sufragio negativo hace más nítida la complejidad en la conformación de la política exterior en ese país y como se guían por principios casi nunca constreñidos al sentido común del resto de la comunidad internacional.

Parecía lógico que el mismo gobierno que admitió ante su Congreso en enero pasado el fracaso del bloqueo lo exhortó a caminar hacia el futuro conservando el liderazgo estadounidense a escala global, ahora fuera consecuente con ese discurso. No obstante en los asuntos de su política todo no es tan simple como aparenta.

La Administración Obama sabe, y así lo ha dicho, que el bloqueo lo aísla políticamente, incluso frente a sus principales aliados. Pero su evaluación de qué pueda decir y pensar la comunidad internacional sobre sus acciones siempre estará determinada, primero, por la repercusión de cada uno de sus movimientos en el entorno doméstico. Así, esta actitud en Nueva York se explica si tenemos en cuenta que desde el ángulo de quien está sentado en el sillón presidencial de la Oficina Oval y el Departamento de Estado, siempre deben mostrar, hacia el resto de los actores políticos internos (grupos de congresistas, oficinas de cabildeo, facciones dentro de los partidos políticos, la comunidad de inteligencia y el sector empresarial) su firmeza de carácter traducida en este caso en la determinación de no aceptar consejos del conjunto de países agrupados en las Naciones Unidas.

A la ONU, sienten ellos, EE.UU. siempre ha ido indicándole al mundo lo que tiene que hacer, jamás al revés. Abstenerse, al menos ahora, hubiera significado aceptar ante interlocutores de menor peso su error y eso en la lógica de las superpotencias se interpreta como una debilidad.

En la mañana del 27 de octubre, Ronald Godard embajador en la ONU de EE.UU. dijo lamentar que Cuba no reflejara el espíritu de cooperación de su país en las negociaciones bilaterales. ¿A qué se refería? "Aquí, en los Estados Unidos -explicó esta semana el politólogo norteamericano Noam Chomsky- se lo describe (a las negociaciones con Cuba) como un esfuerzo noble y heroico de ayudar a Cuba a escapar de su aislamiento y unirse a la comunidad internacional, y avanzar hacia la democracia y la libertad".

Entonces desde el punto de vista de los intereses que hoy guían en Washington los hilos de la política hacia este Archipiélago, el foro de la Asamblea General era el momento de empezar a cosechar lo sembrado después del 17 de diciembre haciendo la primera pulsada pública con el gobierno cubano y colocarlo contra las cuerdas.
¿Cómo exactamente? El ejecutivo norteamericano está convencido de que le están haciendo un favor a Cuba al manifestar su intención de levantar el bloqueo. Y eso, pensaron, era suficiente para que nuestro país mostrara su agradecimiento. Un repliegue de La Habana traducido en bajarle el tono a la Resolución de este año o incluso el escenario ideal de no presentarla, habría sido suficiente.

Al mismo tiempo marcan un punto frente a sus críticos internos quienes son enfáticos censurándole el ceder, dicen, todo el tiempo mientras el lado cubano no hace ningún movimiento en el sentido esperado.

El bloqueo, incluso para este enfoque liberal dentro de los políticos norteamericanos sigue siendo útil como un mecanismo de presión sobre nuestro país dentro del proceso negociador. Dicha ventaja va disminuyendo cada minuto, mas ahí está aún.

Afortunadamente la Cancillería antillana no dejó lugar a dudas. "No debemos confundir la realidad con los deseos ni las expresiones de buena voluntad. En asuntos como estos, solo puede juzgarse a partir de los hechos. Y los hechos demuestran, con toda claridad, que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba está en plena y completa aplicación", enfatizó Bruno Rodríguez, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba.

Este crucial párrafo significa que el Gobierno Revolucionario cubano sabe que transita por un proceso de negociador asimétrico del cual no sobreviviremos, también como nación independiente, si cedemos en cuestiones de principios como lo es la exigencia del levantamiento total del bloqueo, ante una superpotencia como lo son los Estados Unidos.
(Alejandro Fabregas Pombo / Cubahora)

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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