Posted by : István Ojeda Bello domingo, 25 de marzo de 2012

No descubro nada nuevo diciendo que la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba es uno de los sucesos más importantes del año, no solo del país, sino de todo el hemisferio. A primera vista parecería que, tanto el Gobierno Revolucionario Cubano como los mercenarios internos junto a sus mentores del eje Washington-Miami, tratan de arrimar la sartén a su braza, sacándole el mayor provecho a la estancia en suelo antillano del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Sin embargo la afirmación anterior pecaría de superficial si no tenemos en cuenta otras aristas del asunto.

De la tirantez al diálogo
Las relaciones entre la Revolución Cubana y la Iglesia, o mejor dicho, la jerarquía católica, no han transitado precisamente por un lecho de rosas. La activa participación de prelados en las conspiraciones contrarrevolucionarias en los años 60, así como el duro cariz ideológico que matizó la vida política nacional en las tres primeras décadas del proceso revolucionario, tensaron al extremo las relaciones.

No obstante, lentamente ambas partes comenzaron un sinuoso proceso de acercamiento posible porque, desde mi punto de vista, la Iglesia aceptó el carácter genuino y autóctono de la Revolución constatable en la medida que fue capaz de sobrevivir a las más duras pruebas; mientras que el proceso socialista cubano alcanzó la madurez política suficiente para comprender y aceptar el lugar de la religión y en particular de las instituciones que la representan, dentro de la sociedad civil nacional.[1]

Así las cosas de los años 80 hacia acá fue evidente un mejoramiento de las relaciones Iglesia Católica –Revolución, cuyo hito más importante fue la visita en 1998 del Papa Juan Pablo II. De entonces acá mucho se ha hablado del lugar de las autoridades eclesiásticas en el acontecer política doméstico, sobre todo desde que fungieron como facilitadores de la excarcelación de un grupo de contrarrevolucionarios en el pasado reciente.

Asimismo se produjo el viaje a los Estados Unidos del cardenal cubano Jaime Ortega quien se entrevistó con funcionarios del Departamento de Estado, más tarde vinieron a La Habana varias figuras claves dentro de las autoridades del Vaticano, como antesala del anuncio de la visita de Benedicto XVI.

Es notable el relativo poco tiempo que medió entre la invitación y la realización efectiva del viaje; y además es trascendente el hecho que el Papa incluyera a Cuba en sus segundo viaje a América Latina, incluyéndolo en un itinerario junto a México cuya feligresía católica está entre las primeras del mundo. Eso dice mucho de la importancia que el Vaticano le concede a Cuba dentro de la región.

Ahora bien ¿es provechosa para la Revolución la visita de Su Santidad? Desde luego que sí. En primer lugar porque refuerza el ya enorme prestigio internacional del país, a pesar de las constantes campañas de descrédito de la prensa occidental.

Pero no se trata de un apertura artificial sino de la consolidación de una postura ya irreversible pues no es ocioso notar que la estancia en suelo cubano del Papa es precedida de la peregrinación por toda la Isla de la imagen del Virgen de la Caridad del Cobre, periplo que recibió todo el apoyo logístico por parte de las autoridades, con una cobertura mediática acorde a la separación existente entre Iglesia-Estado.

Mucho se ha comentado en torno a los reclamos de la Iglesia Católica de que se le concedan más espacios en los medios de comunicación nacionales. Aunque pocas veces se dice que en los últimos años estos han crecido, solo que la política gubernamental al respecto ha estado marcada, creo, por la igualdad de oportunidades, al darle la misma relevancia tanto de católicos, como y protestantes.[2]

O sea que la visita de Benedicto XVI no es la legitimación de la Revolución, como aseguran los enemigos del país, pues esta descansa no en acontecimientos como este sino en el apoyo mayoritario de que goza dentro de la población.

Eso coloca al Gobierno Cubano en la ventaja de no apelar a las connotaciones políticas de la visita del Papa, aún cuando las tenga, sino todo lo contrario; precisamente porque el discurso de la Revolución es consecuente en su respeto a la libertad de religión. De hecho se legitima más la Iglesia como institución al mostrarse dispuesta a ocupar su lugar dentro del concierto social cubano.

Objetivo del enemigo: provocar

Del otro lado el discurso y la acción son diametralmente opuestos y sin un consenso aparente. Mientras algunas figuras del mercenarismo interno se desmarcaron de la acciones de algunos grupos que trataron hacerse notar con caricaturescas ocupaciones de los templos, todos han compartido el afán por mostrar solo una cosa: que existen más allá de los despachos propagandísticos de Radio Martí. Así, no se han casando de solicitar “entrevistas” con el Papa y hacer toda clase de algarabía para empolvarse su desprestigiado rostro.

Empero el dedo en la llaga lo puso en académico Wayne Smith, diciéndole al diario mexicano la Jornada que “Miami siempre quiere un conflicto entre la Iglesia católica y el Estado en Cuba. No les conviene a los de la línea dura en Miami que exista algún grado de relaciones armoniosas entre la Iglesia y el Estado”.

Por eso, “el gobierno de Estados Unidos también querría que la Iglesia optara por una línea más dura contra el régimen en Cuba, que hubiera mayor confrontación”, explicó quien fuera jefe de la Sección de Intereses del gobierno estadunidense en La Habana durante la presidencia de Jimmy Carter.

En consecuencia la posición de los enemigos del país ha ido de la oposición a la visita del Jefe del Estado del Vaticano a las conminaciones a que haga declaraciones duras contra la Revolución. Haciendo el ridículo de entorpecer los esfuerzos de arzobispo de Miami para organizar el traslado de peregrinos desde dicha ciudad hacia Cuba para ver al Papa.


El aderezo a esa estrategia ha sido sus esfuerzos por destacar la más mínima declaración denotativa de las diferencias ideológicas entre la Iglesia Católica y la Revolución Cubana. Eso explica el destaque a las afirmaciones de Benedicto XVI, en las cuales habría hablado de un supuesto “fracasode la ideología marxista tal y como fue concebida”.[3]


Pero tanto la Iglesia como el Gobierno Revolucionario se han concentrado en los aspectos coincidentes y no en las diferencias. Nadie niega que la Iglesia pueda tener sus propios criterios sobre el rumbo del país, en varias ocasiones discrepantes del discurso revolucionario. Pero a Cuba le basta con su franca oposición a la existencia del bloqueo y su concomitancia en otros puntos como del ámbito interno y global. [3]

“Respetamos todas las opiniones, consideramos útil el intercambio de ideas. (…) Escucharemos con todo respecto a Su Santidad”, aseguró Rodríguez, con lo cual dejó sentado que las diferencias existen, pero que no la postura de diálogo es mutua.

No sería raro que Benedicto XVI diga algo que signifique una discrepancia con la Revolución, pero tanto uno como otro interlocutor, están más interesados más en luces que en las machas de una relación que tal vez nunca sea calurosa, per sí cordial y respetuosa; con eso ya es suficiente.

NOTAS
_________________
[1] El caso de las iglesias protestantes y otras agrupaciones representativas de religiones no cristianas habría que hacer varias distinciones pues la mayoría asumieron una postura mucho más constructiva hacia la Revolución, por lo cual el camino y situación con relación al Estado Revolucionario Cubano fue diferente a lo ocurrido con la Iglesia Católica.

[2] Varios ejemplos puede ilustrar esta afirmación. Recuérdese que tras la visita de Juan Pablo II en 1998, tuvo lugar la Primera Celebración Evangélica Cubana, que incluyó la relajación de cultos protestantes masivos en estadios y otros espacios abierto por todo el país, para los cuales el Gobierno Cubano dio todo tipo de facilidades. Además se ha regularizado la transmisión por la TV cubana de ceremonias como el Via Crusis en Roma y actividades organizadas por las navidades por los Consejos de Iglesias de Cuba. Adicionalmente el presidente cubano Raúl Castro asistió a las ceremonias de culto organizadas por las agrupaciones judías; mientras se han consolidado los contactos gubernamentales con los representantes de las diferentes instituciones religiosas sin distingo de creencia.


[3] La palabras exactas de Benedicto XVI fueron: “Como ya he dicho me siento en completa continuidad con las palabras del Santo Padre Juan Pablo II, que siguen siendo pertinentes hoy en día. Con esta visita se ha abierto un camino de cooperación y diálogo; un camino que es largo y requiere paciencia, pero que va hacia delante. Hoy está claro que la ideología marxista, tal como fue concebida, ya no responde a la realidad. Porque no tiene respuestas para la construcción de una nueva sociedad. Deben ser encontrados nuevos modelos, con paciencia. Este proceso requiere paciencia, pero también decisión, queremos ayudar en un espíritu de diálogo, para ayudar a construir una sociedad más justa. Queremos cooperar en este sentido. Es obvio que la Iglesia está siempre del lado de la libertad: la libertad de conciencia, la libertad de religión.” En: http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=36439
[4] Al respecto el canciller Bruno Rodríguez subrayó ante la prensa que “El Gobierno cubano comparte con la Santa Sede sus posiciones tradicionales en defensa de la paz, oposición a la guerra; frente a las amenazas de la guerra. En la preservación de la especia humana frente a la existencia de enormes arsenales nucleares o del cambio climático que ponen en peligro la supervivencia de la humanidad”.


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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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