Posted by : István Ojeda Bello domingo, 22 de noviembre de 2015


Estrecho pero suficiente, ha sido el margen que le dio la llave de la Casa Rosada a Mauricio Macri, al menos por los próximos cuatro años. La victoria de la derecha en la Argentina fuerza a la reflexión más allá de la autoflagelación pues sin importar dónde ocurra cualquier ascenso de la reacción este deber sernos útil para aprender.
“¡Cómo es posible!” se preguntarán algunos, que la mayoría de los electores argentinos haya votado por el candidato del neoliberalismo y heredero de las políticas que llevaron al país al abismo de inicios de este siglo. O peor, haya hasta quien se regocije con las dificultades futuras que eventualmente afrontarán los más indefensos allá cuando se debele la verdadera naturaleza del gobierno que se viene. “¡bien merecido se lo tenían!”, dirán. Ni lo uno, ni lo otro.

Habría que estar allí para saberlo antes de apurarse en conclusiones tan radicales como las del párrafo anterior. Desde la distancia sí se nota que la derecha, que regresa al poder ahora no en las botas del ejército, sino por las urnas, ha sabido mimetizar lo suficiente su discurso y parecer ante el electorado como la fuerza del “cambio”.

En uno de las primeras interpretaciones tras la jornada comicial de este 22 de noviembre el politólogo argentino Atilio Borón comentó que hay “Mucho para analizar en el balotaje: Scioli mejoró 10 puntos en relación a la primera vuelta, gracias a los autoconvocados, no las organizaciones”. Victor Hugo Morales, desde Telesur, opinaba que el porcentaje obtenido por el candidato oficialista representaría la porción realmente fiel a su propuesta; porque, dijo, tanto a Nestor Kirchner como a Cristina Fernández, lo apoyó en su momento un sector que no veía otra salida al bienio trágico 2000-2002.

Doce años después del exitoso esfuerzo kirchnerista por sacar al país de la crisis, saneando las finanzas, generando empleos, atrayendo inversores, en fin: reactivando la economía, esos pragmáticos que cosecharon los dividendos han considerado que ya era hora de regresar al supuesto “orden natural de las cosas”.

Seguramente vendrán más juicios, como también habremos de esperar un envalentonamiento de las derechas en todo el continente. En Venezuela, en Ecuador, en Bolivia, en Brasil, en Miami... y en Cuba habrá quienes esgriman el fracaso del Frente para la Victoria como la confirmación de que habría terminado la época de las “locuras” y los “populismo” de las políticas de inclusión social en esta parte del mundo.

Por lo pronto de los fracasos salen las lecciones más imperecederas. De este, la confirmación de que no basta la contundencia objetiva de la obra social de un gobierno progresista para garantizarle su legitimación ante las masas. Siempre la derecha podrá decir que ella es capaz de hacerlo mejor, sin buscarse los “problemas” que implican esas transformaciones. Como si redistribuir las riquezas y hacer realidad la equidad (esa palabra que tan bien suena en los mítines electorales) pudiera concretarse a espaldas de las oligarquías o sin la enemistad manifiesta de las transnacionales y sus gobiernos afines.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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