Posted by : István Ojeda Bello sábado, 7 de diciembre de 2013

¿Cuál es la naturaleza de eso que los adolescentes ven o escuchan fuera de los mecanismos «formales»? ¿Son una competencia o una opción válida frente a los medios de comunicación?
(especial para SoyCuba)


Nadie podría decir cuando comenzó pero ya hoy la programación de los canales de televisión, los cines o la radio dejaron de ser la principal fuente de la cual los adolescentes y jóvenes obtienen películas, series, telenovelas o música. De hecho hay quien asegura que muchos se han desconectado por completo de las propuestas institucionales.

El más reciente estudio sobre las actividades que realizan los jóvenes y la satisfacción que les reporta confirmó esa certeza. Los resultados demuestran que, aunque ver televisión es lo segundo que más hacen (lo primero es escuchar música), el consumo cultural a través de DVD, VCD, VHS, computadoras e Iphones es la segunda actividad que más satisfacción reporta a este sector poblacional.

Ni muy muy, ni tan tan…


En 1987 la revista Somos jóvenes encuestó a 300 jóvenes de los cuales el 83 por ciento aseguró que los casi extintos videos analógicos eran parte imprescindible de su rutina de entretenimiento. Otro sondeo, hecho público por la Gaceta de Cuba en el 2011, indicó que casi la mitad de la población cubana mayor de 15 años ve videos o DVD al menos una vez al día, pero entre los jóvenes menores de la referida edad el uso de estos dispositivos se eleva hasta el 77,3 por ciento.

Sin formalidades y con mucha sinceridad un grupo de muchachas y muchachos de entre 15 y 16 años accedieron a charlar sobre este tema:

«La televisión cubana está decayendo, ha llegado a un punto en que no atrae al televidente. No puedo sentarme a ver nada que me entretenga. Ni las novelas del Multivisión», opinan, aunque aclaran: «Hay espacios que uno sí ve, como las series que dan a las 8 y 45 (de la noche) en ese mismo canal».

Si bien están de acuerdo en que las series televisivas son las preferidas cuando de audiovisuales se trata, sobre el carácter de estas no hubo unanimidad.

Consideran que «necesitamos un programa en que el adolescente cubano se vea identificado, porque esta es un etapa donde las personas comenten muchas locuras. Y no es solo vernos en una discoteca. Por eso Mucho Ruido le gustó a tantos, porque se ve como un grupo igual que nosotros compartía sanamente». Sin embargo otros manifiestan estar «cansados de ver cómo vivimos, queremos ver cosas que te permitan soñar un poquito».

¿Cómo seleccionan lo que verán?, pregunto.

«Por los gustos, por lo que más se vende o hasta por el criterio del vendedor, a ellos les interesa la ganancia», sostienen y precisan: «los discos (compactos) ya están obsoletos. Todo se mueve en memorias (flash) y por los teléfonos (celulares), los CD quedan para los muñequitos y para canciones cada vez menos».

Aseguran que esos mecanismos alternativos son mucho más ágiles y económicos para ellos.

«El disco Dial de Buena Fe ya lo tengo, me lo trajeron en una memoria, no lo han vendido al menos aquí. Está precioso y si antes me lo hubieran vendido a un precio asequible seguro que lo hubiera comprado. Con la película Pablo me pasó lo mismo», ejemplifican.

También confirman que los vendedores de discos son uno de sus principales proveedores: «Venden más o menos barato. Cobran en moneda nacional. Con los videos no tanto porque como los tienen en alta definición te obligan a gastar un poco más, pero igual es como uno puede encontrar las películas que busca», señalan.

A todas luces no hay espacio para afirmaciones reduccionistas especialmente al inquirirlos sobre si eso que llega por las vías no tradicionales les deforma el gusto.

«Depende –responden. Ese círculo vicioso de que hay que oír una música porque es la que todo el mundo tiene, sólo funciona si uno quiere entrar a determinado grupo. Pero todo depende del gusto de cada persona».

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«necesitamos un programa en que el adolescente cubano se vea identificado, porque esta es un etapa donde las personas comenten muchas locuras», dicen los jóvenes. Sin embargo otros manifiestan estar «cansados de ver cómo vivimos, queremos ver cosas que te permitan soñar un poquito».

¿Los villanos?
Así, parecen ser los vendedores-grabadores de discos los «malos» de esta película, a quienes a juzgar por la velocidad de las tecnologías más temprano que tarde tendrán que renombrarles su actividad.

Uno de ellos aceptó opinar. Él ratifica que son los jóvenes junto con las personas «entradas en años» sus clientes más asiduos, aunque no precisa un rango estrecho de edad dentro del primer grupo.

«La selección de los materiales –aclara- no depende de mí, sino de los proveedores, porque vienen por paquetes». Los clientes, explica «Casi siempre vienen tras algo en específico. Por ejemplo ya se acabó La Voz Kid y ellos me preguntan ¿que tienes similar a eso? o parecido a Parodiando. Entonces yo recomiendo Los Pequeños Gigantes o Factor X. Uno se percata de que hay personas que solo ven un tipo de cosa, digamos series, o programas de humor».

Admite que «ya el disco perdió frente a la memorias (flash). Con el disco se cobra el tipo de formato más la información; con la memoria el precio es más económico porque solo se paga el contenido, pero la frecuencia con que la gente las recarga compensa el bajo costo. Ganamos todos».

Desde su punto de vista las personas ya tienen un gusto hecho cuando llegan, especialmente con la música: «La gente la pide de cualquier tipo eso nos obliga a tener de todo para complacerlos, ese al final es nuestro propósito».

Lo alternativo bajo lupa académica
En un reciente debate organizado por la revista Temas, Mario Masvidal, profesor del Instituto Superior de Arte (ISA) puntualizó que eso llamado, en términos elevados, consumo informal de audiovisuales incluye tanto al «que roba la señal del satélite», como a la «gente que se adelanta a la telenovela brasileña que se está trasmitiendo».

«Es una voluntad de estar al día, de ver aquellas series norteamericanas que se están poniendo en televisión, pero no solo se adelantan sino que ven los capítulos censurados en todos los sentidos: político, ideológico, formal, etcétera. (…) Hay quien busca hasta pornografía de ese modo», agregó.

Cecilia Linares, estudiosa del Instituto Cubano de Investigaciones Culturales, Juan Marinello enfatizó que: «Es cierto que el mercado dice: Yo doy libertad de elección, a fin de cuentas la cultura es una mercancía más, el usuario tiene la libertad de seleccionar. Pero eso es una falacia y esa es una de las estrategias fundamentales de las empresas norteamericanas. Ellos, de manera sistemática, usan una serie de estrategias para eliminar cualquier tipo de competencia; por lo tanto, no es cierto que haya un mercado libre, enriquecido, con muchas posibilidades».

Para Irina Pacheco, experta del Centro de Investigaciones Sociales del Instituto Cubano de Radio y Televisión (CIS-ICRT) «uno de los elementos fundamentales referidos aquí es la banalidad».

«Esto hay que analizarlo desde las paradojas, pues si bien esta es una respuesta al ocio y su retórica, donde determinados individuos hacen del entretenimiento prácticas enajenantes, otros sujetos tienen una postura verdaderamente movilizadora y activa a la hora de poder seleccionar. Entonces se produciría un aprendizaje crítico a través del cual las personas crecerían espiritualmente», afirmó.

Visión crítica sin absolutismos
Así, mientras quedan sobre el tapete otras aristas como la relacionada con la propiedad intelectual de las obras que circulan unas veces de manera subterránea y otras no tanto, no cabe duda de que estamos ante un fenómeno que incide de manera particular sobre miles de personas, en particular sobre aquellas que están formando su personalidad todavía.

Satanizar estas formas de distribución de música, videos o películas no suena a solución inteligente. Lo mejor sería generar un debate hogareño y público en torno a qué hay escondido en eso que circula de mano en mano. Quizás, preguntándose por qué algunas son obras de arte o diciendo, cuando sea el caso «todo esto lo puedes ver u oír, pero realmente no sirve. ¿Por qué no? Porque es malo».

Los circuitos alternativos tienen ya un espacio ganado que difícilmente perderán a golpe de prohibiciones, pero que puede ser influido por propuestas creadoras y hasta atrevidas desde las instituciones culturales públicas, en especial la Televisión, sobre todo porque las audiencias juveniles no son tan frívolas como parece.

Quizás estén esperando visiones no en blanco y negro sino en tonalidades de gris que denoten convivencia y relaciones de mutuo beneficio, mientras se da el paso formal y novedoso que tanto necesita, sobre todo, la pequeña pantalla cubana.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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