Posted by : István Ojeda Bello jueves, 19 de mayo de 2016



Este país, y enfáticamente La Habana está de moda en Estados Unidos. Let`s go to Cuba (Vamos a Cuba) parece ser la exhortación. Comprobarlo es simple, basta con mirar la sucesión de celebridades que en muchos casos, literalmente, ha desfilado por la capital cubana. Eso, admitámoslo, alimenta un tantito nuestra vanidad de isleños irredentos que a menudo nos creemos el centro del mundo.
Rockeros, estrellas de Hollywood, de las Grandes Ligas o la farándula, son apenas  algunos de una lista más extensa de quienes con mayor o menor resonancia mediática ha puesto los pies en la urbe capitalina, incluso antes del anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países el 17 de diciembre de 2014.
Técnicamente ninguno de ellos y quienes les seguirán son turistas mientras existan las leyes del bloqueo. Pero el relajamiento del otorgamiento de licencias por parte del Departamento del Tesoro ha permitido que los intercambios culturales “pueblo a pueblo” como dicen ya puedan acreditarse no solo en grupo sino individualmente. Asimismo para sus estándares está siendo comparativamente barato venir a Cuba pues las agencias autorizadas ofrecen paquetes de giras por varios días con tarifas que van desde los tres mil a 10 mil dólares por persona. Otros más ahorrativos optan por gastarse aquí el subsidio por desempleo.
Ahora bien ¿Cuáles son las pautas simbólicas que guían este aluvión de ciudadanos norteamericanos? Esos que, a diferencias de los cubanoamericanos, no tienen ningún lazo familiar ni cultural con este lado del estrecho de la Florida y lógicamente dependerán mucho más de la imagen que de este Archipiélago proyectan las instituciones que patrocinan los viajes.
El profesor Louis A. Pérez Jr., estudioso del tema afirma que “los viajes a Cuba son llevados al mercado precisamente a través de sistemas culturales que dependen de un surtido de significados sociales codificados y que recuerdan las etnografías turísticas del siglo XIX”. “Hay algo, dijo, de antropología colonial en lo que sustenta el contexto discursivo del compromiso de pueblo a pueblo: los cubanos en tanto que pueblo dotado de un encanto exótico, amistosos, impacientes por complacer a los visitantes norteamericanos”.
Prácticamente todo, explica Pérez Jr., es objeto de atractivo, quizás hasta el extremo: desde nuestras facetas más triviales hasta presentarnos “como tipos extraños, respecto a los cuales se le pidió de antemano al viajero que mostrase una condescendiente paciencia”, agrega.
 “Por primera vez en décadas, las puertas de Cuba están abiertas para los viajeros norteamericanos. Sea usted uno de los primeros en vivir la experiencia de esta opacada gema caribeña: una isla comunista adoquinada donde abunda el ron, las sonrisas son contagiosas y se alienta el baile”, convida a sus potenciales clientes la agencia Intrepid Travel.
En la práctica es el reverdecimiento de los códigos de la etapa anterior a 1959. “Puede decirse que la naturaleza colocó a propósito esta Isla de Fiestas en los Trópicos, a las puertas de la gran nación norteamericana para el placer, el reposo y la salud de sus habitantes”, afirmaba una promoción turística de Cuba en 1942. “Dimos a Cuba su libertad y ahora vamos a disfrutarla”, le había dicho en 1925 al Havana Post, un veterano estadounidense de las tropas que intervinieron en nuestra guerra de independencia contra colonialismo español.
Después del 17D el mensaje se ha actualizado ante la transformación del escenario pero manteniendo al norteamericano visitante como impulsor de cambio que, aseguran, este país necesita; algo que a fin de cuentas integran la estrategia Washington frente a los valores culturales cultivados por la Revolución.
“¿Desea usted una oportunidad de ver a Cuba antes de que cambie para siempre? ¡Pues más vale que eche a correr!” conmina la agencia InsightCuba a sus conciudadanos. Internacional Expeditions anima a  “vivir la experiencia de Cuba antes del inevitable cambio que el incremento del turismo y de la participación extranjera están destinados a aportar”. “Vaya a Cuba antes de que la echen a perder”, exhorta Trip Advisor el portal de información turística más popular a escala global.
Probablemente haya quien se sienta muy cómodo enmarcado en el molde tan estrecho, lo cual nos conduce a evaluar cuáles son las acciones que desde este lado podrían estar facilitando la confirmación en la realidad de la idea traída por los visitantes extranjeros sobre Cuba y especialmente los estadounidenses cuyo número está creciendo a ritmo sin precedentes. ¿Nos conformaremos con alimentar el imaginario de aquel filme de mediados de los 50 "I Love Lucy" donde solo la llegada de un barco a la Habana cargado con turistas norteamericanos, sacaba a los residentes de su holgazán letargo?
Algunas encuestas en EE.UU. aseguran que al menos ocho de cada 10 estadounidenses cambian la noción que tenían de Cuba cuando regresan, usualmente para mejor y he sido testigo de eso. Basta con sentarse charlar un rato con ellos, aunque sea de comida vegetariana.
Ya sabemos qué ideas le plantean antes de venir ¿Seremos capaces de ser hospitalarios y al mismo tiempo llevar con decencia nuestras carencias? Y, como sugiriera un amigo tan entrañable como lúcido: el terreno, el bate y la pelota, mal que bien son nuestros. Pero tal vez ya vaya siendo hora de sentarnos a repasar, para este nuevo escenario, cuales son las reglas de la casa y así marcar la crucial diferencia entre lo servicial y lo servil.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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