Posted by : István Ojeda Bello miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿La foto del año? Se preguntaba un amigo en la red a propósito del revuelo armado por el estrechón de manos entre el presidente estadounidense Barack Obama y su homólogo cubano Raúl Castro durante las exequias de Nelson Mandela.

A tono con la espectacularidad que prima entre los medios para establecer los acontecimiento potencialmente noticiables, este hecho no tan fortuito como parece, provocó verdadero furor entre la opinión pública y hasta hubo quien se aventuró en especular si sería el primer paso hacia la normalización de las relaciones entre Cuba y EE.UU.


“Hay un antecedente: Bill Clinton y Fidel Castro también se saludaron durante una cumbre de la ONU en el año 2000. Pero era otra época, otros mandatarios y, sobre todo, no existe un registro gráfico de ese momento, mientras que el de ahora se produjo ante los ojos de millones y millones de espectadores de todo el mundo”, comentó el rotativo argentino Página 12. “Espero que sea un presagio de cara al futuro”, dijo a CNN ex presidente estadounidense Jimmy Carter.

Como nota tragicómica quedó el mal rato de John Kerry defendiéndose de los alaridos de Ileana Ross en el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, un careo que, como ocurre cada vez que es atacado por la extrema derecha anticubana, al final ayudó a la imagen “moderada” de Obama.

Pero en política los hechos pesan demasiado como para modelar escenarios altamente improbables. Así son poco creíbles las afirmaciones de que se trato de algo imprevisto pues en ese tipo de ceremonias casi todo está calculado, de manera que Obama sí sabía con antelación que Raúl estará en su ruta hacia la tribuna, por tanto el saludo era casi inevitable.

A favor del abogado norteamericano es preciso decir que tuvo la decencia de estrechar su mano. Una reacción mucho más civilizada que la de su antecesor George W Bush quien con tal de no encontrarse con Fidel en México durante una cumbre organizada por la ONU puso en ceberos aprietos al anfitrión Vicente Fox, en un suceso conocido en la nación azteca como el “comes y te vas”.

Ahora Obama extendió su mano, mas, es ese movimiento apenas expresó corporalmente su maestría para manejar las relaciones públicas y mantener su perfil conciliador aunque las acciones verdaderamente importantes sigan en la lista de espera.

Desde su primera toma de posesión en enero de 2009 el actual inquilino de la Oficina Oval manifestó públicamente su intensión de “un nuevo comienzo” con La Habana. Sin embargo poco ha hecho para avanzar sustancialmente hacia vínculos normales con Cuba. Hasta el momento sus pasos se han limitado a relajar un tanto el clima de las relaciones mediante el levantamiento de las restricciones a los viajes de los cubanoamericanos, los contactos académicos y culturales y el reinicio de las negociaciones migratorias, mientras están en marcha otras para restablecer el correo directo entre ambos países.

Obvio que las anteriores eran previsibles y notables frente a la manifiesta hostilidad de su predecesor pero con el tiempo palidecen ante su diligente persecución a las transacciones financieras y las relaciones comerciales de Cuba con el resto del mundo.

No se trataba siquiera de promover dentro del Congreso la derogación de las leyes Torricelli y Helms-Burton, los dos baluartes legales del asedio económico contra la Mayor de las Antillas, cuya supresión requeriría de un consenso hoy inexistente entre demócratas y republicanos.

Es que ni siquiera la actual administración ha retirado a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo que elabora periódicamente el Departamento de Estado ni tampoco la ha excluido entre los objetivos punibles bajo la Ley del Comercio con el Enemigo; prerrogativas todas bajo jurisdicción del Ejecutivo cuyo ejercicio sería una clara señal de su intensión de flexibilizar el bloqueo. Como también lo hubiera sido responder positivamente al ofrecimiento cubano de firmar acuerdos en materia de lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el tráfico de personas aun cuando ambos gobierno son signatarios de los instrumentos legales internacionales establecidos.

Obama sigue apostando sus fichas al bloqueo y a resolver situaciones específicas mediante las presiones como en el caso del contratista de la USAID Allan Gross, procesado aquí por financiar a los grupos subversivos internos.

Entonces que le estrechara la mano a Raúl en los funerales de Mandela es apenas otra expresión de su histrionismo mediático para desviar la atención de las audiencias de su manifiesta incapacidad de cambiar realmente las cosas tanto en política interna como en las relaciones con Cuba.



   

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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