Posted by : István Ojeda Bello sábado, 28 de diciembre de 2013

“Es contrarrevolucionario el señor que valido de su influencia consigue una casa, que después consigue dos carros, que después viola el racionamiento, que después tiene lo que no tiene el pueblo, y que lo ostenta o no lo ostenta pero lo tiene. Ese es un contrarrevolucionario, a ese hay que denunciarlo enseguida, y al que utiliza sus influencias buenas o malas para su provecho personal o de sus amistades, ese es contrarrevolucionario”…. dijo el Che hace 51 años y entonces pienso en los travestis.

Si pero no en quienes se sienten atrapados en el cuerpo equivocado y alivian su tormento transformándose, para al menos, frente al espejo, verse como sueñan ser.


Las apariencias aterran a muchos y hasta hay quien se escandaliza cuando ve a un travesti por la calle. Por su ocasional extravagancia se hacen notar y levantan toda clase de comentarios y murmuraciones, pero justamente por esa estridencia corporal desvían la atención de otros más peligrosos.

Esos o esas, no importan su sexo, pasan sin notarse o incluso se convierten en el arquetipo de éxito. Durante el día llenan su garganta con su discurso ortodoxo sobre la “pureza” de los ideales y la hora de las definiciones no pueden ocultar sus mezquindades y egoísmos. También se disfrazan de tolerantes y hasta feministas cuando en casa no quieren sacar a su pareja de la cocina o no conciben que a su hija le guste la pelota o quiera ser futbolista.

En la oficina y los congresos disertan con elocuencia sobre la austeridad y contra la corrupción, sin embargo son expertos en dar órdenes al estilo de “mándalo para mi casa”, al punto que no saber qué es el picadillo de los viernes o la modesta bolita del pan nuestro de cada día.

Este tipo de “travestismo mental” se especializa en pasar desapercibido, salvo para mentes preclaras como las del Che que medio siglo atrás los definió con precisión. Quienes lo practican, queriéndolo o no, hacen muy difícil a la gente entender luego que la Revolución es mucho más que la actitud de un individuo determinado, cuando en resumidas cuentas los valores se concretan o niegan en la actuación concreta de cada cual.

¿Cuándo alguien comienza a ser un travesti mental? Digamos en la escuela oyendo decir que mañana hay que hacer la tarea o limpiar el aula por la visita anunciada aunque antes nadie se haya preocupado por cultivarle esos deberes como cotidianos; o en el trabajo creciendo a base de aparentar o mentir para agradar a los superiores porque los “trapos sucios se lavan en casa”. Contra ese travestismo cerebral todavía no se ha establecido un Día Mundial, quizás ya sea la hora de tenerlo.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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