Posted by : István Ojeda Bello martes, 16 de diciembre de 2014



Pasados los días aún están frescas las huellas de la visita a Cuba de Ernesto Londoño*, editorialista de temas cubanos en The New York Times. Su estancia aquí generó todo tipo de reacciones: desde el juicio escrutador hasta los más furibundos ataques pasando por las opiniones más o  menos certeras y algún que otro “deslumbramiento”.

Mientras la prensa alineada con la más rancia tradición anticubana en Miami lo calificaba de “turista político”, hubo hasta quien se atrevió a comparar los 15 días en este Archipiélago del periodista de origen colombiano con la hecha por Herbert Matthews a mediados del siglo pasado. 

Salvando las obvias distancias pocos de los comentaristas de la realidad doméstica pudimos sustraernos a seguir con atención su visita; especialmente porque llegó precedido de una ofensiva comunicacional jamás vista desde el Times neoyorquino para dejar bien establecida su inconformidad con la tradicional postura  confrontacionista de Washington hacia La Habana. 

En un calculado gesto Londoño inauguró su agenda en suelo antillano recorriendo la redacción del periódico Granma. Desde la distancia, se notó el intercambio como tenso, no al punto de la tirantez, pero sí con ambos bandos pensando bien cada palabra, cada gesto. 

“Fue un diálogo diáfano, -comentó la titular de la redacciónnacional del principal diario cubano- aunque se sabe que entre periodistas las conversaciones siempre están acompañadas de esa especie de termómetros personales o instintos, como quieran llamarles, con los que constantemente estamos evaluando a nuestro interlocutor”. 

Sin embargo el visitante marcó distancias rápidamente haciendo notar que no fue un encuentro entre amigos. Desde su cuenta en twitter dijo: “Durante la visita de Granma, me di cuenta de lo mucho que valoro nuestra capacidad de criticar y cuestionar a nuestros líderes”. O sea que no se trató de un camarada de visita sino simple y llanamente de alguien que llegó para reafirmarse en sus ideas ya preconsevidas sobre el periodismo cubano; y cuyas opiniones lo acercan coyunturalmente a los puntos de vista de Cuba en lo referente al sentido que es la existencia del bloqueo.

Tampoco asombraron sus contactos con algunos de los blogueros cubanos, ya bien en espacios colectivos como lo fue en la celebración del quinto aniversario del blog de Paquito o de manera individual. De este último dijo Carlos Alberto Pérez autor de la bitácora personal Chiringadecuba: “Particularmente me sorprendió su juventud, pero en muy poco tiempo entendí por qué ha sido precisamente él, el escogido para escribir los polémicos editoriales que llaman al gobierno norteamericano a eliminar el bloqueo y normalizar las relaciones con Cuba”. 

“Hubo muy buena conexión profesional, así que quedamos en seguir trabajando para proyectos futuros. Entre otras cosas le agradecí en nombre del pueblo cubano la posición de su periódico y su particular esfuerzo en un caso tan especial como este. Llegamos a la conclusión de que falta aún mucho por escribir, y por hacer” agregó.

Muy reveladora resultó su paso por la sede de Oncuba, una web ilustrativa de la diversidad ya palpable en el concierto mediático cubano. Ante la reportera dedicho medio, Londoño mantuvo el mismo discurso dicho ante otros interlocutores sobre el porqué se han extendido en el tema Cuba en los últimos meses. 

The New York Times –insistió- tiene interés en expandir sus audiencias y este es uno de los mecanismos para atraer más lectores fuera de Estados Unidos, nos dio una idea de cómo podemos expandirnos en la región publicando esta serie en español e inglés. Pero no es que alguien del gobierno, ni ninguna persona con interés de lobby nos haya puesto el tema. Surgió de forma espontánea, orgánica, y ha generado mucho interés, mucho debate y sentimos que podemos seguir alimentando este proceso”.

A estas alturas esos argumentos siguen siendo creíbles pero sólo como la cobertura de intensiones mayores. Quien haya estudiado un poquito la historia de ese diario lo sabe muy vinculado a los círculos de conformación de la política exterior, tanto dentro, como fuera del gobierno norteamericano. 

Baste recordar la célebre solicitud hecha por el presidente John F. Kennedy el 20 y 21 de octubre de 1962, al editor jefe y director del NYTimes Turner Catledge y Orvil Dryfoos, respectivamente,  de no publicar los reportajes ya listos sobre la instalación de misiles en Cuba. Recuérdese que en esos instantes en el Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU. se debatía sobre qué pasos seguir tras conocer, desde el 16 de octubre de 1962, que la URSS había instalados pryectiles nucleares en la mayor isla de Las Antillas.

“Estamos en una posición de ofrecer propuestas, ideas, abordar temas que puedan fomentar un diálogo constructivo, interesante, y puedan poner este tema en un nivel más alto en el radar”, le expuso Londoño a OnCuba.

Igual de reveladora fue su particular interacción con los representativos de los medios financiados por el gobierno norteamericano como es el caso de 14ymedio. Si primero él trató de no hacerse ver con ellos más tarde le sirvió, al decir de Milena Recio desde Progreso Semanal, como una especie de amplificador de un engendro que hasta ahora le está dando muchos gastos a Washington pero poquísimos resultados pues carece de credibilidad entre sus clientes habituales de la prensa extranjera acreditada en suelo cubano. 

Tanto esa paulatina familiaridad con 14… como su creciente distanciamiento de Granma serían señales de que Londoño no fue todo lo “independiente” que afirmó ser a la hora de establecer su itinerario aquí. Igual quien le reclamara por eso o esperara alguna declaración solidaria de su parte hacia la Revolución Cubana  estaría pidiéndole peras al olmo y mostraría un nefasto  e innecesario rostro de intolerancia desde la izquierda que solo conseguiría la mofa de un aliado potencial.

Si es posible sacar algo en claro de la visita de Ernesto Londoño a Cuba es que la visión que TheNew York Times dará a partir de ahora sobre la realidad cubana tendrá mucho de la experiencia y/o vínculos que su editor encargado dejó en aquí. Solo el tiempo dirá qué tanto eso realmente podrá influir o no en la política de Washington hacia este Archipiélago.

NOTAS


* Nacido en Bogotá Colombia Ernesto Londoño se mudó para Estados Unidos en 1999 y cursó estudios de Periodismo y sobre América Latina en la Universidad de Miami. En los inicios de su carrera trabajó para The Dallas Morning News. Se unió al equipo editorial de NYTimes en septiembre de 2014. Antes cubrió las noticias relacionadas con el Pentágono para The Washington Post. Entre 2008 y 2012 reportó para el Post desde Afganistán e Irak.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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