Posted by : István Ojeda Bello jueves, 18 de diciembre de 2014



A Eduardo Dimas que no vivió para
comentar un suceso trascendental como este y que seguro me daría muchos consejos .
 
En medio de un rutinario ejercicio en una clase de Psicología que se nos ordenara escribir una noticia sobre un suceso increíble, a una entrañable amiga, de esas que tienen un lugar inamovible en mi corazón, se le ocurrió redactar la suya "informando" la visita a Cuba de un presidente de los Estados Unidos. Hace más 10 años en medio del aula universitaria su idea parecía más cercana a los caminos obvios escogidos por otros como fabular sobre aterrizajes de naves extraterrestres y cosas por el estilo. Sin embargo escuchar al secretario de Estado norteamericano John Kerry manifestar sus intenciones devisitar Cuba, hacen que lo escrito por ella, suene ahora como una premonición.

Desde este 17 de diciembre a los cubanos se nos llenó un poquito más el alma con el regreso de tres de los nuestros (Antonio, Gerardo yRamón)  y sin ellos aquí era como si nos faltara un pedacito a cada uno de nosotros. La noticia no llegó  sola, como era de esperarse, vino acompañada del anuncio, casi simultáneo desde La Habana y Washington del inicio de un proceso hacia el restablecimiento de las relaciones bilaterales.

¿Qué es posible sacar en limpio de este día histórico?
A priori subrayemos que, por fin, Washington entendió que para avanzar en las negociaciones con la Revolución Cubana debía, solucionar primero el tema de Los Cinco. Esto no fue asunto de 24 horas; hizo falta antes que René González cumpliera íntegramente su condena y viviera el tortuoso período de libertad supervisada, y luego Fernando González pasara todos y cada uno de los días en prisión decretados por la jueza Lenard.  

Este, unido al caso del contratista Allan Gross, juzgado aquí era un punto crítico que tuvo la solución anticipada: desde la rama ejecutiva de ambos gobiernos. Se nos presenta un panorama que suscita muchas expectativas pero, creo, debe asumirse con cautela.

La experiencia de procesos negociadores anteriores, concretamente el llevado a cabo durante la administración Carter y en menor grado durante el gobierno de William Clinton, demuestran que cada una de las partes tiene sus propias prioridades y la agenda está llena de asuntos sumamente complejos.

De frente ahora están los pasos comparativamente más sencillos relajando las tensiones a través de una ruta ya hecha pública por el propio presidente Obama en su alocución del 17 de diciembre.

Tras el ascenso de las actuales secciones de intereses al rango de embajadas en ambas capitales y las visitas de alto nivel vendrán, dijo Obama, enmiendas a las actuales normas de los departamentos del Tesoro y Comercio en la dirección de incrementar las remesas y los viajes a Cuba, así como las transacciones financieras y comercio bilaterales. Estados Unidos, además, retiraría a nuestro país de la lista de gobiernos patrocinadores del terrorismo y facilitaría la entrada en el mercado cubano de las empresas estadounidenses especializadas en telecomunicaciones. Todo con el declarado objetivo de incentivar el sector privado dentro de la economía cubana, por mencionar una de sus prioridades.

Nótese que la Casa Blanca ha tenido la valentía, admitámoslo, de echar mano a las prerrogativas ejecutivas a su disposición para forzar un cambio que juzgan como impostergable en su tradicional política de confrontación hacia este Archipiélago.  Es un riesgo calculado y como anticipara The New York Times en uno de sus editoriales han llegado al convencimiento de que podrán lidiar con la oposición de los representantes de la línea más reacia dentro del gobierno como en el Congreso.

Mucho más atrás en la sucesión de asuntos por discutir están el núcleo duro del bloqueo codificado en las Leyes Torricelli y Helms-Burton, escollo por vencer si se quiere llegar puntos sensibles como la indemnización a las empresas estadounidenses cuyas propiedades fueron nacionalizadas por la Revolución o a discutir el status de la base naval de Guantánamo.

Tanto el discurso de Obama como la alocución del presidente de los consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército, Raúl Castro, corroboraron que los principios básicos de las políticas exteriores de ambos países permanecen inamovibles. EE.UU. está cambiando porque ha visto que décadas de confrontación no ha podido volver regir los destinos de la sociedad cubana como hacía hasta 1959; por su parte nuestro país mantiene su firmeza de no ceder en su legítimo derecho a la autodeterminación para complacer los deseos de esta o cualquier otra administración yanqui.

Se avecina, sí, una etapa que podría resultar mejor para todos, porque el diálogo siempre será mejor que la hostilidad manifiesta, mas no estamos frente a un proceso irreversible ni mucho menos. Apenas entramos a escenarios nuevos. Para Cuba el de la posibilidad cierta de encontrar un modus vivendi con un enemigo histórico que se muestra conciliador, aunque no la misma determinación de imponerle sus decisiones; y para Estados Unidos el de explorar variantes nuevas a un problema que evalúan demasiado dilatado, pero que igual esperarán resultados concretos a mediano o largo plazo, de lo contrario podrían detener o retrotraer lo hecho.

One Response so far.

  1. Anónimo says:

    asi es ojeda no se pued confiar en el ni un poquito asi con pasos seguros y con esperanza

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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