Posted by : István Ojeda Bello lunes, 9 de noviembre de 2015



“Aquí va a pasar lo mismo que en la URSS”, dijo Sandra. Lo hizo con una determinación espeluznante, de esas que lo dejan a uno pensando si poseía una sabiduría clarividente o manifestaba solo un parecer superficial. No hubo tiempo para debatir o saber en qué basaba sus palabras. Sí me dejó preguntándome cuánta gente como ella estará pensando igual; o más importante todavía: si somos capaces o no, de evitar que sus predicciones se cumplan. Coincidentemente al día siguiente llegó a mis manos El Socialismo traicionado. Detrás del colapso de la Unión Soviética 1917-1991 de Roger Keeran y Thomas Kenny.
En el prólogo de Ramón Labañino afirma que es imposible no establecer los puntos de contacto entre las reflexiones de Keeran y Kenny sobre la extinción de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y Cuba. PCUS

El primero de eso enlaces estaría ligado a que aquí hasta hace muy poco teníamos la misma falsa noción de irreversibilidad con respecto a nuestro socialismo que tuvieron los soviéticos en su momento. En 2005 Fidel hizo añicos ese espejismo al preguntarle a un montón de estudiantes universitarios: “¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse?” Entonces se sucedió un silencio corto entre los presentes  y luego exclamaciones de “No”.
Probablemente muchos en el auditorio y los televidentes se hayan sorprendido cuando unos minutos después Fidel dijo precisamente lo contrario: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos [los Estados Unidos]; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.

¿Planificación vs mercado?
En su libro Keeran y Kenny emprenden un camino interesante para hacer su autopsia del cadáver soviético. La historiografía más esquemática, en el mejor de los casos, encuentra las razones del colapso en el autoritarismo de Stalin cuyo nefasto legado habría condenado al fracaso el sueño de Lenin de construir el socialismo en un país inmenso pero atrasado como lo era el Imperio Ruso al momento del triunfo de la Revolución en 1917.
Stalin y a la derecha  Nikolai Bujárin

El Socialismo Traicionado rompe con ese esquema y plantea la existencia de dos inclinaciones políticas evidentes dentro del Partido Comunista Soviético (antes Bolchevique). En la preponderancia de una u otra estaría mucho del problema o la solución, según como se vea, señalan los autores. Una la personificó Nikolai Bujárin quien habría tenido su continuador en Nikita Jrushchov. Ellos se oponían a la planificación centralizada y eran partidarios de la extensión de las formas privadas de propiedad dentro de la economía; la otra defendida por Lenin y aplicada por Stalin, tenía en la planificación la piedra angular del desarrollo económico.[1]
Llegado a este punto es inevitable evocar que las más fuertes críticas de Ernesto Guevara al modelo soviético plateadas en sus Apuntes críticos a al economía política se dirigieron a la estrategia económica bajo el mandato de  Jrushchov. El Che le objetó a la URSS la potenciación de los mecanismos de mercado que databan de la época de la Nueva Política Económica (NEP) pero que fueron fuertemente limitados por Stalin.
Las apreciaciones del Guerrillero Heroico  son consistentes con el punto de vista de los autores del Socialismo traicionado en el sentido de que la NEP era una especie del mal necesario que le hacía concesiones transitorias al capitalismo. Al contrario de lo que creía Bujarin primero, Jrushchov luego y finalmente Gorbachov de que la extensión de la NEP era la solución a los innegables problemas que tuvo la planificación centralizada.
La Revolución Cubana tampoco ha podido sustraerse a la encrucijada insoluta para la teoría socialista, muy joven todavía si de tiempo histórico hablamos, de cómo determinar los límites de las relaciones monetario-mercantiles. La ofensiva revolucionaria de finales de los 60 y las medidas que sucedieron al fin del Campo Socialista a inicios de los 90 ejemplifican con claridad los movimientos hacia uno u otro extremo. Ahora después de los Lineamientos aprobados en el VI Congreso del Partido estaríamos ante una apuesta relativa por los incentivos del mercado y la iniciativa privada.
Colocarnos frente las particulares respuestas que en la URSS trataron de darle a esa disyuntiva es, creo, uno de los aportes más importantes de Socialismo traicionado más allá de lo anecdótico. Especialmente porque es uno de los puntos más álgidos del debate en el mundo académico e incluso fuera de este, tanto desde la izquierda o la derecha, dentro y fuera del país.
Las reiteradas aclaraciones del presidente Raúl Castro a quienes “nos piden ir más de prisa” en la apertura al mercado como él mismo ha dicho, reflejan que la dirección de la Revolución habría tomado una postura clara en ese sentido. Dejándolo bien claro en el primero de los Lineamiento aprobados en 2011 en el VI Congreso del Partido.[2]

Liderazgo y corrupción
No es que en el Socialismo traicionado nieguen el rol que tuvo el liderazgo en el fracaso de la URSS como alternativa al capitalismo e incluso como opción de un Estado federado fuerte ante la balcanización nacionalista. El punto es que sus autores examinan las causas objetivas que condujeron a ese proceso degenerativo  de la moral y la pérdida de la autoridad del Partido Comunista y su dirección al más alto nivel, personalizado en la figura de Mijaíl Gorbachov.
Esa arista es sumamente importante porque a veces nos parece que el fin de la Unión Soviética ocurrió únicamente siguiendo un maquiavélico plan urdido por la CIA  o a lo sumo llegamos a admitir que se produjo un distanciamiento entre el liderazgo partidista y el pueblo en general.
Keeran y Kenny plantean su propia tesis: esa dirigencia fue penetrada por la llamada Segunda Economía que definen como “la actividad económica para beneficio privado, legal o ilegalmente” que fue creciendo a niveles colosales en el país de los sóviets con cada vez menos oposición a partir de era Brézhnev.

"No debería verse al transporte privado (en Cuba) como un caso individual. Este es un sector económico con necesidades crecientes que muestra sin ambigüedades, sin travestismos, los límites de su compromiso con la población. Esos límites corresponden a lo que algunos autores llaman la Segunda Economía (negocios legales e ilegales, remesas, recargas u otra forma de ingresos que no emita el Estado). Atender a sus necesidades, aunque esté en el aire, –y más le vale a los más humildes- no debería convertirse en un fin en sí mismo" (foto, Carlos Escalona Martí)
No hay nada más subversivo y dañino para el prestigio y legitimidad de una Revolución que un dirigente corrupto o demagogo. Su pernicioso ejemplo suele ser más efectivo que todas las operaciones de la CIA juntas. La cadena de prácticas que fueron entronizándose en el país de los sóviets y que nos describen en Socialismo traicionado deberían ser más que suficientes para saber las consecuencias de la corrupción en el Partido y en los funcionarios del Estado.
¿Se ha estudiado los alcances de la economía sumergida enCuba? ¿Sabemos a ciencia a cierta cuánto ha calado en nuestro país la cultura de exprimir los recursos materiales estatales, ya bien por la carencia de otros proveedores rentables o porque aun cuando estos existan siempre se obtendrá más barato robándolo de esas instituciones?

¿Libertinaje mediático?
Contaba mi profesor de filosofía en la Universiad, quien a finales de los 80 estudiaba en la URSS, que tras el lanzamiento de la glasnost (transparencia) los medios soviéticos estuvieron un tiempo a la expectativa. “Luego fue el acabose”, dijo.
Sobre el particular Keeran y Kenny equidistan de la solución más fácil que pretendía dejar las cosas como estaban en el ámbito mediático y la otra de un sentido liberal-burgués que en la URSS terminó ganando la pelea. ¿Qué aporte pueden hacernos entonces estos análisis sobre las consecuencias de la “transparencia” soviética?
Quizás esa sea uno de los mayores fantasmas que ronda hoy el ámbito mediático cubano: el de la glasnost. No por gusto  el Dr. Julio García Luis [3]  lo señaló como una de las razones que ha impedido cambios más sustanciales en los estilos de los medios de comunicación públicos en Cuba. Sin embargo mirarse demasiado en el espejo soviético podría conducir al inmovilismo.[4]

La autoridad del Partido
A lo largo de varios capítulos El Socialismo traicionado. Detrás del colapso de la Unión Soviética 1917-1991 describe como el paulatino desmantelamiento del Partido Comunista de la URSS dejó literalmente acéfalo al país. Se hizo tanto en el ámbito meramente organizativo con la supresión de estructuras internas como el Secretariado como mediante acciones concretas que le fueron restando capacidad de acción al Comité Central en detrimento de otras estructuras que jamás funcionaron. Sin embargo habían, dicen, otras  debilidades de fondo: vacíos teóricos, visiones edulcoradas de la realidad y una tradición débil de dirección colectiva que engendró líderes que odiaba y repudiaba los principios básicos del Partido y sus políticas.
Hoy la generación histórica de la Revolución, físicamente presente todavía, tiene una autoridad moral  que le confiere haber hecho la Revolución y luego ser consecuente con esos principios. La siguiente generación tendrá que ganársela mediante el ejemplo personal y la capacidad de preservar aquello que lograron sus predecesores.
¿Qué perderán incluso los que creen que no tienen nada que perder porque son muy pobres si aquí pasara lo mismo que en la URSS? Me inquiría un amigo entrañable quien también acaba de leerse Socialismo traicionado… “Yo creo –me dijo- que van a perder mucho, o que vamos a perder mucho porque me incluyo en esa clase de gente que no es precisamente triunfadora. Yo creo que trabajar por mantener el socialismo no puede ser un fin en sí mismo, uno lo debe hacer por que tiene razones materiales para hacerlo.
Quizás en este libro no estén todas las respuestas que habríamos necesitado Sandra y yo y mi amigo. Al contrario, suscita más interrogantes. Preguntarse estos asuntos eso es saludable en tanto nos permita asumir que haber sobrevivido al fin de aquel socialismo no significa que el nuestro sea perfecto. Tan solo es otra manera de ayudarnos a comprendernos e intentar saber la real dimensión de los problemas de la sociedad cubana actual, un camino que comienza por admitir su existencia; y por último ser capaces de salir airosos sin suicidarnos en el intento.


NOTAS


[1] Stalin, dicen: “vio en las relaciones monetario-mercantiles y en la ley del valor bajo el socialismo el significado siguiente: si la naturaleza de la mercancía bajo el socialismo puede ser "transformada", en otras palabras, si puede haber "mercancía socialista", entonces alguien entre los dirigentes del Partido puede argumentar, lógicamente, la necesidad de extender las relaciones mercantiles y de mercado bajo el socialismo, lo cual significa abandonar la política de mantener restringido el mercado dentro de determinados límites mientras se desarrolla el socialismo. Stalin rechazó esa vía.”



[2] Específicamente dice “el sistema de planificación socialista continuará siendo la vía principal para la dirección de la economía nacional, y a su vez deberá transformarse en sus aspectos metodológicos y organizativos, para dar cabida a las nuevas formas de gestión y de dirección de la economía nacional.” Véase Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución. En http://www.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2011/05/folleto-lineamientos-vi-cong.pdf


[3] El propio fracaso de experiencia soviética, sugería el inolvidable decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, indica que parte de la solución estaría en conservar la conducción política del Partido sobre el desempeño de los medios públicos, más sabiendo que “el socialismo es la sociedad cambiante por excelencia, y el perfeccionamiento, la búsqueda constante y la renovación permanente constituyen su esencia misma”. Julio García Luis, Revolución, socialismo, periodismo. La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI. Ed Pablo de la Torriente Brau. La Habana. 2013.



[4] Refiriéndose a esta cuestión la Dr. Rosa Miriam Elizalde hacía notar que ver a “la glasnost como oportunidad o como alto riesgo comparte la premisa común de la sobrevaloración del papel de los medios en los procesos sociales y la tesis extemporánea de la «satelización» cubana con respecto a la URSS”. “Considero –especificó- que el paralelo entre el sistema de comunicación social cubano y la glasnost soviética solo es pertinente para demostrar que la catástrofe de aquel país fue el resultado de una situación específica en los primeros momentos de la Sociedad informacional” Véase Rosa Miriam Elizalde. La glasnost: paradoja en la era de la web 3.0. En Revista Temas. Nro 74, abril-junio de 2013.


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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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