Posted by : István Ojeda Bello viernes, 1 de enero de 2016


Ahora mismo Cuba puede preciarse de estar muy acompañada. Y no se trata de la perenne solidaridad de los pueblos de los cinco continentes sino de ese apoyo sujeto a tantos vaivenes como lo es de los gobiernos extranjeros que mucho influyen en los hilos de la política internacional. Ese respaldo, sujeto a no pocos pragmatismos fue más que evidente en el 2015, aunque el 2016 se presenta con serios desafíos en este ámbito.

Como era de esperarse el progreso en las negociaciones con los Estados Unidos tuvo repercusiones importantes en otros frentes de las relaciones internacionales de este Archipiélago. Sin contar los recorridos hechos por los representativos de las relaciones exteriores cubanas por varios puntos del orbe, durante este año se produjo un verdadero desfile por La Habana de presidentes, primeros ministros, titulares de parlamentos así como de funcionarios de mayor o menor rango de disímiles naciones del mundo.

Ciertamente algunas estancias eran previsibles teniendo en cuenta la calidez de los nexos con los anfitriones: son los casos de los mandatarios de Vietnam, Laos, Cabo Verde, Namibia, Argentina, Bolivia y Venezuela. Otros sucesos se interpretan más atenidos al prestigio e importancia de Cuba en la región como lo fue la vista a México del presidente Raúl Castro, así como el paso por aquí de los estadistas de Panamá, el Salvador y Costa Rica, sin olvidar al canciller chileno.

El inusitado interés en el restablecimiento de los vínculos diplomáticos con los Estados Unidos fue más que notorio. Así, por ejemplo, vimos pasearse por las calles habaneras por primera vez a un presidente de Francia, a su homólogo turco elogiar la belleza del Palacio de la Revolución, a un premier italiano dar una carrera matutina por el malecón capitalino o al primer ministro de Singapur recorrer la Zona Especial de Desarrollo Mariel.

En Europa impactaron fuertemente las olas del tsunami político que significó el 17 de diciembre del 2014, acentuándose el declive de la hostil Posición Común hacia la Revolución Cubana. Dicho consenso ya estaba siendo abandonado unilateralmente por la mayoría de los gobiernos del Viejo Continente; pero el giro de timón en Washington puso a correr a muchos en Bruselas y avanzaron significativamente las conversaciones entre las autoridades cubanas y el Bloque regional.

En una jugada de oportunismo económico en el mejor sentido de la palabra, Austria, Australia, Bélgica, Reino Unido, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Italia, Japón, Holanda, España, Suecia y Suiza acordaron aliviar en cuantías considerables la deuda cubana que en la práctica solo entorpecía las posibilidades de inversiones de sus empresas. Otros actores de peso como Rusia y China que ya habían hecho algo similar en años anteriores, mantuvieron su apuesta por nuestro mercado mediante la concertación de nuevos proyectos en sectores claves como el turismo, la biotecnología, energía e infraestructura.

De un fortísimo impacto para el prestigio de la nación tuvo la visita del Papa Francisco, cuyas declaraciones implícitamente condenatorias del bloqueo estadounidense antecedieron al mazazo que dicha guerra económica sufriría luego en la Asamblea General de las Naciones Unidas, foro que parece haber desterrado las abstenciones a una política, no ya fallida, sino por sobre todas las cosas inmoral.

Igualmente el rol antillano en el entorno más cercano se vio robustecido por los avances en las negociaciones de paz en Colombia en las cuales La Habana es mucho más que una sede. Cada nuevo paso dado allí en pos de terminar con la guerra dice mucho de la capacidad negociadora cubana, aspecto que indudablemente se tiene en cuenta en otros foros más complejos como lo son las pláticas directas con Washington.

Empero el repunte de la derecha en aliado claves como Venezuela y Argentina, la caída de los precios de la materias primas y las subsiguientes interrogantes que presentan a futuro los mercados internacionales plantean cruciales retos para el futuro de la nación y ciertamente pondrán a prueba la pericia de los estrategas domésticos. De la evolución de esos factores y de cómo la Revolución Cubana se capaz de continuar siendo consecuente con principios históricos de su política exterior como la autodeterminación, la solidaridad con los amigos y el respeto a los compromisos de cooperación, dependerá mucho que continuemos tan acompañados como lo estamos hoy.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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