Posted by : István Ojeda Bello viernes, 24 de mayo de 2013


Gracias Disa…

El lapso de 14 innings era demasiado corto para conocer todas las historias de San Pablo de Yao y como era de esperarse algunas se quedaron en el banquillo de suplentes sin poder salir a jugar. Pero como las buenas sugerencias hay que seguirlas, hubiera sido imperdonable no hablar de otra de las memorias que atesora este caserío en las estribaciones de la Sierra Maestra.

Libres por unas horas 
“Poco después bajamos a San Pablo de Yao, donde entramos en medio del alborozo general del pueblo, nos apoderamos pacíficamente de él algunas horas (no había tropa enemiga) y empezamos a hacer contactos”. Así narra en el Ernesto Guevara de la Serna en Pasajes de la Guerra Revolucionaria su paso por este pueblito que también vive con el orgullo  entre pecho y espalda de haber sido liberado él al menos por una horas.

Mientras Alcides relataba el juego de pelota con el líder de la Revolución, algo dijo sobre la estancia allí del Che a principios de septiembre de 1957; pero, reitero, el detalle pasó de largo quien sabe si planeando renacer ahora y de la mejor manera.

La tropa del Guerrillero Heroico venía de Dos pasos de Guayabo.

“Después del encuentro con Fidel, el 29 de agosto, marchamos algunos días, juntos a veces y otras separándonos alguna distancia, pero con el objetivo de pasar unidos por el aserrío de Pino del Agua”, dice al comienzo del relato.

De su permanencia en San Pablo de Yao, sigue contando: “Trabamos conocimiento con alguna gente de la localidad y cargamos toda la mercancía posible en camiones que conseguimos con los mismos comerciantes a quienes se la compramos a crédito, pues en aquella época pagábamos con vales”.

Lo que viene a continuación explica por qué el nombre de cierta mujer tiene un sitio destacado entre los mártires señalados a la entrada del municipio Buey Arriba, al cual pertenece Yao.

Dice el Che: “Conocimos entonces a Lidia Doce, quien fuera después nuestra gran compañera y la encargada de todas las tareas de contactos de la columna hasta su muerte en La Habana”.

Por eso el rostro de esa campesina no podía faltar entre los héroes de esta comarca. Ella se jugó la vida mil veces llevando mensajes importantes de la guerrilla al llano. En su asesinato, junto al de Clodomira Acosta y otros compañeros más, los esbirros de Fulgencio Batista ensayaron técnicas de desaparición que en décadas posteriores se harían tristemente célebres en Sudamérica.

Quizás en el futuro siga descubriéndole cosas emocionantes a San Pablo de Yao, pero al menos saberlo en su sencillez campesina unido al Fidel y Che es razón suficiente para no olvidarlo.

2 Responses so far.

  1. disamis says:

    gracias Is, por acordarte y rescatar del tintero la anécdota. chau

  2. No hay que darlas Disa, era lo menos que podía hacer.
    Besos...

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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