Posted by : István Ojeda Bello lunes, 16 de junio de 2014

Lo que parecía solo capaz de hacerlo el fútbol, juntar exitosamente a fuerzas políticas de corte diverso detrás de una misma causa, acaba de lograrlo un hombre: Juan Manuel Santos a quien cuatro años atrás calificaban de un” cyborg programado desde chiquito para ser Presidente”. Calificativos aparte, es innegable que este graduado de Economía y Administración de Empresas en la Universidad de Kansas (Estados Unidos) está determinado a pasar a la historia como el estadista que puso fin a uno de los conflictos armados más largos del orbe.

Partido cuesta arriba
El ahora reelecto presidente no esperaba el gol tempranero en contra de ser derrotado en la primera vuelta electoral frente al candidato uribista Oscar Iván Zuluaga, a quien, por cierto, conoce muy bien del año 2005 cuando trabajaron juntos conformando el Partido de Unidad Nacional.

Al revés respondió adelantando las líneas y yendo a por todas de cara al balotaje del 15 de junio; quien sabe si recordando las lecciones de su juventud cuando andaba con el ex presidente Alfonso López Michelsen.

Lo cierto es que logró encarrilar la campaña sobre la base de un discurso de paz con justicia social atractivo para un amplio espectro del concierto político doméstico. Consiguió convertirse literalmente en la única opción para los partidarios de terminar una guerra interna que ya sobrepasó las cinco décadas.

Esto fue posible fue, en parte porque su contrincante le allanó el camino negando de plano toda posibilidad de seguir negociando con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP). También porque todos sus movimientos tras el adversidad transitoria en la primera vuelta electoral fueron de ataque.

Abrió su medio campo y lanzó a sus delanteros hacia la portería contraria con la firma de acuerdos parciales con las FARC-EP y luego con el magistral golpe de efecto del anuncio del inicio de la fase exploratoria para sentar a la mesa al Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda guerrilla en importancia dentro del país.

Con esos dos toques verticales dentro de la cancha política contraria puso el balón donde quería: primero demostró que su promesa de paz estaba en ruta de progreso y segundo que busca un fin total de las hostilidades con las guerrillas, mientras dejaba claro que es uno el proceso hacia el cese de las hostilidades y que era suya toda la responsabilidad del éxito o fracaso.

No puede olvidarse que este partido Santos lo juega como local y asegurándose la posesión de la pelota pues y en consecuencia el ritmo del juego. Obviamente no estamos ante un improvisado pues este “DT de la política” cosecha una amplia experiencia en las categorías inferiores pues ha estado sucesivamente entre los partidarios de uno y otro camino.

De cómo le fue en el pasado al equipo de la paz supo en sus días dentro de la sala situacional de la Misión de las Naciones Unidas en Bogotá, la misma que le sugirió al ex presidente Andrés Pastrana crear la zona de despeje con las FARC-EP. Más tarde integraría la Comisión de Acompañamiento Internacional que observó el funcionamiento de esa zona en San Vicente del Caguán.

En el banquillo de los guerreristas estuvo como asistente de lujo del ex presidente Álvaro Uribe desde su rol como Ministro de Defensa. Allí, este hombre que el 10 de agosto próximo cumplirá 63 años, le mostró a la línea dura de lo que es capaz anotándose los éxitos de las operación contra Raúl Reyes y la Jaque, mediante la cual se liberó a Ingrid Betancourt, a varios contratistas norteamericanos y a ocho soldados; eso sin hablar de que fortaleció los lazos con la comunidad de inteligencia estadounidense.

Bajo estas condiciones y tras un lógico período se contactos secretos, Santos puso a las FARC-EP donde quería. Sin haber obtenido una inobjetable victoria militar les hizo ver que la opción de la guerra era tan impopular como inviable desde el punto estratégico.

Ausente personalmente en las conversaciones en La Habana ha dictado siempre las reglas y mantenido el control del proceso. Nótese, por citar algunos ejemplos, como la guerrilla abandonó su exigencia de una Asamblea Constituyente, mientras que ya nadie recuerda que en su momento las FARC-EP demandaba la posposición de las elecciones; de hecho las apoyaron con un cese al fuego unilateral, consientes de que ahora mismo el presidente reelecto es su única alternativa de desmovilizarse y sobrevivir como fuerza política y como individuos incluso.

Goooool, ¿y ahora?
En la celebración de la victoria Juan Manuel Santos reiteró su propuesta de paz con justicia y prometió de todo y a todos. Sin embargo habrá que ver hasta dónde puede conservar el orden en su medio campo y en la zaga pues no parece que el consenso vaya más allá de acallar, al fin, el sonido de las armas.

Mientras continuará el juego sucio del bando de Álvaro Uribe, con bastantes entradas rudas y faltas por la espalda dignas de tarjetas amarillas ¡y hasta rojas!. El escándalo por las escuchas ilegales a los negociadores en La Habana podría ser apenas el anuncio de lo por venir.

Probablemente los dos años venideros serán decisivos por varias razones. A priori porque el electorado que movilizó tras su propuesta de paz comenzará a desesperarse si los resultados no llegan. Eso sin contar que el abstencionismo sigue siendo el Partido más votado todavía en Colombia.

Además en este minuto no sabemos qué presidente estará en la Casa Blanca en enero de 2017. Un factor a considerar en serio, no solo porque la presencia de EE.UU es inobjetable a través de sus bases militares dentro del país, sino porque el apoyo tácito de Washington a su propuesta podría terminar si llega a la Oficina Oval un representante todavía más a la derecha de Obama y que podría insuflarle ánimos y recursos al camino de la guerra.

De continuar los acontecimientos como Santos espera le tocará lidiar con las causas sociales de la guerra… ¡sin guerra! porque las razones de su desencadenamiento no terminarán con la eventual desmovilización de los guerrilleros. Entre otras cosas porque ellos no solo los únicos que aprietan el gatillo en Colombia y porque el campo colombiano es hoy tan o más desigual que cuando Manuel Marulanda se alzó con los liberales a inicios de los 60.

Ahora el balón vuelve a estar en el centro del campo y el presidente reelecto insiste en que esta “no es la paz de Santos” sino la paz de todos. Esperemos que tenga razón para bien de la vida de sus compatriotas y la estabilidad de toda la región.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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