Posted by : István Ojeda Bello jueves, 16 de junio de 2016



Con al menos 50 muertos y 53 heridos, la masacre en una disco gay en Orlando, Florida ha sido “el tiroteo más letal en la historia estadounidense”, según lo calificó el presidente Barack Obama. Llueven los calificativos, muy justos vale decir, de que este fue un acto de terror y odio. Pero por enésima vez nos quedaríamos en las ramas del asunto si no nos preguntamos ¿Quién creó el terror que vimos en Orlando?
La masacre en la ciudad floridana desnudó la polarización política que hoy se vive en EE.UU. y los límites ideológicos de las dos figuras que dirimen la presidencia de la nación. Ninguno de los dos candidatos osó tocar las raíces del problema. Mientras la virtual aspirante demócrata Hillary Clinton propuso prohibir la venta de armas de asalto, su contrincante republicano Donald Trump se pronunció por prohibir… la entrada de los musulmanes.


Como nota al pie van quedando los informes que hablan de que medios de prensa de habrían manipulado la línea del tiempo sobre los sucesos en el centro nocturno Pulse. El dato echó andar las teorías de las conspiraciones y ya se habla de que el incidente habría sido una operación para encubrir algo, no se sabe qué.
Omar Siddiqui Mateen, el perpetrador, por más que quiera señalarse su ascendencia afgana era un estadounidense plenamente integrado a su sociedad aunque se insista en su juramento de lealtad al Estado Islámico; como si eso lo hiciera menos persona o un perturbado mental. Es más placentero creerlo un loco porque le permitirá a la sociedad norteamericana seguir en la comodidad del pensamiento de que todo está bien y extirpando la manzana podridas todo seguirá en calma… hasta la próxima matanza.

Volverán a llover los reclamos para mayor control de armas cuando en Estados Unidos sigue siendo muy fácil adquirirlas y es poco probable que la situación cambie en un futuro próximo porque parece enquistado en los genes de la clase política el sacrosanto derecho a matarse uno a los otros, da lo mismo con un revólver que con  un AR-15. 

El diario New York Daily News recordó que  el tipo de fusil de asalto usado en Orlando fue el mismo empleado en la masacre en la escuela infantil Sandy Hook en Connnecticut, donde murieron 20 menores y seis adultos, y también fue el escogido para otro hecho similar en un cine de Colorado ese mismo año. Por muy terrible que parezca después de aquellos ataques, la venta del AR15 se elevó a los tres millones que se estima que hay en la actualidad en suelo estadounidense.

Se hablará del odio; mas ¿Qué podemos esperar de una sociedad que ha sido incapaz de levantar la prohibición de donar sangre a las personas que no son heterosexuales? Sí, nos duele el odio porque expresa prejuicios pensamientos retorcidos. Pero todo eso se agrava hasta el extremo si ese odio se descarga no dando un manotazo al aire o gritando un improperio, sino disparando 24 balas en nueve segundos.
Los odios no nacieron del aire, han ido creciendo en los terrenos fértiles de un país que privilegia el conservadurismo del poder, la dominación y la violencia vistiéndola de una modernidad que pretende vendernos  como la referencia para todos.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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