Posted by : Unknown lunes, 22 de septiembre de 2014

Las órdenes de una agradable pero estricta oftalmóloga me lanzaron a la oscuridad y el ostracismo sanitario por una semana. Salvo mi madre, que las hizo de “carcelera” trayéndome la comida tres veces al día, el “ring ring” del teléfono con sus mensajes de aliento y los besito al aire de mi Isa a través de la ventana, todo fue penumbras. La prescripción médica aconsejaba el aislamiento así que mi ya veterano radio me salvó de la desesperación.

Habitualmente ubicamos a las emisoras no por su frecuencia, sino por el lugar en que las encontramos con el dial. Desde luego en cada lugar de Cuba es diferente pero sigue siendo tan común como dar una dirección no por el nombre de la calle sino por indicaciones como “dobla por aquí o sigue por allá”.

En mi radio de izquierda a derecha (y en la FM) primero está Radio Taíno, más allá Reloj, apretadita por Rebelde: Habana Radio, luego CMBF antes de llegar a Radio Progreso y al final Radio Victoria, la estación provincial de Las Tunas.

De plano opté por eludir los programas musicales pues necesitaba voces diferentes a la  de mis pensamientos para romper con la soledad obligada.  Afortunadamente “La Onda de la alegría” sigue siendo la estación por excelencia de los dramatizados radiofónicos. Entonces volví a los años 90.

En esa época no había series de televisión, ni DVD`s, ni computadoras. Crecí  escuchando las radionovelas matutinas y vespertinas, influido por la costumbre de mi abuela de oírlas a través de un vetusto aparato marca “Agrícola” anterior a la zafra de los 10 millones. Retorné entonces a Tu novela de Amor, Clave 830, Así se forjó la patria, La Gran Aventura de la humanidad, La Novela de las 2, Novela cubana y Estudio 4, por mencionar algunos. Dos décadas después la presentación de cada uno de esos espacios es la misma que recordaba, como si no hubiera pasado el tiempo.

Ora en la voz gutural de Marlon Alarcón Santana, ora con la de otros de los narradores anduve entre los amores en La Habana de los años 40, la vida de Laura Martínez de Carvajal (la primera cubana que se graduó de medicina), la biografía de Malcom X, los convencionalismos sociales en el pobladito español de Badajoz allá por los 50 y conocí a Yaser un cubano mujeriego de la contemporaneidad quien acabó de enterarse de que tiene una hija de 4 años.

Escuchar una novela de la radio suele ser parecerse mucho a leerse un buen libro solo que en su caso los diálogos, los sonidos y efectos llegan por el oído dejándonos imaginar los lugares, los olores, los rostros. Así quedé medio enganchado con la Ronda de los Asesinos de Agente Especial, el policíaco que acompañó mis cenas; disfruté el radioteatro dominical con El Rey se divierte  de Víctor Hugo y hasta puede que extrañe el gracioso acento del torero Juan Gallardo de las Noches de Novela

Por el camino noté que a los realizadores les parece válida toda música para tratar de ambientar sus obras, aunque a veces a uno le choque escuchar un tema de Buena Fe sobre el miedo usado como transición, o se tope con la banda sonora de Game of Thrones cerrando unas Aventuras de la tarde sobre Rali, un niño búlgaro empeñado en salvar a su hermano Lucan de las garras de los turcos a finales de los siglo XIX.
Para el olvido quedan los devaneos nocturnos de cierto comentarista de béisbol que ya vio pasar sus mejores días, si es que los tuvo alguna vez; y como nota al pie, la confirmación de que mucha de la narración deportiva en Tele Rebelde está tan cercana a la radio que con oírla es suficiente.

El más agradable de los descubrimientos fue Habana Radio. La primera sorpresa fue una versión sui géneris del clásico Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde que combina el estilo habitual de los dramatizados radiales con la lectura directa del texto; la otra, la Columna del historiador donde disfruté la oratoria de Eusebio Leal, esta vez dedicada a el recientemente fallecido arquitecto Mario Coyula.

En el apartado de los buenos sabores también ubico a De cierta manera escrito, conducido y dirigido por Luciano Castillo que, como su similar de la TV, se especializa en el cine cubano. La casualidad quiso que escuchara el programa que Castillo le dedicó a la labor de Leo Brower uno de los autores más importantes en la historia de las bandas sonoras para séptimo arte en este Archipiélago.

Otros viejos conocidos también hicieron lo suyo rompiendo la monotonía de quien debía permanecer con los ojos cerrados la mayor parte del tiempo. Fue el caso de Haciendo Radio dando una idea de por dónde andará al agenda diaria de los medios en el país; De Mañana, el magazine de Radio Taíno; Hablando Claro, el mejor, creo, programa de opinión radiofónica de Cuba y Panorama Deportivo donde hacen lo que pueden para informar en tiempo real a la ávida audiencia doméstica.

Obviamente ahora mi radio no tiene la ventaja transitoria de los días de encierro voluntario, pero tampoco perderá del todo el encanto de ser la voz que te habla o canta mientras haces otra cosa.

One Response so far.

  1. Y si te pesca la madrugada, no te pierdas en Radio Progreso El Club de la madrugada, buena música y mejor conducción! Yo soy radio dependiente, sobre todo en la madrugada que esta menos movida la música... Y de comentaristas deportivos no hablemos, porque me da terepera

En 280 caracteres...

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